www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Novela

Catalina Murillo: Una mujer insignificante

domingo 08 de diciembre de 2024, 22:31h
Catalina Murillo: Una mujer insignificante

Alfaguara. Barcelona, 2024. 154 páginas. 17,95 €. Libro electrónico: 10,44 €.

Por Aránzazu Miró

Catalina Murillo es una escritora y guionista costarricense que lleva publicadas unas cuantas obras a las que no es fácil acceder. Es la gran distancia que separa los dos continentes de escritura hispánica. Un abismo que no requiere traducción (otra cosa será la cuestión de las adaptaciones lingüísticas) no nos permite leernos unos a otros con facilidad.

No me gusta escribir sobre una escritora prolífica sin conocer su trayectoria o parte, al menos. Con Catalina Murillo, autora de Largo domingo cubano, Tiembla, memoria, Marzo todopoderoso, Eloísa vertical, Premio Nacional de Novela de Costa Rica con Maybe Managua, que ha sido profesora de guion y de escritura creativa en los Talleres Fuentetaja, no lo he conseguido. Sé que ando en una isla, pero me cuesta hacerme a la idea de que en este siglo de la globalización pueda seguir tan aislada. Ni en librerías físicas, ni en bibliotecas públicas di con su obra; opté por realizar un encargo postal que, en el momento de escribir mi texto, sigue sin llegar. Será por motivos como la Dana meteorológica, por intereses comerciales punteros prenavideños, el caso es que mi buzón sigue vacío.

Una mujer insignificante la ha publicado Alfaguara y, sin dedicatoria, está precedida de un triste encabezamiento: «Los chismes no se dedican». No contiene chismes, esta novela, aunque sí se adentra en el pormenor de las relaciones de una familia, en una relación madre-hija y todo lo que la envuelve. Y lo mejor es cómo se adentra, la manera en que se entromete literariamente en la vida de Mauricio Zamora, su padre, Águeda su madre, las dos hermanas y Jean Patin, el francés amigo de antiguo de Mauricio. Todo comienza con una carta, «ese pequeño papel que atravesó el océano, encontró su destinatario y trastocó la vida de toda mi familia».

Si quieren saber qué trastoca y cómo, deberán leerla. Con Catalina Murillo nos metemos en esa familia, tiempo atrás, cuando las hijas eran tres veinteañeras y todos estaban vivos, todavía, para entender desde dentro cómo la literatura nos puede narrar la vida de una familia, una de esas que no eran precisamente felices (recordando a Tolstói) pero de las que tampoco destacaríamos nada especial, salvo que alguien como la escritora sepa hurgar, ir y venir y narrárnoslo. «Somos tres hermanas, yo soy la de en medio, ergo soy la escribiente, la que toma nota, la que vive para dejar testimonio» y para, quizá, pedir perdón por relatar con cierta impudicia y falta de respeto «la vida de quien mantuvo su intimidad bajo llave». Aunque, claro, reflexiona ella en su escritura mientras intenta entender qué quiere hacer, «toda memoria es invención».

Catalina Murillo hace invención, digo memoria («qué es recuerdo, qué es invento, qué fusión y qué confusión»), de una vida familiar en la que los progenitores, ya no viven, que tenía algo de oscura, pero también de hermosa; como todas. «Es que he tardado décadas en entender que la belleza era eso».

Y, ¿qué es lo que ocurre en realidad en esa familia? Que las hijas crecen, y con la adolescencia comienzan a cuestionar todas las certezas, y la autoridad, que creían que residía en casa. Y alcanzan la edad de sus padres cuando murieron, y la autora siente una pulsión interior que le lleva a la reflexión escrita: «No puedo seguir postergando lo que tengo que contar, lo que me ha sido imperioso sacarme de dentro, eso que me hizo sentarme a escribir, tras años de narrativa errante, por así llamar a las tantas veces que conté esta historia». De la narrativa oral a la escrita, de lo que pudiera ser una vivencia familiar a convertirlo en novela.

Eso es exactamente lo que hace la francesa Annie Ernaux; he pensado en su literatura leyendo a Catalina Murillo. Y, sin embargo, es muy diferente la escritura que nos propone Murillo, sobre todo en el planteamiento estructural; aunque ambas resulten descarnadas. El destino es el mismo, quizás, pero otra es la elaboración.

Este libro me ha gustado y me ha desconcertado a partes iguales, en que una mujer insignificante no es, probablemente, aquella en quien llevábamos pensando toda la novela.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios