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Memorias

Ignacio Martínez de Pisón: Ropa de casa

domingo 22 de diciembre de 2024, 23:24h
Ignacio Martínez de Pisón: Ropa de casa

Seix Barral. Barcelona, 2024. 304 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. El escritor zaragozano afincado en Barcelona nos regala unas estupendas memorias, donde somos privilegiados testigos de cómo se forja su “don de contar historias”.

Por Rafael Fuentes

El 27 de diciembre, con este 2024 a punto de concluir, Ignacio Martínez de Pisón cumplirá 64 años. Le ha parecido, y lo es, un buen momento para volver la vista atrás y poner negro sobre blanco sus recuerdos de infancia, adolescencia y juventud y su caminar hasta el escritor en que se convirtió. Uno de los más reconocidos desde que se diera a conocer en un lejano 1984 con la novela La ternura del dragón, que se alzó con el premio Casino de Mieres. A esa novela, le siguieron Carreteras secundarias -llevada al cine por Emilio Martínez Lázaro, con guion de este y el propio autor de la novela-; María bonita; El tiempo de las mujeres; Enterrad a los muertos -una extraordinaria indagación, a caballo entre la narrativa y el ensayo, sobre la desaparición y asesinato del traductor de Doss Passos, José Robles Pazos, convencido republicano, a manos de agentes soviéticos-; La buena reputación; Derecho natural; y Fin de temporada, entre otras, que le han valido numerosos premios: el Rodolfo Walsh, el Dulce Chacón, el de las Letras aragonesas, el de la Crítica, el Nacional de Narrativa…

Ropa de casa encierra unas excelentes y muy honestas memorias, sin alharacas, engreimientos ni autobombo, sino desde la sinceridad y la sencillez de quien profesa una gran pasión a su vocación de escritor, pero no cree en mitificaciones de esta profesión. Martínez de Pisón escribe con “ropa de casa”, y así le sentimos cercano, próximo, casi como un amigo que en la intimidad del hogar desgrana episodios de su vida. Se describe a sí mismo como “ni alto ni bajo, ni guapo ni feo, ni bueno ni malo, pero dotado, eso sí, del don de contar historias”.

Arranca con un viaje a Segovia para consultar en el Archivo Militar la hoja de servicios de su padre, José María Martínez de Pisón Gaztelu, “un militar vocacional y tardío en una época llena de militares prematuros y a la fuerza”. Destinado a Logroño, allí pasó Ignacio Martínez de Pisón buena parte de su niñez, aunque había nacido en Zaragoza, pues su madre allí viajaba cuando le faltaba poco para dar a luz: “Como buena aragonesa, quería que sus hijos también lo fueran”. Y a la capital aragonesa regresó con su madre y hermanos, tras el prematuro fallecimiento de su padre cuando el futuro escritor contaba nueve años.

Una parte primera de Ropa de casa se centra en sus abuelos, sus padres, su niñez y adolescencia: “Mis padres se habían confabulado para que tuviéramos una infancia sin preocupaciones ni sobresaltos”. Luego la muerte de su progenitor supuso un desgraciado y abrupto suceso, a partir del cual cobrará mayor importancia la figura de su madre, “una mujer menuda y nerviosa que se despertaba con el alba para trastear en la cocina y comía menos que un gorrión […] Crecida en plena postguerra, mi madre perteneció a la última generación de españolas educadas para consagrarse a la casa, el marido y los hijos”. Evoca su casa en Logroño y luego las distintas que habitó en Zaragoza, sus años escolares, primero con los escolapios, en el colegio Santa Isabel, en Logroño, y luego en otro centro en Zaragoza, gestionado por los jesuitas, en el que convivían sacerdotes preconciliares con otros más modernos. Y comparte con los lectores confesiones íntimas: “El hecho de que en mi casa nunca se hablara de sexo convertía los primeros ardores de la pubertad en un misterio inesperado y carente de explicación. Que esos ardores podían aliviarse en soledad lo descubrí gracias a Mateo”.

Después, también en la ciudad del Ebro, se matricula en Derecho, y se presenta a los exámenes de algunas asignaturas, “para que mi madre no lo viera como una claudicación”, pero empieza Filología Hispánica, mucho más de su agrado: “Mi fascinación por la literatura era entonces candorosa e indiscriminada: quería leerlo todo, estudiarlo todo, saberlo todo”. Y había un aliciente más: una compañera, María José, que será la mujer de su vida: “A su lado experimentaba una sensación de plenitud que me resultaba desconocida”. En la carrera, le imparten clases profesores, como, entre otros José-Carlos Mainer, autor del decisivo ensayo La Edad de Plata.

En la que podríamos considerar segunda parte de sus memorias, cambia de escenario: “Me instalé en Barcelona a principios de septiembre de 1982”. En la Ciudad Condal, cursa Filología italiana, y empieza a introducirse en el mundillo editorial y literario, y a entablar amistad con algunos escritores y periodistas. Por las páginas de Ropa de casa desfilan Buñuel; Félix Romeo -amigo del alma, fallecido con poco más de cuarenta años-; Juan Cueto; Juan Cruz; Enrique Vila-Matas; Bernardo Atxaga; Rafael Conte; Javier Tomeo; Jorge Herralde; Beatriz de Moura; y Javier Marías, con quien mantiene una compleja amistad, finalmente truncada.

Ignacio Martínez de Pisón entrelaza anécdotas y reflexiones, en una obra -concluye en 1992-, que da cuenta de su condición de buen narrador, y que es también el retrato de una época de la sociedad española.

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