El rechazo absoluto a pactar con Bildu forma parte de los eslóganes (o mentiras) de Pedro Sánchez durante las campañas electorales. Pero, al final hace lo contrario. El apoyo de los 6 escaños del partido proetarra han sido esenciales para que fuera investido presidente del Gobierno y haya podido sacar adelante innumerables votaciones en el Congreso de los Diputados. Y ahora los herederos de ETA se han convertido en su mejor aliado. Hasta el punto de protagonizar las últimas propuestas legales (o ilegales) al elaborar la ley de seguridad ciudadana, liderar la norma sobre la rebaja de penas de los terroristas y, sin siquiera anunciarlo, acaban de colar un retoque en la ley electoral para que los etarras condenados, aun sin arrepentirse de sus asesinatos, puedan ir en las listas electorales.
Pero esta estrecha relación esconde algo más, pues la dependencia del presidente es absoluta. La última astracanada que ha protagonizado el Gobierno no tiene precedentes. La siniestra ley que favorece la rebaja de penas de los presos etarras ha sido tumbada en el Senado por la mayoría absoluta del PP. Y, según el artículo 90.2 de la Constitución, un proyecto de ley aprobado por el Congreso, pero vetado por el Senado, “no podrá ser sometido al Rey para sanción sin que el Congreso ratifique por mayoría absoluta el texto inicial”. La Mesa de la Cámara Baja, sin embargo, ha sorteado este artículo de la Carta Magna para que el Gobierno publique directamente la ley en el BOE. Se consuma así, la norma que va a beneficiar a 44 de los etarras más sanguinarios. Pedro Sánchez, por tanto, se burla de la Constitución sólo para complacer a sus siniestros socios. Y se consuma así, un nuevo desprecio del Gobierno al Senado.
Porque cuando se trata de favorecer a Bildu, Pedro Sánchez es capaz de todo. Desde ceder la alcaldía de Pamplona para que sea gobernada por el partido proetarra hasta colar subrepticiamente en una ley la enmienda que favorecerá la excarcelación de esos 44 asesinos de la banda terrorista. Nunca en la historia de la democracia, el Congreso ha despreciado al Senado hasta el punto de saltarse la Constitución. Nunca se ha ninguneado la votación de la Cámara Alta. Hasta que Sánchez llegó al Gobierno de la mano de los herederos de ETA, quienes, en efecto, forman parte del Gobierno, aunque todavía no estén presentes en el Consejo de Ministros. Pero todo se andará. Porque la debilidad parlamentaria del Gobierno obliga a Sánchez a ceder en todo ante sus socios. Pues sólo así aparenta que gobierna y sólo así puede aprobar alguna que otra votación en el Congreso de los Diputados.