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EEUU y el fin de su historia

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 30 de octubre de 2024, 17:52h

HOUSTON, Texas. - En 1989 el intelectual estadounidense Francis Fukuyama sorprendió al mundo con la interpretación de que el desmoronamiento de la Unión Soviética como polo ideológico comunista vis a vis el polo ideológico capitalista había sido el final de la historia. Pero el problema quizá fue de interpretación: Fukuyama se refería aquella apreciación en el primer párrafo del Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels de que la lucha de clases era el motor de la historia y con el fin de la URSS también llegaba a su caso la lucha entre las clases como factor dinamizador de la producción.

La euforia por el fin del comunismo impidió percibir el equilibrio natural en los sistemas productivos que prefiguraban también el reparto del mundo y sobre todo la estabilidad militar-nuclear. A la vuelta de 35 años -lo que dicen que dura una generación- el mundo no cambió, el capitalismo sigue vigente y agonizante, la polarización social por el reparto de la riqueza se profundiza, el confort beneficia solo al 1% de la población mundial y el sistema productivo produce cada vez mayor desigualdad social.

La disputa por la Casa Blanca entre el empresario puritano Donald Trump y la burócrata Kamala Harris se resolverá el próximo martes 5 de noviembre -en escasos seis días- en función de agendas con temas groseramente ajenos a la realidad, mientras que el escaso y en retroceso confort estadounidense se encuentra invadido masivamente por millones de migrantes que siguen creyendo que Estados Unidos es un ideal social.

Pero basta recorrer las zonas marginadas de ciudades como Nueva York, Los Ángeles, San Antonio, Houston y Miami, entre otras, para encontrarse a la vista con que los migrantes que han llegado en los últimos 30 años no viven ni de cerca como sus paisanos que llegaron antes de esas fechas y que lograron acomodarse a las necesidades del modelo de confort americano; legales o ilegales, estos nuevos migrantes viven en zonas paupérrimas, ganan salarios en dólares que solo tienen valor en el tipo de cambio de los países donde dejaron a sus familias pero que ellos mismoshan tenido que sacrificar comodidad mínima habitando en zonas de aglomeración y sin servicios, y a ellos se agregan los efectos de las decisiones de Trump de perseguir con la migra a los ilegales que de alguna manera se habían incorporado a las zonas americanas y el pánico a la deportación ha disminuido la calidad de vida de millones de personas que viven bajo la amenaza de la deportación masiva.

La declinación productiva del capitalismoha afectado uno de los puntos más importantes del sueño estadounidense: la estabilidad de un empleo, en cualquiera de sus niveles, cuya permanencia llevaba al final del día a una pensión para un retiro digno; hoy, hasta los estadounidenses ya no confían en esa estabilidad laboral ya andan brincando de empleo a empleo en busca de ingresos que les permitan hacer frente al gran enemigo histórico del capitalismo: la inflación en el nivel de la carestía de los bienes indispensables.

El capitalismo estadounidense no supo entender la lógica de la derrota del comunismo como modelo económico-social y hoy en día cuesta más horas de trabajo tratar de mantener el nivel de vida antes de la crisis económica de 2008, por cierto profundizada con el freno productivo del 2020 por el confinamiento al que obligó la pandemia del COVID-19.

Y si la economía de Estados Unidos en permanente crisis no puede siquiera satisfacer los niveles de bienestar de su población permanente hasta antes de la crisis migratoria también iniciada el 2020, los entre siete y diez millones de migrantes ilegales que pudieron colarse por la destruida frontera de seguridad nacional del país más poderoso del mundo están deteriorando la calidad de vida en el país.

El periódico New York Postse ha cansado de publicar denuncias investigadas de la prostitución, el consumo de drogas, el subempleo callejero y la delincuencia derivada de la baja calidad económica en sus principales calles, al grado de que ya esta gran ciudad que llegó a privilegiar como publicidad su condición de santuario de los migrantes ilegales a los que recibía con mesas de café, alimentación, tarjetas de débito y habitaciones de emergencia ha decidido cancelar ese modelo y cerrar sus fronteras municipales a los centenas de autobuses que gobernadores de los estados fronterizos envían aprovechando esa receptividad social.

Las agendas de los candidatos presidenciales se perdieron en la mezquindad de los grupos de poder, se alejaron de la discusión de los grandes temas e inclusive -y este es un mensaje preocupante para la estabilidad mundial- no miraron la gran crisis del mundo que está exigiendo que Estados Unidos asuma su condición de imperio estabilizador.

Y en el tema de la geopolítica ausente en las campañas de Trump y Harris acaba de percibir su mensaje todavía muy desigual y quizá hasta con pocas expectativas reales de consolidación, pero para algunos analistas con sensibilidad sorprendió la cumbre de los BRIC´S con la fotografía de líderes que mandaron un mensaje a Estados Unidos: los presidentes de Rusia, China y la India como aliados, mientras los candidatos presidenciales estadounidenses seguían con su pelea a navajazos en callejón.

La decadencia de Estados Unidos como el gran imperio mundial la reflejan las campañas de Trump y Harris y la incertidumbre de que Estados Unidos está ya en un proceso imparable de declinación social y económica.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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