La declaración de Víctor de Aldama en la Audiencia Nacional se ha transformado en un demoledor torpedo en la línea de flotación de un Gobierno que ya estaba a la deriva. El llamado “conseguidor” ha descuartizado la poca credibilidad que le quedaba a Pedro Sánchez con unas acusaciones que implican a medio Gobierno, a su mujer y a él mismo. La retahíla de delitos denunciados va desde mordidas en dinero negro a ministros, dirigentes y presidentes autonómicos del PSOE hasta saltarse la legislación europea para agasajar a la vicepresidenta de la dictadura chavista o repartirse comisiones a granel con la compra de mascarillas en medio de la tragedia de la pandemia; incluso, pagos en especies, como el alquiler de un chalet de lujo para las vacaciones del ministro de Fomento o de una casa para su amante. Ábalos, Marlaska, Torres, Ribera, y Cerdán, entre otros, participaron presuntamente en unas operaciones más propias de la mafia que de un Gobierno democrático.
No basta, como ha hecho de nuevo el líder del PSOE, con tildar de mentiroso al empresario. Porque, de momento, Pedro Sánchez ostenta el récord de mentiras, ateniéndonos sólo a la presunta corrupción del Gobierno. Dijo que Ábalos era inocente y está imputado por el Supremo. Dijo que no conocía a Aldama y apareció en una foto abrazado con él. Dijo que su mujer era honesta y ya está investigada por cuatro delitos. Dijo que nadie había traficado con mascarillas y ya aparecen cuatro Ministerios presuntamente implicados. Y dijo que desconocía el viaje de la vicepresidenta de la dictadura chavista a España y resulta que el Ejecutivo llevaba un mes preparándolo, había alquilado una casa de lujo para que pasara unos días y el propio presidente tenía previsto cenar con ella. Sin duda, el relato del empresario resulta más creíble que los forzados desmentidos del presidente del Gobierno.
Porque Víctor de Aldama se ha autoinculpado de los delitos de cohecho y tráfico de influencias. Y saldría perjudicado si se demostrara que sus acusaciones son falsas. Para sacar provecho penal a ese testimonio deberá aportar pruebas al juez. Unas pruebas que, según ha reconocido, tiene “documentos y apuntes de todo lo que ha declarado ante el magistrado”. Por tanto, en lugar de tachar de mentiroso al empresario, Pedro Sánchez debería prepararse para lo que le va a estallar en la cara en unos días.
De momento, el juez Pedraz ha decretado su libertad, lo que indica que el testimonio tiene verosimilitud. Y si la tiene, se trataría del fin de un Gobierno que ya estaba en coma. Pues sobrevive con una minoría parlamentaria y en manos de unos supuestos socios que extorsionan sin cesar con sus delirantes exigencias y hasta se burlan del presidente.
Como suele, Pedro Sánchez se va a atrincherar en La Moncloa con la intención de que pase el tiempo. Pero, según ha anunciado, Víctor de Aldama va a seguir tirando de la manta hasta desnudar al entero Gobierno. Y, según ha asegurado, aportará pruebas de todas sus acusaciones. Si tuviera un mínimo de dignidad, Pedro Sánchez debería preparar su salida de La Moncloa. Pero ya se sabe que no la tiene. Intentará aguantar hasta el final de la legislatura. Aunque, en esta ocasión, quizás la Justicia se ocupe de echarlo a patadas para salvar a España del peor Gobierno de la democracia y, probablemente también, del más corrupto.