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TRIBUNA

Cuentos populares de Méjico

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 13 de diciembre de 2024, 20:16h

La muy prestigiosa Editorial “Fondo de Cultura Económica” acaba de sacar una colección de 160 cuentos populares mexicanos, recopilados y reescritos por el escritor ítalo-mejicano Fabio Morábito. Muchos de los cuentos no sólo han tenido que ser reescritos en una versión que pudiera sintetizar varias, sino que también han tenido que ser traducidos al español, dado que bastantes de ellos se mantenían en una tradición oral de lenguas precolombinas aún habladas, como el náhuatl, el pochuteco, el purépecha, el mazahua, el tzeltal, el zoque, el kiliwa, el maya, el tepehuano, el chatino, el otomí, o el ñuhu. La impresión étnico-cultural que nos ofrece esta espléndida muestra de cuentos es impactante y abrumadora. Muchos de los cuentos están arraigados en la tradición española medieval, otros incluso hunden sus raíces en los cuentos y las fábulas de animales del Mundo Clásico, así como en la mitología greco-latina, otros vienen de Centroeuropa y coinciden con las colección de cuentos de los Hermanos Grimm, y otros nos llevan al imaginario precolombino y a su fastuosa mitología. En muchos de ellos vemos las funciones que G. S. Kirk asignaba a los mitos en su obra La naturaleza de los mitos griegos. Así, pueden entenderse como explicaciones de fenómenos naturales y cosmológicos, o como etiologías que explican algo perteneciente al mundo real, o como estatutos de las costumbres, instituciones o creencias, según Malinowski, o como psudo-historia, o como una recreación nostálgica de la Edad de Oro, según Mircea Eliade, o como ritos religiosos, o como expresión perfecta de la psychê humana, como puro contenido antropológico de la especie: los remanentes arcaicos de Gustav Jung. Algunos cuentos de esta vasta colección, hubieran encantado a Freud, como el cuento de “La hija del rey del Sol Adorado”, en que un fiel vasallo se ve obligado a cometer una serie de acciones irrespetuosas, como matar el caballo del rey – asunto que se repite en un cuento ruso -, destruir el traje de novia de la princesa e incluso hasta chupar los pechos de la propia princesa hasta hacerle sangre, para salvarla a ella misma y a su príncipe. Ahora bien, también existen diferencias claras entre los cuentos y los mitos. Los mitos pretenden darnos una explicación fundacional de aquello que forma parte de nuestra realidad conocida, desde el color de ciertas frutas hasta en porqué de la conducta de algunos animales. Aportan con ello una explicación de nuestro entorno, pero carecen de suspense, que representa la médula de cualquier cuento. Sobre todo, es imposible identificarse con ellos, porque aquello que los mitos narran pasó “de una vez por todas”, sin posibilidad de repetirse. Los cuentos, en cambio, pueden suceder una y otra vez, en lugares y tiempos distintos. Los cuentos cumplen la función de recordarnos nuestra incapacidad de controlar nuestro entorno, aún el más familiar y doméstico. Muchos de los cuentos nacen de un desplazamiento o traslado del protagonista, casi siempre originado en un abandono de los padres, por la aspiración a una vida mejor, por el deseo de conocer a alguien, de llevar un mensaje a alguien, o simplemente de recorrer el mundo. El viaje es el comienzo de lo sobrenatural y basta con franquear los límites de la propia comarca para que el mundo adquiera otra fisonomía. Es evidente que el realismo mágico americano no ha tenido que mirar fuera de sus propias fronteras para llevarse a cabo. La propia antropología americana es mágica. Los perros escribieron una carta a Tlácoc para que el dios viera el modo de evitarles los sufrimientos que les causaban los hombres. Los canes eligieron a un perro topil para llevar la carta adonde habitaba Tlácoc, y se la escondieron en el ano. Como no se ha vuelto a saber nada del perro topil mensajero, los canes se miran el ano para ver si alguno de ellos lleva la carta de respuesta. Un gato, de factura esópica y de Babrio, salva a los animales que una pareja de ancianos iba a matar al día siguiente, y los vuelve a salvar de dos coyotes enseñándoles la cabeza de un león. Una bellísima princesa quería vivir en un árbol, y una criada negra y fea la mata por celos con un fistol. La princesa se transforma en una paloma parlante que la denunciará ante el príncipe y sus hermanas, y la negra malvada acaba descuartizada arrastrada por dos mulas. Los negros nuruch paraecen simpáticos y son parlanchines, pero, en realidad son despiadados caníbales que comen a los huéspedes. En la Edad de Oro los machetes y las hachas trabajaban solos en el campo hasta que el milagro lo descubrieron las mujeres, cuyos maridos lo ocultaban. Descubierto el milagro por las mujeres, comenzó el trabajo de los hombres y terminó la Edad de Oro. Un mujeriego se quedó sin miembro después de pasar una noche con una bruja, que días después de lo devolvió advirtiéndole que sería la última vez que hacía sexo extramatrimonial. Un coyote y un perro intercambiaron sus cuerpos, pero dada la mal experiencia volvieron a coger su cuerpo genuino, porque cada uno sigue su propia naturaleza. Los duendes siempre nos siguen aunque nos cambiemos de casa. La Llorona representa el castigo que da Dios a las madres que matan a sus hijos. Los cuentos no siguen la moral al uso; con harta frecuencia el protagonista del cuento es un ladrón simpático o un facineroso ingenioso que sale con éxito de sus aventuras. Donde orina una princesa se restaura el árbol talado. La crueldad es frecuente en el cuento; dos hermanos malvados matan al tercero por envidia, un padre de familia numerosa abandona a uno de sus hijos que está a punto de ser comido por una bruja del bosque – cuento que reaparece con los Hermanos Grimm -, etc, etc. La Doncella y la Fiera es una versión de la Historia de Psychê, de Apuleyo. Un hijo desalmado ahorca a su vieja madre en un árbol del bosque “para que enderece sus ramas”, le saca el corazón y cuando vuelve a casa se lo entrega a su hermana para que lo cocine. Un venador mataba a muchos venados cada día, y un día vio a tres venados que hablaban de él entre ellos, se asustó y no les disparó. Al día siguiente se le aparecieron en el bosque tres hermosas muchachas, y una de ellas se hizo novia de él, y le llevó a su pueblo. Mientras se besaban con pasión un ratoncito le advirtió de que aquella gente era en realidad un pueblo de venados, y le ayudó a escapar para que no se lo comieran. El cristianismo también está muy presente en estos cuentos. Así, Cristo, acompañado de San Pedro, salva al padre de un herrero vanidoso. Jesús transforma piedritas en galletas para los pobres. El cura sumido por un rayito de gloria en un éxtasis de muchos años, y que cuando vuelve al presente no reconoce su propia Iglesia en ruinas nos recuerda a San Virila, de cuyo rapto también escribió Salvador Dalí. Pero también el diablo está muy presente en estos impactantes y turbadores cuentos.

Gran parte de estos cuentos nos recuerdan los escritos del gran Antonin Artaud, el fundador del teatro de la crueldad, sobre el deslumbrador Méjico polimorfo y delirante, tras sus estancias en Méjico y su larga convivencia entre los tarahumaras.

Conoceremos más a Méjico por estos cuentos que por su Historia política. ¡Viva Méjico!

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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