Esto nos dice Manos Unidas, que los pasados 16 y 17 ha conmemorado, respectivamente, los Días de la Alimentación y de la Erradicación de la Pobreza, jornadas en las que parte del mundo vuelve sus ojos hacia los más desfavorecidos y vulnerables y en las que Manos Unidas denuncia un drama, que no solo es una cuestión de carencia, sino el fruto de un injusticia arraigada y aceptada que afecta a las vidas de millones de personas en el mundo, ya que una de cada once personas de nuestro planeta sufrió desnutrición crónica en 2023, o lo que es lo mismo, cerca de 733 millones de personas, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Con estas cifras tan alarmantes urge actuar y asegurar que el acceso a alimentos nutritivos y suficientes sea una realidad para todos. Según Fidèle Podga, coordinador del Departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas: “Son sobre todo las poblaciones rurales las que encuentran mayores dificultades para alimentarse. Sabemos que dependen todavía de una agricultura muy vulnerable al cambio climático cuyos fenómenos, por desgracia, suelen ser recurrentes. Así, cuando las lluvias no son suficientes o cuando hay inundaciones, no hay cosechas, y si no hay cosechas, hay hambre. Sabemos dónde esos fenómenos meteorológicos adversos se dan con cierta regularidad: Corredor Seco Centroamericano: Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua o Sahel y el Cuerno de África. Por desgracia, poco se hace para garantizar el derecho a la alimentación en esos lugares”.
Manos Unidas ha aprobado más de 500 proyectos en los últimos cinco años, invirtiendo casi 50 millones de euros en iniciativas que buscan frenar la desnutrición y, por ende, erradicar la pobreza en los países del Sur. Estos proyectos se concentran en Asia, África y América Latina y tienen como objetivo maximizar la producción alimentaria para erradicar la pobreza y el hambre en el mundo, minimizando el alto coste ambiental al contaminar el aire, el suelo y el agua.
Personalmente viví en Madagascar la gran experiencia de convivir en misiones y con misioneros que pueden sacar adelante sus proyectos gracias a Manos Unidas y esa experiencia fue definitiva para mí, pués me ayudó a comprender muchas cosas y a saber valorar lo que realmente importa en la vida.
Y es que la Iglesia Católica, pese a quien pese, es la punta de lanza de la lucha contra los que quieren que los desfavorecidos sigan en ese lugar, el último de la sociedad. De ahí que este domingo, día 20, sea una jornada también de alegría y de cooperación pues celebramos la Jornada Mundial de las Misiones. La Iglesia nos invita a todos al banquete en esta jornada en la que la Iglesia Universal reza por los misioneros y colabora con las misiones.
Tenemos que recordar que hay 1.126 territorios de misión, lo que representa un tercio de las diócesis del mundo y en ellos se encuentran el 44% de las escuelas de la Iglesia Católica y el 30% de sus instituciones sociales, es decir hospitales, orfanatos, residencias, etc…Por eso tenemos que recordar todos que con los donativos que entreguemos este domingo, las Obras Misionales Pontificias ayudan cada año a todos y cada uno de los territorios de misión, eso sí en nombre del Papa. Debemos todos saber que los misioneros son hombres y mujeres que entregan su vida para anunciar el Evangelio a quienes aún no lo conocen.
Manos Unidas y el Domund un dúo más que dinámico que debemos acompañar todos.