Pedro Sánchez nunca hubiera adelantado el Congreso Federal un año de haber sabido la tormenta que se iba a desatar en su Gobierno y en su partido. Las últimas semanas han sido frenéticas para la causa: se han agolpado los escándalos, se han sucedido las corruptelas en un incesante trajín de dirigentes que hacen cola para sentarse en el banquillo de los acusados. La Justicia tiene en la diana a la mujer y al hermano del presidente, al que fuera su mano derecha y compañero de viaje, al fiscal general del Estado, a medio Gobierno y hasta a él mismo que ya se teme lo peor. Sólo la mayor farsa puede disimular el derrumbe de un PSOE que se hunde por las trampas y las sucias e ilegales maniobras de su líder. Sólo los estómagos agradecidos, algunos con los bolsillos llenos de comisiones, se agolpan en el pesebre para seguir pastando del dinero público. Para entonar el “prietas las filas” en su desesperado intento de superar la mayor crisis del partido.
Sevilla será un remedo de la plaza de Oriente franquista. El escenario para aclamar y vitorear a un caudillo repudiado por todos los demócratas. Donde los dirigentes y seguidores socialistas más fanáticos se desgañitarán hasta la nausea con sus gritos de “presidente, presidente” que recordarán al “Franco, Franco” de cuando el régimen anterior estaba tan moribundo como el Gobierno actual.
En realidad, a pesar de los cánticos de euforia, a pesar de las miles de banderitas y eslóganes prefabricados, el Congreso Federal se dispone a enterrar definitivamente al PSOE que impulsó la Constitución y emprendió la transición democrática. Y será Pedro Sánchez el que ponga el último clavo en el ataúd. El que protagonizará la gran farsa del partido que ya no es ni socialista, ni obrero, ni español. Es una secta a imagen y semejanza de su líder. Una mafia política que ha alcanzado el poder para trocear España y repartirse el pastel.
Pedro Sánchez no saldrá reforzado como pretendía. Pero aparentará haberlo logrado. Las contorsiones de María Jesús Montero y sus mariachis escenificarán un triunfo tan irreal como ese Gobierno progresista que nunca existió. Será una farsa retransmitida en directo por sus medios de comunicación afines. El gran bulo de un partido unido en su recurrente batalla para combatir a la ultraderecha. Pues ese será su último eslogan. El único argumento al que recurrirá el gran líder para tapar la corrupción que embadurna al PSOE.