El fiscal suizo de izquierda radical, Yves Bertossa, investigó, sin que le condicionara...
Escrito por el académico Luis María Anson, este artículo apareció en el diario La Razón y fue reproducido íntegramente por Google que lo difundió a todo el mundo. Las redes sociales y varios canales de televisión se hicieron eco de su contenido. Lo reproducimos a continuación.
El fiscal suizo de izquierda radical, Yves Bertossa, investigó, sin que le condicionara la inviolabilidad, más de treinta años de la actividad de Juan Carlos I y concluyó que no existía el menor indicio de delito. La fiscal española de extrema izquierda, Dolores Delgado, desmenuzó a Don Juan Carlos entre 2014 y 2022, cuando no mediaba la inviolabilidad, y llegó a la misma conclusión.
A la muerte en 1975 del dictador Franco, Juan Carlos I recibió los poderes todos de la dictadura y a todos renunció para hacer posible, gracias sobre todo a la colaboración de Fernández-Miranda, la democracia pluralista plena, conforme a lo que su padre Don Juan defendió siempre desde el exilio. La función sustancial de la Monarquía -afirmó en reiteradas ocasiones- consiste en devolver al pueblo español la soberanía nacional secuestrada en 1939 por el Ejército vencedor de la guerra incivil.
Durante casi cuarenta años Juan Carlos I defendió de forma incansable los derechos del pueblo español y los intereses de España en el mundo. En 1981, en marcha un golpe de Estado, se puso su uniforme de capitán general de los Ejércitos y ordenó a los militares sublevados que regresaran a sus cuarteles salvando así para España la democracia y la libertad.
Robusteció internacionalmente la imagen de nuestra nación y pronunció discursos ante el Parlamento británico y ante la Duma de la Unión Soviética; ante el Congreso de los Estados Unidos de América y ante la Asamblea de la China comunista. Consiguió que se hiciera habitual, incluso entre los republicanos, esta afirmación: “Yo soy juancarlista”. Y bien. Yo no soy ni juancarlista ni juanista ni felipista. Soy monárquico porque las Monarquías democráticas -Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Inglaterra, Australia, Nueva Zelanda, España, Canadá, Japón…- se encuentran entre los países políticamente más libres del mundo, socialmente más justos, económicamente más desarrollados, culturalmente más progresistas.
En una cena que la agencia Efe ofreció en Roma a Sandro Pertini, presidente de la República de Italia, nos dijo: “Si hubiera un problema internacional a resolver por arbitraje, todos estaríamos de acuerdo en que Don Juan Carlos fuera el árbitro”. Al margen de sus errores -y todos los cometemos- varios historiadores de máximo prestigio consideran que Juan Carlos I ha encarnado uno de los cuatro grandes reinados de la Historia de España junto a los de Carlos I, Felipe II y Carlos III.