Desde su primera presidencia en 2016, Donald Trump dejó muy clara su percepción de que es un empresario que se estaría encargando de la redefinición de la gestión del Estado estadounidense a partir de las reglas del anti-Estado. Durante su primera presidencia, apenas tuvo tiempo de prefigurar ciertos criterios pero sin poderlos llevar a la fase operativa. En su segunda presidencia, está dejando la impresión de que viene a la reconfiguración del Estado estadunidense.
Al tomar posesión de la presidencia el 20 de enero de 2017, Donald Trump estaba absolutamente seguro de que gobernaría dos períodos de cuatro años, pero lo más importante fue que carecía de una propuesta operativa para pasar de sus críticas como empresario-candidato al Estado y hacerlo en nombre de los pequeños empresarios –básicamente farmers o granjeros-- que sostenían con sus impuestos el funcionamiento del Estado, pero su burocracia desdeñaba y maltrataba a estas células productivas que difícilmente salían de su territorio rural.
De todos los nombramientos para el período presidencial 2025-2029, incluyendo la designación de aliados, funcionarios menores de su primer período, una especialista en lucha libre física en educación, sin duda que el más importante y el que debe comenzar a analizarse como eje de su proyecto político de cuatro años --que quisiera otros cuatro, aunque la Constitución se lo prohíbe-- es el del tecnoempresario Elon Musk --dueño de Telsa y la red social X-- como encargado del nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental, cuya principal tarea será la gran reforma administrativa para terminar con la burocracia como bloque de poder y como refugio de recomendados políticos.
En la campaña de 2016, la socióloga Katherine J. Kramer hizo una investigación sobre los estados de ánimo de los ciudadanos productivos que eran víctimas de la burocracia arbitraria y autoritaria y ahí acuñó el concepto de la “política del resentimiento”: los granjeros habían llegado a un punto de ruptura en el trato con los burócratas que vivían con salarios que se pagaban vía los impuestos de los productores agropecuarios, pero que en las oficinas públicas eran maltratados y humillados. Ahí se refugió el llamado voto del resentimiento que llevó a Trump a su primera presidencia como el abanderado de una reforma que terminara con ese Estado parasitario.
Musk tendrá la tarea de realizar recortes de personal, reorganización de salarios en función de la productividad y de cambiar el sentido político del burócrata para comenzar a servir a los intereses de los ciudadanos y empresarios que pagan impuestos y no para seguir con un Estado que esconde sus ineficiencias en el modelo de Gore Vidal del Estado de seguridad nacional.
Trump viene por una segunda oportunidad con el objetivo de reconstruir al Estado estadounidense, transformándolo de un Estado de guerra a un Estado que debe ser eficiente en producción interna, y en este punto es en el que se va a discutir un acotamiento a la globalización del Tratado de Comercio Libre con México y Canadá que llevó a que muchas empresas americanas salieran de su territorio y se trasladarán a otros países con condiciones laborales menos estrictas.
Los primeros pasos de Trump se están dando en un escenario geopolítico ya de Tercera Guerra Mundial en curso, en tanto que se han definido bloques multinacionales de aliados europeos frente al bloque Rusia-China-India-Corea del Norte, con el dato adicional de que la autorización de la Casa Blanca para el uso de misiles americanos contra parte del territorio ruso fue el punto de no retorno de la mundialización de la guerra en el este asiático.
Fue muy significativo que una de las noticias más extrañas haya sido la filtración de una supuesta llamada telefónica de Donald Trump al presidente ruso Putin para advertirle --decía la interpretación noticiosa-- que sacara las manos de Ucrania, pero dejando el otro mensaje quizá más importante de que Trump no parece muy preocupado por la guerra de posiciones en una parte importante de la frontera física Rusia-Ucrania y que en los hechos estaría reconociendo el derecho de Putin de fijar una línea roja infranqueable en su frontera territorial con Ucrania, pero en el escenario de Ucrania ya como parte de la OTAN y la OTAN involucrándose en alianzas militares europeas contra Putin.
La tarea de Musk --apoyada por el político ultraconservador Vivek Ramaswamy-- como su aliado va a cambiar el perfil político de la burocracia del Estado estadounidense, en tanto que la parte más importante es la que tiene que ver con el área de seguridad nacional. Y hasta donde se tienen datos de la primera presidencia de Trump, sus nuevas prioridades no tienen que ver con la guerra y parten del criterio de que la seguridad nacional más sólida es una sociedad interna cohesionada, con bienestar y con valores recuperados.
Perder de vista que Musk es el hombre más rico del mundo, que es un empresario de alta tecnología en vehículos terrestres, que está incursionando como empresario privado en áreas antes del Estado en el ámbito espacial y que es el dueño de la empresa Tesla que ha inventado el automóvil autónomo manejado por robótica.
No se tiene claro el plan de trabajo de Musk y Ramaswamy, pero lo único cierto es que operarán en función de la crítica severa de Trump y los granjeros a la burocracia del Estado como instancia llena de parásitos y no de funcionarios al servicio de la sociedad. Y vale también para aquel primer paso que dio Trump de no enviar tropas a zonas de conflicto que tienen que ver con Europa y obligando a los países europeos a aumentar inversiones militares y de una vez por todas entrar con decisión a la creación de un ejército europeo.
La reorganización y reconfiguración del Estado estadounidense cambiará la faz del Estado de seguridad nacional bélico que definió la hegemonía mundial militar Estados Unidos desde los 14 puntos de Wilson en 1918 hasta la decisión de Biden de autorizar misiles americanos en territorio ruso.