Pedro Sánchez no tuvo tiempo para asistir al funeral por las víctimas de la dana. Pero dedicó la mañana de este martes a organizar un multitudinario acto con todo su Gobierno y los militantes más sectarios para resucitar a Francisco Franco en medio de la apoteosis progresista. El presidente se ha sacado de su mugrienta chistera una macabra celebración, aprovechando que se cumplen 50 años de la muerte del dictador el próximo año con el eslogan “50 años de libertad”. Y esa es la primera manipulación de la Historia, el mayor bulo de su próxima parafernalia. Porque fue en 1.978, con la aprobación de la Constitución cuando comenzó la transición, cuando España recuperó la democracia gracias, en especial, al Rey Juan Carlos, quien se apoyó en Torcuato Fernández Miranda, Adolfo Suárez y Felipe González, entre otros, para poner en marcha la Monarquía parlamentaria, que dio paso a la mejor época de libertad y prosperidad de España. Naturalmente, ninguno de ellos tendrá el protagonismo que se merece en este macrofestival “progresista” anunciado a bombo y platillo por Sánchez y sus corifeos. No hay que descartar que, al final, el propio presidente salga en hombros como el gran artífice de la instauración de la democracia en nuestro país.
Pedro Sánchez está cercado por múltiples casos de corrupción que afectan a su familia y a medio Gobierno, ha perdido su mayoría parlamentaria, no puede salir a la calle porque le abuchean hasta los socialistas de toda la vida, Puigdemont le chantajea y se burla de él cada día, Podemos y los comunistas le aborrecen. Nadie le respeta por sus mamarrachadas políticas, por sus piruetas ilegales para enrocarse en el poder y por sus continuos gestos autoritarios asaltando las Instituciones para blindarse. Pero ha decidido intentar salir del atolladero recurriendo a su truco favorito: arremeter contra el fascismo erigiéndose en el salvador de la Humanidad. Se inventa un bulo para achacar cada barrabasada que comete a las maniobras de la ultraderecha. Los casos de corrupción que le rodean obedecen a la judicialización de la política. Las innumerables críticas a su persona y a su Gobierno provienen de los medios de comunicación de la ultraderecha. Y el PP y Vox arremeten contra él por ser unos antidemócratas que no reconocen que su Gobierno es legítimo. Así intenta defenderse. Pero ya no le basta. Ahora ha vuelto a exhumar al dictador para impulsar su carrera política utilizando el Valle de los Caídos como trampolín para surcar el cielo en busca del paraíso.
No le falta razón a Isabel Díaz Ayuso. Sánchez ha enloquecido. Y también es verdad que no es improbable que el centenar de actos (sí, más de 100) en “honor” a Franco desembocarán en movilizaciones callejeras para agitar a las turbas de la extrema izquierda y sembrar el caos. Así, podrá seguir acusando a la ultraderecha de todos los males, incluidas las algaradas y la violencia que pueden provocar sus propios escuadrones de radicales.
En lugar de gobernar con inteligencia y sensatez, en lugar de dedicar su tiempo y el dinero de los contribuyentes a mejorar la calidad de vida de los españoles, Pedro Sánchez va a invertir parte de los presupuestos a organizar fiestas “democráticas” para festejar la muerte de Franco. Como si así fuera a lograr algún beneficio para la vida de los ciudadanos. Pues, al final, como Franco, su carrera política se basa en la propaganda, en la manipulación de la realidad. Para el dictador, los comunistas y los masones eran los grandes enemigos de España. Para Sánchez lo son los partidos, jueces y periodistas de la ultraderecha. Como dos gotas de agua. Porque el fascismo y el comunismo (ahora denominado progresismo) son las dos caras de la misma moneda. Y, porque, de nuevo, Franco es el mejor aliado de Sánchez. El único que le queda para resucitar.