Yolanda Díaz, Pepe Álvarez y Unai Sordo han celebrado como una gran victoria la firma del acuerdo sobre la reducción de la jornada laboral de 40 a 37,5 horas semanales. Han posado para los fotógrafos abrazados y sonrientes, a pesar de ser conscientes de que no entrará en vigor. Que es papel mojado. Han alardeado de una inexistente conquista laboral.
Y es que, los protagonistas del acuerdo “fake” andan dando tumbos. Yolanda Díaz ha fracasado políticamente. Pierde votos cada día que pasa y Sumar se hunde en la irrelevancia, como recogen todas las encuestas; mientras, Podemos recupera el terreno perdido. Los electores no pagan traidores. Pepe Álvarez, por su parte, se siente obligado a protagonizar gestos a favor de los trabajadores, después de dedicar todo su tiempo a servir como un lacayo a los intereses de Pedro Sánchez; recientemente con su humillante viaje a Waterloo para pedir árnica al golpista y recuperar sus 7 escaños para el Gobierno. Y Unai Simón tenía que recuperar su protagonismo, tras su desaparición de la escena política y de sus obligaciones sindicales. Por eso, los tres han decidido darse un impulso mediático. Pero, aunque lo oculten, su acuerdo no es más que un bulo.
A Yolanda Díaz le ha salido muy cara su arrogancia de rechazar todas las propuestas de la patronal y dejar a la CEOE fuera del “diálogo social”. Resulta inútil sacar adelante la reducción de la jornada laboral sin contar con los empresarios. Y una irresponsabilidad, creer que podían contar con el apoyo en el Congreso del PNV y Junts. Porque los nacionalistas vascos y catalanes confirman la inexistencia del Gobierno progresista, pues se encuentran más cerca de los empresarios que de los postulados comunistas de Yolanda Díaz.
La cacareada reducción de la jornada laboral, por tanto, no será aprobada en el Congreso de los Diputados, ni entrará en vigor este año, a pesar de las promesas y mentiras de la vicepresidenta comunista. Pues ni siquiera el PSOE está de acuerdo con el pacto, como ha declarado Carlos Cuerpo, el ministro de Economía. Yolanda Díaz ha llevado al fracaso a su partido en las últimas elecciones. Ha usado a los líderes sindicales de conejillos de indias. Y ha impuesto una reducción de la jornada laboral que es una estafa. Pero ella sonríe hasta romperse la mandíbula y se abraza a las farolas.