Celebramos por todo lo alto el Año Dual México-Brasil. Era sin buscarlo, una asignatura pendiente. Era sin pretenderlo, una oportunidad extraordinaria, como lo ha sido. Desde que México adoptó la idea de los años duales, se han potenciado en cada oportunidad, relaciones bilaterales clave de la diplomacia y los intereses mexicanos.
Ahora, ha tocado el turno a Brasil y ha sido oportuno, pues entraba el gobierno Lula e iba de salida el de López Obrador, formulándose así un ¡ahora o nunca! Y ha podido ser en este año.
Un momento único para refrendar la amistad profunda entre ambos países, que, en efecto, se buscan y se interiorizan. Y no por ello dejan de ser rivales. Me trae esta cercanía con Brasil, bonitos recuerdos, como mi viaje a Brasil con motivo de los Juegos Olímpicos de Río. Fue emocionante cuando ingresó la delegación olímpica mexicana al Maracaná, con solo anunciarse, estallando el aplauso atronador y la ovación que fueron espontáneos y totales, en franca reciprocidad a ocasiones en que Brasil se lleva la ovación mexicana. Muestras de una relación estrecha.
Se puede caer fácilmente en espacios comunes, por ello cabe abreviar. Hay una larga tradición de cercanía, hay afabilidad entre los pueblos y cada país ha defendido sus agendas y sus intereses. Sí, en la actualidad hay sintonía entre López Obrador y Lula, pero cada cual reserva para sí parte de sus agendas, es decir, no se comparten ni todas las metas ni todos los modos. En temas de convergencia pueden ser una piña y eso es valioso. Venezuela es un buen ejemplo. Y el acuerdo prevaleciente entre ambos países es destacable en la región latinoamericana.
Las cifras comerciales bilaterales son ascendentes, con balanzas comerciales fluctuantes, eso sí. De momento, es favorable la bilateral a Brasil, en cierta medida por la compra de aviones por parte de México para equipar la renacida aerolínea Mexicana de Aviación. El inicio del programa de libre comercio automotriz que ha sido complejo en un ánimo de economías competitivas y complementarias, reiniciado desde julio de 2023, ha potenciado el intercambio entre ambos países.
La sintonía existente en estos momentos –luego de ignorarse mutuamente ambos gobiernos, porque ya se sabe, Bolsonaro es un arquetipo peculiar y López Obrador no vende piñas– ha llevado en la actualidad a retomar asuntos y a plantear el tema serio de las visas; la presión estadounidense sobre México para frenar el flujo migratorio desde Sudamérica ha conducido a imponerle visa a varios países, Brasil incluido. Con lo tortuoso que resultó quitarse mutuamente visados, ahora habrá una visa electrónica turística que promete diferenciar casos y no entorpecer el tránsito de personas que por finalidades e intenciones son diferenciables.
Ambos países han impulsado este año dual poniendo el acento en el rico y profundo intercambio cultural, que ciertamente, acerca más a ambos pueblos. La agenda mexicana ha incorporado desde programas de televisión a designar a Brasil como país invitado al Festival Internacional Cervantino, a donde promete acudir con 19 compañías artísticas. Un despliegue encomiable.
Con la valiosa oportunidad de asistir a la recepción ofrecida por la embajada de Brasil en México, efectuada con motivo del 202 aniversario de la independencia brasileña, saludando de mano a su excelencia el embajador Fernando E. de Lins de Salvo Coimbra, resultó muy grato departir constatando la afabilidad y proximidad de ambos países, congratulándome de ello siendo dos entidades clave del contexto iberoamericano. ¡Enhorabuena! por este entendimiento que celebro como carioca amante de Río, cual considero, añado un efusivo muito obrigado! por la oportunidad de asistir a esta fiesta de carácter diplomático. Todo aderezado y no lo dejo con la duda, por tequila en granizado de tamarindo o limón y caipiriñas de frutos rojos (del bosque). Derroche de exquisitez.