www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Los dolidos

domingo 01 de diciembre de 2024, 19:29h
Actualizado el: 02 de diciembre de 2024, 16:19h
Primero, aunque ya no se recuerde, fue la calamitosa radio nacional norteamericana NPR –aquella que muchos veinteañeros escuchamos para creernos mejores, sobre todo si lo comentabas en público–, la que dejó Twitter porque le parecía muy doloroso que en esa red social la gente pudiera decir lo que quisiera –acababa de aterrizar Musk con un lavabo a cuestas–. Que por eso no es, precisamente, conocida su radio, dotada de una viperina tendencia en donde si no entras por el aro progre –tantas veces ultraprogre– no apareces, por mucho que su acrónimo diga que son la National Public Radio. Y ahora han llegado The Guardian, caminando de forma irreversible hacia su desaparición –como la de muchos medios clásicos, incapaces de entender la nueva normativa social– cuando tras ellos fue La Vanguardia, siempre a la vanguardia del estropicio, creyéndose mejores que el resto cuando durante décadas –gracias, hemeroteca– fue La Vanguardia Española, señal inequívoca de lo mucho que luchó contra Franco, cuando sí que lucha contra Elon Musk, y jamás contra la censura. Tomen nota.

Imagino que la oleada de disidentes –me descojono simplemente al tildarlos así y escribirlo en mi portátil– irán aumentando con el paso de los días. De hecho, me llegan notificaciones de varios parias sociales que se acaban de abrir una cuenta en su homónima del grupo Meta –Facebook, Instagram, WhatsApp–, que como no podía ser de otro modo, es una mísera y simplista copia de lo que antes fue Twitter y ahora se llama X. No me digan que no somos burros al cubo. Existen otras aplicaciones, como una tal BlueSky, en donde lo importante es, según deduzco, denunciar el bulo que no va contigo y dar pábulo al de tu cuerda.

Siempre le cuento esta anécdota a todos aquellos que me circundan. Y algunos, cómo no, se enfadan ante el sopapo de verdad. Pero cuando la multinacional Hilton obró contra mí un acoso laboral de libro, y yo, tras ganar cuatro juicios, lo expliqué en mis redes sociales etiquetando a la citada compañía, sólo en Twitter no ocurrió nada cuando en Facebook me dejaron un año y pico sin poder etiquetar a nadie más y en Instagram me enviaron un aviso de cierre de cuenta. Y sí, esos son los que tratan de competir con un subproducto achinado llamado Threads, donde ojo, no sólo no pueden decir lo que ellos quieran, sino que si alguno de sus suscriptores osara halagar a Trump, dudar del cambio climático o llegar a plantearse si el franquismo no fue una dictadura simplemente criminal, verán sus cuentas capadas, señal de que han tomado la mejor decisión. Luego dices Gora Eta en alguna de sus cuatro sucursales –WhatsApp, Facebook, Instagram, Threads–, cuando YouTube lleva años arrodillada, y la cuenta como si le acabaras de sacar brillo.

Parece mentira que nos creamos dotar del máximo libertinaje renunciado a él. Porque la suerte de X –antes Twitter– es que lo mismo puedes alabar a Trump, como a Kamala, como a Obama, como a ETA, como a los nazis, e incluso a Unionistas, abanderado del fútbol popular en España. O dicho de otro modo: los que se piran de X lo hacen a sabiendas de que se incrustan en un magma todopoderoso donde no se permite la libertad de expresión, salvo si fuera para agasajar al planeta woke.

Ay, los humanos y sus torpezas. Por eso, en el fondo, también somos animales. Y algunos, apestamos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
1 comentarios