Con Un hombre se inicia la reedición de la obra de Oriana Fallaci. Un sano ejercicio de recuerdo de una gran autora con una gran obra. La florentina Oriana Fallaci (1929-2006) fue una periodista y activista que recorrió el mundo reflexionando sobre lo que ocurría y haciéndonoslo entender. Primera mujer corresponsal de guerra fue pionera en muchas cosas; una de ellas, plantear dilemas, dar información, sin dar respuestas. Desde su feminismo, quizá fue la primera que se cuestionó la maternidad: que puso sobre la mesa las reflexiones para que nosotras las pensáramos. Porque además de su incesante labor periodística, acometió una gran tarea de escritora en libros que mantienen su vigencia.
Un hombre es una novela, también es una biografía muy periodística, a la vez que es una autobiografía. Un hombre es la historia del griego Alexandros Panagulis, uno de los activistas opositores a la Dictadura de los Coroneles, con quien mantuvo una relación amorosa de gran intensidad hasta la muerte de él.
El libro, salvo el prólogo en que la autora narra el reencuentro con su amado muerto y el sepelio, es una larga carta dirigida a él, Alekos, activista, político y también poeta. La última frase del prólogo cambia ya esa forma verbal: «Aquí está, y tú eres mi único interlocutor posible, allí, bajo tierra, mientras el reloj sin agujas señala el camino de la memoria».
Impresionante la retentiva de esta escritora, que reconstruye su historia con un detallismo y pulcritud sorprendentes. Con estructura de novela, cada parte (un prólogo y seis partes componen la obra) se dedica a una diferente etapa de su vida, siempre encabezada con sueños (como visiones) o leyendas.
La primera parte, la más extensa, narra el intento de asesinato de Papadópoulos que le llevó a prisión, justo hasta el día antes de que se conocieran, cuando Fallaci, como periodista, le realizó una entrevista: «Este era el hombre al que, finalmente, conocí al día siguiente, para chocar contra él con violencia, como un tren que discurre en dirección contraria por la misma vía».
Una historia de amor y pasión que no oculta la dificultad de sus relaciones, en que ella aparece y reconoce sentimientos que no parecen fáciles de decir en voz alta –el coraje se lo da el que sea una carta en segunda persona– y en que el proceso político por el que exclusivamente vive Panagulis lo engulle todo. Ella va y viene y viaja mucho, pero nunca detiene el foco en sus intereses. Es la vida del activista y, sobre todo, la acción política y sus manejos. La narración tiene mucho de periodística, pero otro tanto de novelística, y la profusión del detalle es realmente asombrosa.
«La muerte es una ladrona que nunca se presenta por sorpresa; eso es lo que he tratado de decirte hasta ahora», inicia la sexta y última parte. Se demora en la premonición de la muerte y el sueño de él que la anticipa, puesto que la muerte está presente desde el prólogo y la narración nos conduce a entenderla o a sentirla, no sé bien. En ese momento del libro nos hace Oriana Fallaci un resumen de la vida de Alekos Panagulis: «Bastaba que desanduvieras el camino de aquellos ocho años para comprender que tu única victoria había consistido en no rendirte ante nada ni nadie, en no ceder ni en los momentos de incomodidad o de duda. El atentado a Papadópoulos fracasó, y el calvario de la detención, el proceso y la condena no conmovieron a Grecia. Las fugas de la cárcel no tuvieron éxito, y para volver a ver el sol tuviste que sufrir la clemencia del tirano. La operación Acrópolis no pasó de una fantasía, y tus viajes clandestinos a Atenas no sirvieron más que para hacerte sufrir. La esperanza de organizar una resistencia armada naufragó. El regreso a la aldea constituyó una vergüenza. Tu elección para ingresar en la política de los políticos, un error. La campaña electoral, un desastre. Tu actividad como diputado, un fracaso. Y también tu esfuerzo por integrarte en un partido, y la pretensión de arrojar de él a los hombres indignos. Y el intento de escribir un libro.»
Este es el libro que pretendió escribir él hasta una premonitoria página veintitrés y que desarrolló después Oriana Fallaci, partiendo de cero, por supuesto, a la manera de homenaje. Una gran historia de vida y una gran historia de resistencia.