En fechas recientes se ha celebrado el Día de la Educación financiera, materia ésta tan necesaria como importante para los ciudadanos en general y especialmente para los más jóvenes, y que sin embargo, no tiene en nuestro país el necesario desarrollo e implantación social, constituyendo así una asignatura pendiente que habrá que intentar superar con la ayuda de las instituciones públicas y formativas en estos próximos años.
Si nos centramos en los más jóvenes, resulta evidente que la impartición de una Educación financiera en las escuelas sería una inversión a largo plazo que podrá beneficiar tanto a los ciudadanos Individualmente como a la sociedad en su conjunto. Al enseñar y proporcionar a los jóvenes las herramientas necesarias, por ejemplo, para entender las cuestiones básicas de las finanzas domésticas, así como a gestionar su dinero de una manera responsable, se promoverá un mayor bienestar económico y social.
Entre los numerosos beneficios de la educación financiera en un plano individual podemos mencionar: a) Mayor autonomía financiera, ya que los jóvenes aprenderán a tomar decisiones informadas sobre sus gastos, ahorros e inversiones, lo cual les permitirá un mayor control sobre su vida financiera. b) Reducción del endeudamiento, ya que al comprender mejor los riesgos asociados al crédito y a las deudas, los jóvenes serán menos propensos a caer en trampas financieras y a acumular deudas excesivas. c) Mayor capacidad de ahorro, dado que la educación financiera fomenta hábitos de ahorro desde temprana edad, lo cual facilitará a los jóvenes alcanzar sus metas a largo plazo, como adquirir una casa o financiar sus estudios superiores. d) Prevención del fraude, puesto que al poder conocer los mecanismos de fraude financiero, los jóvenes estarán mejor preparados para protegerse de posibles estafas.
Si proyectamos el tema a nivel de la sociedad en su conjunto, la educación financiera en los colegios podrá generar igualmente diversos beneficios: a) Fomento del emprendimiento, ya que podrá inspirar a los jóvenes a desarrollar sus propias ideas de negocio y a convertirse en emprendedores. b) Reducción de la desigualdad, ya que al proporcionar a todos los jóvenes oportunidades similares para aprender finanzas, ello contribuirá a reducir las desigualdades económicas. c) Estabilidad económica, puesto que una población con mayor educación financiera es menos propensa a caer masivamente en crisis financieras, lo que contribuye a una mayor estabilidad económica. d) Un desarrollo económico más sostenible, ya que una sociedad con una población financieramente educada, está más capacitada para tomar decisiones de consumo responsables y de invertir en el futuro.
Muchas de las anteriores ventajas de una educación financiera a los más jóvenes se han venido ya asumiendo desde hace años en otros países que tienen implantados programas de educación financiera en las escuelas. En este contexto cabe recordar que países nórdicos como Suecia, Finlandia y Noruega son países pioneros en la inclusión de la educación financiera en los currículos escolares desde edades tempranas. También Australia cuenta con programas nacionales que promueven la alfabetización financiera desde la educación primaria y algo parecido han hecho países como Reino Unido, que ha implementado planes de estudio que incluyen temas como presupuestos, ahorro, inversión y gestión de deudas, así como Estados Unidos, país en el que numerosos estados han desarrollado programas de este tipo para los más jóvenes. Por otra parte, Canadá viene ofreciendo programas de educación financiera a través de escuelas, bancos y organizaciones sin ánimo de lucro.
Haciendo referencia, por otra parte, a algunas de las materias o asignaturas concretas que se vienen ofreciendo en los currículos escolares en otros países, podemos mencionar, en primer lugar, algunas materias básicas, como son: a) Economía doméstica, en la que se abordan conceptos básicos como presupuestos, gastos, ingresos y ahorro. b) Matemáticas financieras, en la que se aplican conocimientos matemáticos básicos para poder resolver problemas relacionados con intereses, inversiones y préstamos. c) Estudios socioeconómicos, materia en la que se abordan conceptos más generales como el sistema financiero, el mercado y la producción. También se incluyen en los currículos de los colegios de otros países asignaturas más específicas como: a) Formación financiera personal, en la cual se enseñan habilidades prácticas para la vida diaria, cómo elaborar un presupuesto, elegir una cuenta bancaria, solicitar un préstamo y planificar la jubilación. b) Emprendimiento, por la cual se enseña a los estudiantes a desarrollar ideas y planes de negocio y gestionar pequeñas empresas. c) Análisis básico de inversiones, en la que se exploran diferentes opciones de inversión, como acciones, obligaciones, bonos, y se enseñan los principios básicos de la inversión. d) Consumo inteligente, en la que se enseña a los estudiantes a tomar decisiones de compra informadas y a evitar el consumismo.
En cualquier caso, las estrategias curriculares o de implantación de estas materias en los planes de estudio de las escuelas y colegios, dependerá lógicamente de cada país y de cada normativa académica y legal vigentes, así como de la estructura de los centros, áreas, grupos y materias que puedan existir. En algunos casos puede implantarse una asignatura de educación financiera en general, que agrupe los diversos aspectos y enseñanzas que hemos comentado anteriormente, si bien otra forma de organización docente es incluir dichas las materias financieras dentro de distintas asignaturas más generales y relativas a temas económicos jurídicos, sociológicos, etc.
Volviendo finalmente al plano nacional, sería por tanto conveniente que en España se introdujesen igualmente de forma explícita algunas de estas materias -a un nivel al menos optativo- en alguno de los niveles educativos oficiales, bien en la ESO (entre 12 y 16 años) y/o en el Bachillerato (entre 16 y 18 años), más allá de que en los currículos de estos tramos educativos se introduzcan algunos de estos conceptos en materias ya existentes relacionadas con la Economía o con las Ciencias sociales.
En resumen, entendemos que esta asignatura pendiente de la educación financiera en las escuelas y colegios de nuestro país, debe afrontarse de la forma más urgente, coordinada y políticamente consensuada que resulte posible, ya que una parte importante del futuro de las generaciones venideras podrá depender de este nivel de conocimientos económicos y financieros de nuestros futuros ciudadanos.