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El problema no se llama Bolonia

sábado 22 de noviembre de 2008, 18:38h
Las manifestaciones de estudiantes universitarios a las que asistimos durante la semana pasada en el conjunto del país, incluidas las realizadas en mi Universidad, han sido manejadas por la burocracia universitaria como oposiciones minoritarias al Proceso de Bolonia. Sin embargo, lo que se reclama por parte de los estudiantes no puede considerarse sin más como un simple desacuerdo con los fundamentos del proceso de convergencia europea en materia de educación superior. Hay más argumentos de fondo que los burócratas universitarios ocultan tras comunicados oficiales que no responden al fondo del fenómeno de la movilización juvenil. Lo que existe es un desajuste enorme entre los principios rectores y el espíritu del proceso europeo, y las aplicaciones que del mismo hacen las autoridades universitarias. Éstas nos quieren hacer creer que los estudiantes no comparten los principios de Bolonia, y ocultan que el desacuerdo se produce precisamente en el desarrollo de este proceso en el marco universitario.

La burocracia universitaria, con el consentimiento de un Ministerio enormemente débil e incapaz de asumir el liderazgo necesario, ha manipulado el espíritu de la Declaración de Lisboa en la que se inspiró el Proceso de Bolonia, y obviado la Declaración de Berlín, en especial en los aspectos referidos a la comparabilidad en la adquisición de conocimientos. Un Ministerio sin conducción política y una burocracia universitaria conservadora y por momentos reaccionaria, han convertido la oportunidad de un verdadero cambio de los estudios universitarios en una mera reforma (enésima) de los planes de estudio. Nunca una institución se ha encontrado tan conforme con la máxima de “cambiar todo, para no cambiar nada”. Esta reforma no sólo no está en consonancia con los objetivos de un Espacio Europeo de Educación Superior capaz de competir con los sistemas anglosajones y del este asiático, sino que el contenido de las titulaciones que está fomentando nunca podrá asemejarse, mucho menos competir, con las similares del propio contexto europeo que mejor rendimiento han demostrado estos años.

Y si usted lector cree que este es un artículo más de opinión, y que seguro que las cosas no están tan negras como las pinto, le mostraré algunos ejemplos, anecdóticos, pero suficientemente significativos. Todos los documentos del denominado Proceso de Bolonia apuestan de manera expresa por la necesidad de que los estudiantes universitarios al finalizar su periodo de estudios conozcan al menos dos idiomas de la Unión Europea. También contempla que nuestros estudiantes terminen su proceso de formación habiendo desarrollado las habilidades básicas para su inserción en el mercado laboral, especificando la necesidad de prácticas externas y de elaboración de memorias o trabajos de fin de licenciatura.

Pues bien, hace dos semanas pude asistir a una reunión en mi Universidad en la que unos estudiantes que representaban la opinión de toda una licenciatura, sintieron en carne propia las manipulaciones del Proceso de Bolonia. Reivindicaron la aplicación de las cuestiones señaladas: introducción de seminarios o conferencias en idioma inglés dentro del plan de estudios y ampliación del periodo de prácticas externas y de elaboración del trabajo o memoria de fin de carrera. Ante estas “reivindicaciones” (que me imagino que no entenderán como si fueran propias de un grupo “anti-sistema”), el “establishment” universitario se manifestó contrario. ¿Las razones? El 80% del “establishment” reconoció su incapacidad para impartir algún tipo de docencia en inglés, otros manifestaron que bueno, que no era una lengua tan importante, e incluso alguno se posicionó como que ésta no era labor de la Universidad. Para la segunda de las cuestiones, el “establishment” “apoyó” (como medida de gracia) que las prácticas externas y los trabajos de fin de grado ocuparan el 7,5% de todo el plan formativo, cuando la recomendación “mínima” en las titulaciones europeas de esa rama es del 12,5%. ¿Cómo quieren que no se quejen los estudiantes?

La burocracia universitaria se llena la boca con comunicados que, además de su mala redacción, reclaman para sí -con ampulosidad y solemnidad- la función del servicio público. Pero, ¿alguien les explicó a estos mandarines que narices es el servicio público? Si la sociedad demanda profesionales, que salgan de las universidades, con conocimiento de lenguas y una mínima experiencia profesional, ¿no son ellos, defensores del servicio público, quienes tienen que asegurar que estas demandas de la sociedad serán satisfechas? Para que creen que los ciudadanos invertimos nuestros impuestos, para que ellos sigan haciendo lo que quieren, atendiendo intereses patrimonialistas no sólo contrarios al espíritu del proceso abierto en el conjunto europeo, sino abiertamente contrarios a los fines de la universidad: educar, investigar y formar profesionales. Me apunto a la próxima manifestación.

Dr. Ismael Crespo
Ex Director General de Universidades del MEC
Profesor Titular en la Universidad de Murcia

Ismael Crespo

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología

ISMAEL CRESPO es doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM), profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Murcia y director del Departamento de Comunicación Política e Institucional del IUIOG

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