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TRIBUNA

Algunos paralelismos históricos

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 15 de noviembre de 2024, 19:51h

Los objetivos de los oficiales decembristas rusos, quienes habían demostrado su heroísmo en la batalla de Borodino contra Napoleón, y querían convertir la autocracia rusa de Nicolás I en una monarquía constitucional, estaban basados expresamente como Revolución en el Pronunciamiento del coronel Rafael Riego en Cabezas de San Juan el 1 de enero de 1820, abriéndose nuestro Trienio Liberal. Asimismo, las revoluciones de Nápoles, Sicilia, Portugal y Piamonte se inspirarían también en la de Riego. En efecto, ese mismo año comenzó a implantarse en las mentes de los decembristas la idea de un levantamiento militar sin la participación de las masas. Tomaron en consideración la experiencia de dos tipos de Revolución, la francesa de 1789, de carácter popular y acompañada de arbitrariedad y falta de mando, y la española de 1820, que conmocionó toda Europa, organizada “sin sangre ni desorden” y llevada a cabo con la asistencia de una fuerza militar disciplinada dirigida por líderes castrenses. En realidad, toda Democracia moderna, desde la forjada por Washington, es una democracia castrense. El segundo tipo de Revolución, el de Riego, atrajo especialmente a los decembristas ( v. gr. Péstel, o Nikita Muraviov ), y fue en el que se fijaron con el fin de que este modelo supusiera una alternativa a la versión de Revolución Francesa y, debido a las condiciones existentes en Rusia, para prevenir una revuelta como la de Pugachov, cuya posibilidad admitían. La muerte de Alejandro I en Taganrog, el 19 de noviembre de 1825, y el interregno que le precedió, había creado una atmósfera que la sociedad patriótica de los decembristas decidió utilizar para emprender una acción inmediata. El día en que el zar debía prestar juramento de fidelidad, 14 de diciembre de 1825, los decembristas se levantaron con 3.000 hombres en la Plaza del Senado, pero sin su líder, Serguéi Trubezkoy, que había sido elegido jefe del levantamiento el día anterior, y que no se presentó. (Este Trubetzkoy fue familia del príncipe que fundó la fonología moderna, así como del gran escultor Pável Trubetzkoy, autor del monumento ecuestre a Alejandro III, en San Petersburgo). Prevenido Nicolás I había reunido contra ellos a doce mil soldados leales. Con la llegada del crepúsculo y después de algún disparo, la formación militar rebelde se dispersó. En la noche del 15 de diciembre comenzaron las detenciones de los decembristas. El 29 de diciembre de 1826 se inició el levantamiento del Regimiento de Chernígov en Ucrania. Lo encabezaba el oficial decembrsita Serguei Muraviov que, con 970 soldados y la esperanza de que se uniesen a él otras unidades militares en las que servían miembros de la sociedad secreta decembrista, combatió durante seis días. Sin embargo, las autoridades militares bloquearon el área del levantamiento con unidades leales. El 3 de enero de 1826, el regimiento insurgente fue contraatacado por un destacamento de húsares con artillería y fuego de metralla. Muraviov, herido en la cabeza, fue capturado, encadenado y enviado a San Petersburgo. En total, 316 oficiales fueron detenidos y otros muchos fueron juzgados in absentia. Pável Péstel, Kondrati Ryléyev, Serguéi Muráviov, Mijaíl Bestúzhev y Piotr Kajovski fueron expulsados del Ejército y condenados a muerte por descuartizamiento, pena que les fue conmutada por la de ahorcamiento. El resto se dividió en once categorías. De la primera, treinta y una personas fueron condenadas a muerte por decapitación, con posterior conmutación por trabajos forzados a perpetuidad. A los demás, a varios períodos de trabajos forzados y al exilio, y a los oficiales menos culpables se les degradó. En la madrugada del 13 de julio tuvo lugar la ejecución de los condenados a la horca. Sus cuerpos fueron enterrados en secreto. Así terminaron los patriotas heroicos que habían batido a Napoleón en los campos de Borodino. Y aunque nuestro coronel Rafael Riego había obtenido mayor éxito político, su final casi fue el mismo, si leemos los magníficos Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Nuestro “Pestel” español fue ejecutado en 7 de noviembre de 1823, tras instaurarse en España un régimen de terror con el Ministerio Universal de Víctor Damián Sáez.

