Pilar Cernuda es una de las periodistas de más sólido prestigio de nuestro país, fundamentado en su rigor, su curiosidad y profesionalidad, porque han sido muchos los años en los que su pluma y su palabra ha acertado a describir un suceso, a justificar un acontecimiento, a relatar la trama que había detrás de una decisión, y a definir con objetividad la personalidad de los políticos y las personalidades que se han cruzado en su apasionante relato vital. Por ello, la lectura de este Lo que yo recuerdo es en verdad un ejercicio de memoria compartida pues el lector encontrara en estas 400 páginas su propia vivencia.
En Lo que yo recuerdo Pilar Cernuda evoca sus muchos años de ejercicio profesional, que le han llevado a recorrer medio mundo, a conocer a personalidades muy destacadas de la reciente historia de España, y de otros muchos países y valorar con criterio episodios muy destacados de nuestra reciente vida. Por ello, como coetáneo de esos acontecimientos y contemporáneo amistoso de sus vivencias, quiero resaltar dos testimonios de sus páginas que ilustrarán al lector de su testimonio. Dice Pilar en la página 398: “Los políticos de la Transición y los siguientes a los que conocí muy de cerca, como todos los periodistas de aquella época eran personas que pensaban en su país y en su gente, que se prepararon para asumir sus responsabilidades, que demostraron una generosidad infinita al renunciar a sus objetivos políticos para sumarse a unos objetivos comunes. A esos objetivos dedicaron todo su esfuerzo socialistas, democristianos, centristas, comunistas, la derecha, los liberales, nacionalistas y dirigentes de muy distinta ideologías y trayectorias profesionales”.
A este párrafo sigue otra evocación: “Fue una aventura formidable, irrepetible, que empezó a torcerse cuando José Luis Rodríguez Zapatero ganó por un estrecho margen un congreso del PSOE en el que no se votó a favor de un candidato sino en contra de quien tenía más papeles para serlo”.
Y como conclusión política y personal de cuanto Pilar Cernuda ha afirmado en esos dos párrafos, en la página 399 ella concluye con rotundidad: “Somos muchos los que pensamos que Pedro Sánchez es el peor presidente que ha tenido España porque su falta de principios hace muy difícil que Alberto Núñez Feijoo o cualquier otro candidato que no pertenezca al círculo sanchista pueda convertirse en presidente del Gobierno”.
Confiesa Pilar Cernuda en el prólogo, que este libro no es un libro de memorias sino de recuerdos, y el enunciado de algunos de sus capítulos acreditarían ya el interés de sus experiencias, de las que yo destaco su pasión por Israel y el conflicto que le afecta y que ella ha conseguido conocer gracias a fuentes muy relevantes; otro capítulo atractivo es el que revela que “la unión hace la fuerza” en el que evoca el colectivo de mujeres periodistas que se unieron para concebir los “Desayunos del Ritz”, desayunos informativos que fueron decisivos para que la relación entre los medios y los personajes de la vida pública fluyeran de forma cordial y cómplice hasta que la vulneración de una acuerdo entre ellas frustró esa iniciativa. También dedica Pilar Cernuda mucho espacio a recordar su paso por las agencias de noticias de las que ha formado parte, Colpisa, Lid y Fax Press, de las de que soy testigo, y en ese recorrido es muy sugerente su cita a la fuerte personalidad de Manu Leguineche por citar a quien todos recordamos con admiración.
Como coetáneo de muchas de sus peripecias y testigo de alguno de sus viajes quiero significar el muy justo reconocimiento a la figura del presidente Leopoldo Calvo Sotelo, afirmando en la página 329: “Los españoles hemos sido injustos con Leopoldo”, y, por supuesto, recoger el testimonio de su admiración por las iniciativas que Su Majestad Juan Carlos I llevó a cabo para que España fuera una democracia. En estas páginas hay muchas confidencias que han sido decisivas en la formulación de objetivos y decisiones políticas de primer nivel.
Con su acreditada bonhomía, Cernuda cuenta cientos de anécdotas y peripecias de los muchos relevantes periodistas que ha conocido en su paso por las agencias de noticias, las televisiones y las emisoras de radio, y con ella me congratulo de los recuerdos tan sinceros a periodistas como José Oneto, Jesús Picatoste, Fernando Jauregui, Julia Navarro, Fernando Ónega, Mariano Guindal, José Ramón Verano, Antonio Casado, Carlos Dávila, Julián Barriga, entre otros muchos, algunos de los cuales integraron el pujante Grupo Crónica, que logró concitar la diversidad ideológica en un sector profesional no exento de recelos.
En conclusión, Pilar Cernuda ha escrito un libro que busca con amenidad la complicidad histórica con el lector, acredita su discreción y su gran oficio para ser privilegiada testigo y confidente de muchos de los acontecimientos más trascendentes de nuestra historia reciente y de los personajes públicos que los protagonizaron. Y como confiesa con sencillez y humildad: “Este libro no es una despedida de la profesión. Ni de la profesión ni de nada. Sigo, en todo, al pie del cañón. Mientras el cuerpo aguante, sienta pasión por el oficio y mis jefes sigan confiando en mí, estaré, como siempre, detrás de la noticia”. Que así sea.