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Novela

Julia Navarro: El niño que perdió la guerra

domingo 15 de septiembre de 2024, 18:44h
Julia Navarro: El niño que perdió la guerra

Plaza & Janés. Barcelona, 2024. 640 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Ángela Pérez

Tras derrocar al régimen zarista, la Revolución de 1917 en Rusia prometió instaurar el paraíso en la tierra. Pero la realidad fue muy distinta. Los bolcheviques finiquitaron cualquier atisbo de libertad, convirtieron el país en un infierno, lo llenaron de los terribles gulags, poblándolos de todo aquel no solo desafecto al comunismo, sino de quien no fuera fidelísimo y decidido entusiasta. Precisamente a un gulag va a parar Anya, una de las protagonistas de El niño que perdió la guerra, de Julia Navarro, uno de los títulos más esperados en la nueva temporada editorial que acaba de comenzar.

Anya Petrova es una mujer sensible con alma de artista. Toca el piano, que en la novela adquiere un carácter simbólico de resistencia, y escribe poemas, aunque no puede publicarlos, pues no se amoldan a las consignas decretadas por el Kremlin -seguidas a rajatabla por la Unión de Escritores Soviéticos, que ejercía la censura ante cualquier “desviación”-, y son catalogados como “burgueses”. Como se calificaba la producción de grandes creadores: Marina Tsvetáieva, Anna Ajmátova, Borís Pasternak -magistral la obra de Ísmail Kadaré, Tres minutos, donde explora la llamada de Stalin al autor de Doctor Zhivago-, Ósip Mandelshtam, Isaak Bábel…, que asoman por las páginas de El niño que perdió la guerra y que despiertan la admiración de Anya Petrova, a la que se nos presenta en el arranque de la novela recitando en voz baja unos versos de la enorme poeta Anna Ajmátova. Anya Petrova está casada con Borís Petrov, un heroico militar del Ejército ruso y convencido del credo comunista, lo que provoca, pese al amor que se profesan, no poco conflicto entre ambos. Porque «Anya no era feliz, se ahogaba, no soportaba reprimir sus opiniones […]. Anya no asumía que la Unión Soviética estaba construyendo al “hombre nuevo”».

La otra protagonista es Clotilde Sanz, que vive los estertores de la II República y la Guerra Civil española y la dictadura franquista. Clotilde es, como Anya, artista. En este caso, realiza excelentes caricaturas y está casada con Agustín, militante comunista que trabaja con Borís Petrov, destinado en España. Y, como le sucede a Anya con el régimen soviético, Clotilde abomina del impuesto en España tras la contienda, y en determinado momento sufrirá la cárcel franquista.

Anya y Clotilde nunca llegan a conocerse, pero les une un fuerte nexo: el pequeño Pablo, hijo de la segunda, pero a quien cuidará y educará la primera en Moscú, como si se tratara de su propio hijo, Ígor, fruto de su matrimonio con Borís Petrov. A Moscú ha llegado Pablo, un “niño de la guerra”, de la mano de Borís Petrov, tras el ruego de su camarada Agustín de que le lleve a la URSS, donde, según él, podrá tener un futuro mejor, y la que que tiene pensado que en cuenta pudieran se trasladarían él y su mujer Clotilde.

Julia Navarro ha contado con el favor de los lectores desde que publicó su primera novela, La Hermandad de la Sábana Santa, a la que siguieron Dime quién soy, Dispara, yo ya estoy muerto, y Tú no matarás, entre otras. Ahora, en El niño que perdió la guerra, nos propone una lograda trama, repleta de peripecias, y de magníficos personajes, sobre todo sus dos protagonistas femeninas, mujeres valerosas y resilientes, que no quieren abdicar de la libertad, rechazan el totalitarismo, sea cual sea, y defienden la cultura, aun en las más aciagas situaciones, en este caso el estalinismo y el franquismo. Una historia que se lee con fruición y en la que con pericia Julia Navarro sabe trasmitirnos cómo la Historia, con mayúscula, se refleja en vidas concretas y condiciona el discurrir cotidiano, y, con acierto, explora las distintas reacciones que pueden adoptarse.

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