Después del fracaso de Riego todos los gobiernos y constituciones liberales que vinieron después, en el siglo XIX español, vinieron de la mano de generales “de corte decembrista”, tales como Espartero, Narváez, O´Donnell, Prim o Serrano, distintas variantes del vaporoso y noble concepto de “liberal”. Lo mismo que en EEUU, Venezuela, Argentina, Inglaterra, Francia, Rusia, y tres o cuatro países musulmanes. Y de haber sido un concepto político profundamente humanista, como corresponde a las grandes, humanistas y antiguas Academias militares occidentales, desde Washington a los decembristas rusos, que empezaban en sus gymnasia por el aprendizaje del griego y el latín, y que se basaron en los objetivos políticos de nuestro Riego, más estudiado en Rusia que aquí – todo liberalismo ha sido un concepto castrense contra la autocracia imperial o la teocracia -, el liberalismo hodierno es un paraguas que protege todo tipo de perversiones, desde Soros al pornógrafo pepero. Y es que no se puede dejar a los ideales liberales fuera de los cuarteles en manos de cualquiera. A finales del siglo XIX se generalizaron en Rusia ( y en España ) las ideas de un populismo liberal, o legal, como lo llamaron en Rusia. Sus representantes, entre los que se encontraban Nikolái Mijáilovski, Nikolái Davidsón y Vasili Vorontsov, abogaban por reformas sociopolíticas pacíficas y predicaron mediante la “teoría de las pequeñas acciones” – lo que más tarde Popper llamaría “reformas puntuales de ingeniería política” -, llevando a cabo un minucioso trabajo diario en el campo de la educación en nombre de la mejora de la situación material del pueblo. En España un movimiento social parecido fue la Institución Libre de Enseñanza, de “San” Francisco Giner de Los Ríos, que fracasando en su intento de ser una Universidad laica privada, respaldada por el erario público, acabó siendo una importante Institución de Educación Secundaria. Lo que para la monarquía española supuso el desastre bélico del 98, con la pérdida definitiva de las provincias de ultramar de Cuba y Filipinas – menos mal que no teníamos aún coronado al rey Alfonso XIII -, lo mismo supuso para el último zar, Nicolás II, la vergonzosa derrota ante el Japón entre los años 1904 y 1905. Ambos desastres militares estuvieron presididos por la traición de generales masones y la incompetencia ( José Mª Berenguer, boicoteando la salida del primer submarino, invento español, Camilo García Polavieja, Cervera, Montojo, Kuropatkin, Anatoli Stessel, etc. ). Y en ambos casos la autoridad perdonó la traición y la cobardía de almirantes y generales. Así, por ejemplo, Anatoli Stessel, tras la pérdida de Port Arthur, fue llevado ante un tribunal militar que lo condenó a muerte. La pena le fue conmutada por la de prisión, y más tarde fue indultado por el zar. ¿Estaban detrás de estos militares masones Inglaterra y los Estados Unidos, únicos beneficiados de ambos desastres nacionales? Ahí dejo la pregunta. Cuando el principal liberalismo ruso, el del partido burgués de los kadetes ( K D ), Partido Democrático Constitucional, ya postulaba un futuro de Rusia sin zar en 1906, podemos decir que la caída de Nicolás II ni se debió exclusivamente a los socialdemócratas ni a los bolcheviques; Nicolás II cayó porque prácticamente nadie apoyó su permanencia. Cuando el 2 de marzo de 1917 el zar abdica, los kadetes, los liberales que no habían sido molestados por el régimen nunca, toman las posiciones clave en el Gobierno provisional y comienzan a determinar su política. Renunciaron en un día al establecimiento de la monarquía constitucional, que había sido siempre el buque insignia de los liberales rusos, y proclamaron que “Rusia debe ser una república democrática y parlamentaria”. Lo mismo ocurrió con nuestro Alfonso XIII, abandonado incluso por los monárquicos. Dios nos libre de los amigos liberales, que de los bolcheviques ya mi libro yo. Fueron partidos burgueses y centristas, liberales, lo que acabaron con las monarquías rusa y española. Como para fiarse los reyes de la tropa liberal.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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