Anne Michaels (Toronto, Canadá, 1958) ha querido llamar Held a su última obra. Tenemos la oportunidad de leerla en castellano como El abrazo, con traducción de Eva Cruz, gracias a la iniciativa de la editorial Alfaguara. Es reconfortante, enriquecedora, es un abrazo y un sostén, un libro al que agarrarse por bello y curativo, un bálsamo, un alivio, un tónico reparador.
La poeta canadiense utiliza su indiscutible talento para crear belleza y hablar de bondad, de amor, de vida. Se mueve en una dimensión poética, simbólica y espiritual. Mas allá de personajes, de tiempos y lugares, Michaels nos lleva sobre sus delicadas manos y nos deposita sobre el territorio de los grandes temas de la humanidad. Es profunda y conmovedora. Plantea la lucha entre el bien y el mal, la vida y la muerte, el olvido y la memoria. Quiere que, sin agobios, abordemos asuntos importantes. Hay al principio un verso de este largo poema novelado, una frase que afirma: “De las cosas más importantes que sabemos, tal vez no se puedan tener pruebas”. También, más adelante, aparece esta reflexión: “¿Crees que es posible que el bien sobreviva a todo esto?”.
John acaba de ser brutalmente herido en la guerra. Ha sido una explosión. Está tirado sobre el suelo de un bosque en Francia. Río Escalda, 1917. La nieve lo cubre todo y él no se puede mover. Entonces, la mente busca una salida para elevarse por encima de la realidad, se agarra al recuerdo. La ve a ella saludando con la mano desde el final de un camino, el gorro de lana, Helena viniendo a su encuentro, “en ella estaba todo lo que le importaba”. Reconstruye retazos de las costumbres que componían sus vidas, se sostiene entre la vida y la muerte, agarrado ahora al recuerdo del amor de madre, “apoyado contra el pesado abrigo de lana de su madre. La suavidad del bolso contra la mejilla (...). La suavidad de ella contra su dura niñez. Su aroma antes de que él se rindiera al sueño, la calidez bruñida de su collar cuando se inclinaba sobre él. La lámpara que se dejaba encendida”.
Anne Michaels obtuvo, en 1986, el Premio de Poesía de la Commonwealth para las Américas con su obra El peso de las naranjas, un poemario que la editorial Bartleby publicó en castellano junto a su segunda obra, Miner's Pond y que, en la actualidad, es difícil de encontrar. Desde entonces ha cosechado decenas de galardones y reconocimientos, como poeta y como novelista, especialmente desde la publicación de Fugitive Pieces en 1996, (Piezas en fuga, también en Alfaguara), que además fue adaptada para la gran pantalla en 2007 por Jeremy Podeswa y plantea la posibilidad de curar las heridas del alma a través de la sublimación de los recuerdos.
Los capítulos de El abrazo no siguen siempre un orden cronológico. Tampoco la acción se desarrolla en el mismo lugar; de Francia se pasa a Inglaterra, de Yorkshire del Norte a Londres, de Estonia a Brest-Litovsk. Los personajes se llaman John y Helena, Anna, Peter, Mara, Alan, Sofía, Paavo... Su presencia entre las páginas es testimonial. Cada uno de ellos parece existir solo para hacernos pensar en algo que tiene que ver con nuestra dimensión humana. Se cuestionan: “¿Cómo vamos a dudar de la existencia de lo que es invisible? ¿Cómo confundir la invisibilidad con la inexistencia?” o, en boca de otro personaje “¿Crees que es posible que el bien sobreviva lo suficiente como para durar más, para esperar, para resistir, mientras que el mal se consume?”
Todas estas historias fragmentarias y flotantes en el espacio y el tiempo las siente el lector como una caricia, como un aliento de ánimo y esperanza, como un abrazo lírico y protector. Anne Michaels juega con maestría con lo que evoca cada palabra, escribe con precisión sobre abstracciones, reivindica la fuerza y el poder de la belleza y del amor.