La diplomacia española, mejor dicho la Embajadora de España cerca de la Santa Sede, Isabel Celáa, ha actuado muy “presto” y a la orden de Moncloa, pues el inquilino del Palacio Presidencial necesitaba de una entrevista con el Papa para invitarle a viajar a Canarias y hacer así realidad el deseo expresado por FRANCISCO, que quería ver de cerca la triste realidad de los migrantes que llegan al archipiélago. Una buena excusa para esta “reunión de trabajo” y no visita de Estado, como la ha calificado Moncloa, y un respiro para Pedro Sánchez ante la grave situación interior que sufre su partido con el caso Ábalos.
Solo 35 minutos de conversación en el Biblioteca Apostólica del Palacio Apostólico en este segundo encuentro con el Papa, desde que Sánchez es Presidente, que además de la invitación a Canarias recibió otra: acudir a la Conferencia para el Desarrollo que se celebrará en Sevilla.
Sánchez ha salido con su sonrisa de siempre, pero con una cara de gran preocupación y con la mente, suponemos, puesta en lo que está sucediendo en España y sobre todo con lo que está saliendo de ese caso “Ábalos”, con la investigaciones de la UCO y con ese “bien” suyo tras una comunicación del exministro acerca de sus encuentros con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, pero sobre todo con unas críticas internas, que cada vez salen más a la luz dentro del propio partido socialista, que hacen perder los nervios a más de uno.
Este pasado viernes el Vaticano ha sido una balsa de aceite para Pedro Sánchez, que después ha vuelto a dar palos a la oposición cuando ha hablado de corrupción, en la intervención ante los periodistas, en la Real Academia de España en Roma, tras el encuentro con FRANCISCO.
Sánchez con su sonrisa forzada ha dicho “quien la hace la paga”. Cuidado Presidente que esa frase puede volverse en contra del que la pronuncia.
Pero el listo de Sánchez ha preferido hablar más de la situación internacional pues ha condenado “los ataques que está sufriendo las Naciones Unidas por parte de las fuerzas armadas de Israel”, que “nos recuerda la urgencia de que cese la espiral de violencia en Líbano, Gaza y Cisjordania, y podamos encontrar la vía diplomática para la resolución pacífica de los conflictos". Además ha contado a los informadores, que ha explicado al Pontífice la posición del Gobierno español, que se basa en “el respeto al derecho internacional humanitario, y nuestra firme condena a cualquier violación de ese derecho, sea en Gaza, en Cisjordania, en Ucrania, o más recientemente, en Líbano.
Sánchez, como decíamos, se ha ido a los temas internacionales, aunque la sonrisa se ha transformado en mueca en alguna de sus intervenciones ante los periodistas en Roma, pues el caso Ábalos le golpeaba, suponemos en la cabeza. De cualquier forma el Presidente no ha perdido el tiempo en el Vaticano pues tras la entrevista con el Papa, mantuvo un encuentro con el Secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, y con el Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, Paul Gallagher, en el que se plantearon, entre otras cuestiones, la “aplicación y desarrollo del informe y conclusiones del Defensor del Pueblo, sobre las recomendaciones en relación las víctimas de abusos sexuales de la Iglesia católica”, y el desarrollo de la ley de Memoria Democrática, con especial énfasis en “la resignificación del Valle de Cuelgamuros”.
Unas entrevistas que entran dentro de la normal en la visita de un Presidente del Gobierno al Vaticano, pero que suponemos que a Sánchez no le han hecho olvidar los graves problemas internos, aunque la maquinaria propagandista de Moncloa nos quiera presentar al Presidente, tras su entrevista con el Papa, como Pedro Sánchez “el bueno”, pero que tendrá que recordar sus palabras: “quien la hace la paga”.