Las maniobras de Pedro Sánchez este lunes reflejan como nunca su “modus operandi”, su falta de escrúpulos para salir adelante pactando, al tiempo, con la ultraderecha o la ultraizquierda, según le convenga. En Bruselas se ha ofrecido a apoyar a los candidatos de Orbán y Meloni; o lo que es lo mismo para él, a la ultraderecha de Vox, a cambio de que Teresa Ribera sea nombrada comisaria. Y en la Comisión de Hacienda del Congreso ha secuestrado a los diputados para amarrar de madrugada un acuerdo con sus socios de legislatura una cosa y la contraria. Para salvar “in extremis” un pacto fiscal que nada tiene que ver con el anunciado por Sumar. Pero, al menos, ha sido capaz de aprobar el tipo mínimo de sociedades que exige Bruselas y salvar así la próxima partida de los fondos europeos.
De nuevo, ha quedado al descubierto el bulo del Gobierno progresista. La extrema izquierda ha amenazado con volar por los aires el pacto fiscal, y en buena parte lo ha conseguido. Pues no se han aprobado la imposición del IVA del 21% a los apartamentos turísticos, el fin de la exención de los seguros sanitarios privados y el impuesto a las grandes fortunas. El sablazo fiscal a las energéticas había quedado fuera de los pactos con el PNV y Junts
Por un lado, Bildu, ERC y el Bng se resistían a que decayeran los impuestazos a la Banca y las energéticas, pero por otro, Junts y el PNV habían acordado su eliminación. La salida del atolladero se ha basado en acordar en secreto con el partido de Puigdemont “el fin del impuesto a las energéticas, pero sólo en Cataluña” así como prorrogar por un tiempo esos impuestos, una pirueta que probablemente será rechazada en la votación final que se celebrará en el Congreso. Pero si así fuere, el Gobierno se compromete a aprobar un decretazo para recuperar el sablazo a la Banca y las energéticas. Al final nadie sabe qué ocurrirá con esos tributos. Pues se trata de una prórroga simbólica del impuesto a las energéticas así como mantener la subida del de la Banca para contentar a la extrema izquierda. Aunque Cataluña quedaría fuera de la ecuación. Otro ejemplo del esperpento que preside las acciones del Gobierno y del desprecio a la soberanía popular. Pues con esos decretazos recupera (o no) en el Consejo de Ministros lo que ha sido rechazado por el Congreso. Un caos.
Las posturas enfrentadas de sus socios han llevado a la Comisión de Hacienda a un colapso y puesto en evidencia que el Gobierno ha perdido la mayoría parlamentaria que llevó a Sánchez a La Moncloa. Que se encuentra a la intemperie y a la deriva.
Pero Pedro Sánchez se pasea ufano por Brasil propagando su acoso fiscal a las grandes fortunas y, al tiempo, pactando con la ultraderecha europea su apoyo a los candidatos de Orbán y Meloni a cambio de salvar el nombramiento de Teresa Ribera. La cuadratura del círculo de la política del presidente español. O la desfachatez de un político que desprecia la democracia con sus trucos de trilero. Pero quizás esta vez ha llegado demasiado lejos y, al final, es posible que no pueda aprobar en el Congreso su reforma fiscal ni conseguir que Ribera sea nombrada comisaria de la UE.