www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Venezuela: entre el miedo y la esperanza

domingo 23 de noviembre de 2008, 15:43h
Si hacer elecciones fuese la medida para juzgar la democracia de un país Venezuela sera el más democrático del mundo. Desde la llegada de Hugo Chávez a la presidencia en febrero de 1999, se han realizado doce procesos electorales. Esa proliferación de consultas populares sumadas a que la desaparición de personas, el asesinato político, la tortura, la prisión y el exilio ocurren de manera aislada, hace difícil a quienes observan desde la distancia el proceso político venezolano, juzguen al gobierno como una dictadura. Y sin embargo Chávez no es un demócrata. Es un militar de rango
medio que aliado con colegas de su misma jerarquía planificó durante diez años tomar el poder por la fuerza. Fracasó en su intento golpista de febrero 1992, logró la presidencia por elección democrática en 1998, pero jamás abandonó su proyecto político que es una mezcla difusa de militarismo fascista y seudo socialismo fidelista. Pudo en poco tiempo apoderarse de todas las instituciones públicas y colocarlas de rodillas. Y, sin muchos esfuerzos, redujo a su mínima expresión a los partidos políticos tradicionales ya bastante golpeados por el desprestigio y el desgaste tras cuarenta años de alternancia en el poder.

Su ambición es transformarse, ms allá del heredero político de Fidel Castro en un líder universal. Ha manejado a su antojo la chequera de los petrodólares -que Venezuela ha recibido en cantidades inéditas- para promover clones de su revolución revanchista y excluyente en varios países de América latina. No se ha cuidado de expresar públicamente sus simpatías por movimientos narcoterroristas como las FARC, cuyos integrantes operan libremente en territorio venezolano con protección oficialista. Y es ampliamente conocida su relación con gobiernos forajidos como el de Ahmadinejad en Irán, el de Mugabe en Zimbabue y el de Lukashenko en Bielorrusia. Ha manejado un antiyanquismo de utilería para ganar simpatías de la izquierda mundial, pero su principal socio comercial es justamente el "Imperio" norteamericano.

Las repetidas victorias electorales de Chávez lograron un efecto devastador en el ánimo de la oposición que era una masa informe, difusa, heterogénea y sin líderes. Se instaló la convicción de que Chávez era invencible por el control que ejerce sobre el poder electoral y sobre el ejército, encargado de la vigilancia de los procesos comiciales. La polarización del país y el encierro de cada extremo en sus dogmas,
fijó en las mentes opositoras la figura del fraude como única explicación del Chávez Vincitor. La abstención fue la respuesta natural. Pero en diciembre de 2007 ocurriría un suceso lindante con el milagro: Chávez fue al fin derrotado cuando trató de hacer aprobar, mediante un referéndum, la reforma de la Constitución que el mismo impulsó en 1999. Esa reforma tenía dos elementos imposibles de digerir incluso por sus seguidores: la muerte anunciada de la propiedad privada cuya vigencia quedaba a riesgo del capricho gubernamental y la perpetuación de Chávez en el poder al proponerse su reelección indefinida.

No fue la oposición la que derrotó a Chávez en el referndum del 2-12-07 sino la abstención de las huestes chavistas. Mientras el bando opositor obtuvo un incremento de algo más de cien mil votos, más de tres millones de chavistas dejaron de votar por la propuesta de su líder. Hasta el da de hoy el país ignora cuáles fueron los resultados definitivos de ese proceso. El Consejo Nacional Electoral ha eludido su deber de ofrecer esas cifras. Y el porqué del reconocimiento que Chávez hizo de su derrota continúa siendo objeto de las más diversas especulaciones, entre ellas la supuesta presión del Alto Mando militar que se negó a convalidar un fraude.

El domingo 23 de noviembre Venezuela se enfrenta a otra consulta electoral, esta vez para elegir gobernadores, alcaldes, diputados regionales y concejales metropolitanos en la Gran Caracas. Lo que debería ser un proceso limitado a cada Estado y municipio del país, ha sido transformado por Hugo Chávez en una guerra. Quienes no lo siguen ciegamente son sus enemigos a los que hay que aniquilar (sic) Seguirlo significa votar por los candidatos que él eligió a dedo con desprecio total por la opinión del partido político creado a su medida: el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) Chávez
es el jefe de campaña de un montón de aspirantes mudos y desconocidos y el Júpiter tonante contra sus adversarios. Es especialmente agresivo contra aquellos chavistas traidores que desobedecieron sus órdenes y se postularon por cuenta propia. Obliga a la población a soportar cuando menos una alocución diaria de varias horas que todas las radios y televisoras del país están obligadas a transmitir. Chávez insulta a sus adversarios, "narcotraficante", "ladrón", "mafioso", "corrupto" son los epítetos usuales. Los ha amenazado con llevarlos a la cárcel y con no enviar recursos a las regiones donde gane la oposición y en cambio enviarles tanques militares. Entendamos que lo que Chávez se juega no es poco: insistir en su reelección ad eternum.

A pesar de las amenazas, improperios y abusos que incluyeron la inhabilitación arbitraria de varios candidatos opositores bien ubicados en las encuestas, el abstencionismo de la oposición parece haber sido derrotado Hay optimismo aunque moderado sobre la posibilidad de quitarle al chavismo su hegemonía actual. Se estima que la oposición podría ganar de cinco a diez gobernaciones, entre ellas algunas emblemáticas, y un buen número de alcaldías. El fantasma del fraude persiste y el perpetrado recientemente en Nicaragua por Daniel Ortega, compinche de Chávez, es una campanada de alarma. Las autoridades electorales venezolanas han negado, igual que en aquel país, la acreditación de observadores internacionales no afectos al gobierno. Pero cada candidato debe haber organizado sus equipos de vigilancia y supervisión del proceso. El miedo a la ilimitada impudicia oficialista no ha desaparecido, pero crece el convencimiento de que solo la vía electoral puede derrotar democráticamente a quien no lo es. Es el retorno de la esperanza.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios