Pocos observadores existen en España tan sagaces, tan bien informados...
Pocos observadores existen en España tan sagaces, tan bien informados, tan equilibrados como el novelista Juan Manuel de Prada que, desde hace muchos años, mantiene una columna periodística de lectura imprescindible.
El infantil borrado del teléfono móvil del fiscal general supone una acusación manifiesta de que contenía datos comprometedores para Pedro Sánchez y su Gobierno. Juan Manuel de Prada así lo subraya. Pero no se queda ahí. Cree que el asunto es mucho más profundo y encierra claves políticas sobre las intenciones sanchistas de afianzar su cesarismo con la destrucción del equilibro institucional derivado de la Constitución de 1978.
“La defensa de las fullerías del fiscal general -escribe Prada- encubre maniobras de muchísimo mayor calado. El doctor Sánchez, cercado por la corrupción, sabe que para librarse de la cárcel necesita colonizar y desnaturalizar todas las instituciones públicas y, entre todas ellas y antes que ninguna, la Fiscalía, que desea convertir en el cortafuegos de todas las pruebas incriminatorias que aparezcan contra él”.
Juan Manuel de Prada señala las maniobras sanchistas para debilitar a los jueces a través de una reforma legal que encargue a la Fiscalía la instrucción de las causas penales. Si se consumara la maniobra, la instrucción de los procedimientos contra Sánchez y contra los miembros de su Gobierno quedará en manos de una Fiscalía que dependerá de ese Gobierno al que debería inculpar e investigar. Claro que para eso Pedro Sánchez necesita a un fiscal general adicto, a un alfil que sortee las acusaciones y las esterilice.
La sagacidad de Prada ha hurgado en la herida abierta de la situación actual. ¿Se llevará a cabo el proyecto sanchista de desposeer a los jueces de la instrucción y trasladarla a la Fiscalía? El tiempo nos dará la respuesta.