El Gobierno se dispone a asaltar RTVE con una trampa legal; más bien, ilegal. El Consejo de Ministros ha aprobado un “decretazo” para cambiar las mayorías para el nombramiento del Consejo de Administración del Ente. Aumenta además el número de miembros de 10 a 15 y esos 5 nuevos serán elegidos íntegramente por el Congreso de los Diputados en detrimento del Senado donde el PP tiene mayoría absoluta. Pedro Sánchez se asegura así el poder absoluto y da entrada en el Consejo a miembros de todos sus socios parlamentarios como ERC, Bildu, Sumar, Podemos, el PNV y Junts y arrincona al PP.
Pedro Sánchez se ha quitado la careta definitivamente. Su degradación institucional y democrática no tiene límites. Después de colonizar el CIS, la Fiscalía, el Tribunal Constitucional y, recientemente, el Banco de España, ahora acapara todo el poder en RTVE que, en lugar de ser el medio de comunicación público al servicio de todos los españoles se convierte en la televisión personal del presidente del Gobierno. Pues busca desesperadamente difundir la propaganda de su Gobierno ante su mayor crisis de credibilidad y acorralado por múltiples casos de corrupción.
Mientras, prepara una ley para amordazar a los medios de comunicación independientes en aras de “la regeneración democrática”, una añagaza más del autócrata que también intenta controlar a los tribunales, en especial los que investigan a su mujer. No es exagerado afirmar que Pedro Sánchez ya se ha convertido en un autócrata de manual, como hemos denunciado reiteradamente en este periódico.
Con el PSOE hundido en todas las encuestas independientes, Pedro Sánchez se amarra al poder al acaparar el poder absoluto del Estado. Se trata de una huída hacia delante en su desesperación por la crisis interna en el PSOE, por los casos de corrupción que amenazan al Gobierno y por su debilidad parlamentaria. Pues con esta artera maniobra intenta recuperar los escaños perdidos de sus socios de investidura al compartir con ellos el poder de RTVE.
Definitivamente, Sánchez está dispuesto a degradar la democracia, a pisotear la Constitución y, sobre todo, a aniquilar al PP en su desesperado intento de amarrar el poder al controlar la Justicia para salir indemne de los casos de corrupción y, ahora, dominar RTVE para difundir sin pudor la propaganda de Moncloa.