Sobrevivir no es un objetivo razonable. No se nos ha dado la vida para padecer, ni para sumergirnos en callejones poblados de miserias.
Es sí, una lamentable consecuencia y un atropello al Derecho Natural, que por lo general conduce al individuo a la claudicación llevándolo al más mísero abandono, cuando por las razones que sean, pierde el control sobre sí mismo…
Se sobrevive individual y colectivamente cuando se recibe la injusticia de los olvidos, cuando se es víctima de ninguneos y manipuleos como si fuera un muñeco o un producto descartables con destino a la papelera de la caducidad en un mercado sin alma.
Sobrevivir es un caminar que no conduce paso a paso aproximándose, hacia la dignidad…
Sobrevivir es ser prisionero de atropellos prepotentes, que privan de la libertad…
Sobrevivir es integrar las trágicas diásporas de la desesperanza…
Sobrevivir es sentir la necesidad de abandonar la propia tierra, como una víctima inocente de las mafias… o lanzarse a los mares en búsqueda de los resplandores que allí se niegan …
Sobrevivir es quedar a merced de los tiburones en los fondos de los mares, por aquellos a quienes nada les importa la vida de sus semejantes…
Sobrevivir no es vivir, es aproximarte a la muerte…
Sobrevivir es ser considerado un “don nadie”, explotado salvajemente y ninguneado por soberbios enquistados en sus cúspides piramidales …
Sobrevivir es valorar los órganos más que la propia vida…
Sobrevivir es llorar sin que nadie comparta ese dolor…
Sobrevivir es representar apenas un frío número en los cálculos mezquinos, en los porcentajes de la codicia, en el despojo escondido en las cuotas de la más cruel avaricia del sistema financiero…
Se nos ha dado la maravilla de la vida, junto a un inmenso potencial. Y todo gratuitamente, para que el ser humano se forje, se realice en una fragua siempre encendida en aras de un venturoso destino.
Entonces, el objetivo debe ser vivir al servicio del Amor, con todo el ardor y la pasión que nos sea posible, atentos a las amenazas del oscurantismo cultural que otros aprovechan para envolvernos en sus arteros instintos, para impedirnos el despertar de elevarnos al levantar vuelo, aunque el precio a pagar por conquistarlo todo sea con sangre, sudor y lágrimas…
La Providencia, nos ha regalado la vida y también a nuestros hijos y nietos, a quienes desde el nido hemos puesto en camino y tensando el arco para lanzar la flecha que ellos representan con su existencia.
Luego, la altura y el alcance de sus vuelos dependerán de ellos, puesto que son los que en definitiva podrán optar por alcanzar el destino de sus sueños al remar con sacrificios mar adentro, o por sus caprichos insensatos dejarse envolver por la declinación si desfallecen, sin recoger cosecha alguna, sin sembrar semillas de salvación para su porvenir o para el bien de sus semejantes claudicando en la sagrada misión para la que han recibido gratuitamente, esta maravilla que es la vida…