Alfred Döblin (Szczecin, Polonia, 1878-Emendingen, Alemania, 1957) es célebre por su novela Berlin Alexanderplatz, publicada en Berlín en iva, 1929. Dividida en nueve libros, se desarrolla en un barrio obrero berlinés de la década de los años veinte del pasado siglo, y la protagoniza Franz Biberkopf, quien acaba de salir de la cárcel y lucha por comenzar una nueva vida. Con una estructura narrativa similar a la de Ulises, de James Joyce, la de Manhattan Transfer, de John Dos Passos, y la de La colmena, de Camilo José Cela, el escritor alemán maneja con gran habilidad nuevas técnicas como el monólogo interior, y la combinación de diferentes niveles de lenguaje y perspectivas, entre otras. La novela se llevó a la gran y pequeña pantalla. En 1931 al cine, en un filme dirigido por Piel Jutzi, y con guion del propio Döblin, y a la televisión, en una serie, a cargo de Rainer Werner Fassbinder, en 1980.
Pero Alfred Döblin no es solo el autor de Berlin Alexanderplatz, y no debe ser recordado únicamente por esta obra. Entre otros títulos, destaca la serie Noviembre 1918, un fresco sobre la movilización popular en Alemania, compuesta por Burgueses y soldados, El pueblo traicionado, El regreso de las tropas del frente y Karl y Rosa, ciclo a disposición del lector español en Edhasa, en una excelente traducción de Carlos Fortea. Ahora, Edhasa, igualmente traducida por Carlos Fortea, recupera otra novela imprescindible para conocer a Döblin: No habrá perdón, aparecida en 1935, la primera que escribe tras escapar del nazismo.
A diferencia de Berlin Alexanderplatz, No habrá perdón no emplea técnicas vanguardistas, pero sí un estilo preciso y vigoroso, en el que brillan especialmente las descripciones, como ya apreciamos en su arranque: “Con sus negros ropajes, esperaban en el pequeño andén descubierto, la madre inmóvil bajo el ardiente sol, entre dos campesinas que se cubrían la frente con sus coloridos pañuelos de cabeza y mataban las moscas que zumbaban alrededor de sus desnudas pantorrillas; hacían visera con la mano para atisbar el tren, pero aún no venía, todavía no; habían salido demasiado temprano, llevaban en camino desde el amanecer, para dejar por fin atrás la pena y la despedida”. Quienes aguardan en la estación son Karl, su madre y sus hermanos Erich y Marie: “Karl era el que más había llorado junto a la tumba del padre. En el otro rincón, pegado a ella, dormía Erich, de siete años. En el banco de enfrente, tapada con el abrigo de la madre, Marie, de tres. Los tres a los que se llevaba del naufragio”.
La familia se ha quedado en la ruina, tras la muerte del padre, quien solo les deja deudas, y ha de comenzar la lucha por la vida en una gran ciudad innominada, igual que no se especifica el momento, si bien se adivina que es el Berlín poco antes de la Primera Guerra Mundial. Dividida en tres partes: “Pobreza”, “Coyuntura” y “Crisis” se centra sobre todo en el devenir de Karl. Trabajará en varias empresas, verá el enfrentamiento social, y conocerá al revolucionario Paul, con el que simpatiza.
No obstante, trabaja con ahínco y consigue un puesto relevante, y hasta convertirse en dueño de una fábrica, ascendiendo de nivel social. Contrae matrimonio con Julie, perteneciente a una familia de clase alta. Pero la crisis de 1929 amenaza su posición y entra en declive, también se derrumba su matrimonio, se reencuentra con Paul y se siente en una encrucijada: “En aquella época de violencia, desconcierto y debilidad, en la que las industrias estaban paralizadas, un país arrojaba su dolor sobre otro”. Döblin explicó en varias ocasiones que había querido elaborar una “historia familiar con un toque autobiográfico”. Sea como fuere, logra, en una fórmula clásica que maneja con soltura, entrelazar la vida personal de su personaje con la historia colectiva.