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TRIBUNA

Erik El Rojo y el cambio climático

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
viernes 20 de diciembre de 2024, 19:52h

Penetro en campo minado.

Cuando Erik El Rojo escapó de Islandia (Tierra de Hielo), recaló en Groenlandia (Tierra verde), a la que bautizó, con este atractivo nombre, para que le siguieran, engañados, algunos colonos, hartos de vivir en el hielo. Porque amigos, Groenlandia, cuatro veces más extensa que España, es un témpano de hielo que, solo algunas veces y en algunas zonas, deja ver la tierra que tiene debajo y que, si se derritiera, elevaría siete metros el nivel del mar.

El amigo Erik, es otro de los líderes mentirosos, de los que la historia humana está abarrotada, a los que nunca les falta ganado crédulo al que apacentar, en su beneficio.

La superficie, de tierra, del planeta, es de 149 millones de kms cuadrados. De ellos existe, aproximadamente un tercio (noventa veces la superficie de España), inhabitable por bajas temperaturas y que sería más amigable después de un cambio climático no demasiado abrupto.

No podemos, por tanto, considerar que La Tierra está en un equilibrio ecológico cuya rotura sería, siempre, a peor. Hay que asumir que, con el cambio climático, parte de la Tierra mejoraría y otra empeoraría.

Quizá, visitantes exteriores considerasen a nuestro planeta como bastante inhóspito, con demasiada superficie inhabitable por el calor o el frío. Y tal vez decidieran, si tuviesen poder para ello, provocar un efecto invernadero controlado, que hiciera el planeta más habitable. Así lo harán los colonos que, algún día, se establezcan, en La Luna o Marte, alterando su clima insoportable y su ausencia de oxígeno.

Sin embargo, la invasión de lo “progre” ha llegado a establecer, como axioma, que el equilibrio climático actual de La Tierra es perfecto, por lo que no ha de sufrir alteraciones que serían, siempre, a peor. Se mira con lupa cualquier obra que haga obligatorio intervenir en la naturaleza y se trata de impedirla, si altera el ecosistema existente.

Pero los acuerdos que se toman, en los foros internacionales, para el control del cambio climático, saltan por los aires, porque hay naciones que se consideran perjudicadas. Unas porque impiden su huida de la pobreza, otras porque creen que alteran el equilibrio de poder en su perjuicio y otras porque creen que un cierto calentamiento global les beneficiaría.

En una entrevista, se puso a Trump, cuya finura en los comentarios nadie es capaz de alabar, ante los radicales cambios que el efecto invernadero iba a provocar en el clima, y este lanzó el exabrupto de que en el norte de EE.UU. hacía demasiado frío.

Es consciente, lógicamente, de que otros países saldrían perjudicados, pero no le “amarga el dulce” de aceptar un calentamiento “controlado” que no perjudicara a su economía e hiciera habitable y explotable la gran parte de su territorio, que hoy día no lo es.

Me cuesta aceptar que las reticencias de un país como EE.UU., a llevar a cabo medidas acordadas para la contención del cambio climático, se carguen, sin ningún matiz, a la cuenta de la torpeza personal de Trump o de un equipo técnico, que estaría integrado por una pandilla de botarates, sordos y ciegos a la realidad y a los informes técnicos de otros expertos internacionales.

Yo creo que esta decisión ha de estar avalada por consideraciones, que han de ser muy importantes. Una de ellas es, seguramente, la percepción por EE.UU. de que, las medidas para evitarlo, causarán una gran alteración en el reparto de poder económico entre las naciones y que irán en su perjuicio.

El movimiento ecológico, tan necesario para cuidar la permanencia del ser humano en nuestro planeta, no tendrá éxito, si no incluye, en sus estudios y decisiones, el deseo de la humanidad entera, la de todos los países, de no renunciar al progreso y al bienestar de todos y cada uno. Si no es así, será un sálvese quien pueda.

Jugarán a un juego peligrosísimo, pero no más que el de las eternas pugnas, entre países que amenazan con sus misiles de destrucción masiva. ¡Pobre ser humano!

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