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Una conmemoración obligada

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 16 de noviembre de 2024, 19:36h

En el hórrido vocerío que invade hodierno la vida política y cultural española apenas si se han dejado oír las muy escasas voces anunciadoras de un vicentenario trascendente. Así lo es incontestablemente el del último enfrentamiento bélico que puso fin a uno de los capítulos más prolongados de la historia de la civilización como lo fuese el del protagonismo plurisecular de España que los viejos y entrañables manuales del bachillerato del siglo pasado denominaban descubrimiento y conquista de un Nuevo Mundo.

Desde todos los ángulos el acontecimiento referido – el de la batalla de Ayacucho, 9 diciembre 1824- merece reflexionarse con detenimiento encaramados en el promontorio del presente. Así el rasgo más peraltado del evento susomentado fue uno de los más íntimos y atractivos de la condición humana y la personalidad de las naciones: la dignidad. Los muchos hispanoamericanos que contendieron en la altiplanicie peruana se comportaron en todo instante con la más rigurosa dignidad. Los muy escasos españoles, los muchos americanos e incontables indígenas -casi todos luchadores en el bando fernandino- mantuvieron sin fricción el respeto más completo hacia el adversario. En tan importante dimensión, ya fue señal premonitoria el que la oficialidad de ambos bandos se abrazase momentos antes de iniciarse el último gran duelo bélico registrado en la porción sureña del inmenso continente americano. Se luchó ardidamente y se perdió y se ganó con el mayor sufrimiento y recato por parte de un bando y otro de la batalla que clausuró el más decisivo innegablemente de una de las naciones que más contribuyeron al adelanto de la civilización occidental desde su orto en el orbe grecolatino dos mil años atrás.

Después de Ayacucho los sitios de las fortalezas de San Juan de Ulúa, de Real Felipe en el Callao de Lima y la isla de Chiloé acabarían por colocar definitivamente el fin Hispaniae en la llamada ulteriormente América Latina.

¿Se estudia en la enseñanza secundaria actual el capítulo aquí recordado? El anciano aprendiz de historiador arriba firmante lo ignora. Si su desalentada presunción fuese cierta, la más densa melancolía se adentraría en la memoria de más de medio siglo consagrada a la docencia de la etapa postrera de la mágica aventura que fuera en múltiples de sus páginas la historia de nuestro gran pueblo.

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