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EDITORIAL

La dana saca del barro lo mejor y lo peor de España en 2024

lunes 30 de diciembre de 2024, 08:14h

La dana que arrasó Valencia hace ahora 2 meses ha sacado a la luz lo peor y lo mejor de España. El compromiso del Rey con las víctimas y la avalancha de voluntarios que acudieron a ayudar a los damnificados por la tragedia son, sin duda, lo mejor que ha ocurrido este año en nuestro país. La mediocridad y el sectarismo de la clase política, lo peor.

La mayor tragedia natural que ha sufrido España en su historia ha vuelto a demostrar que el gran problema de nuestro país es la mediocridad de la clase política en general: la falta de escrúpulos del Gobierno, que se ha lavado las manos, pero ha cometido la indecencia de intentar aprovechar la dana para salir del atolladero, y los complejos y la ambigüedad del PP, incapaz de plantar cara a la más perversa maniobra de Pedro Sánchez y sus siniestros socios.

Los errores y la torpeza de Carlos Mazón en la gestión de la dana son indiscutibles. Nadie, pues, puede defender al presidente de la Generalidad que ha ido dando tumbos desde que llegó tarde y mal a la reunión de Emergencias mientras almorzaba tranquilamente.

Pero aún ha sido peor la actitud de Pedro Sánchez. La deriva del PSOE cercado por la corrupción y el fracaso de un Gobierno en manos de los separatistas, que en lugar de actuar al frente del Estado, ha dimitido de sus funciones. Valga como ejemplo que dos meses después de producirse la tragedia, todavía no ha llegado ni una mínima parte de las millonarias ayudas prometidas por Sánchez.

Pero la dana también ha sacado a la luz lo mejor de nuestra nación: la figura del Rey y la solidaridad de los españoles. Felipe VI dio un ejemplo de templanza, dignidad y valentía. En su visita a Paiporta, uno de los pueblos más devastados por la dana, la comitiva del Rey, acompañado por Sánchez y Mazón, sufrió la frustración y la ira de los vecinos que lanzaron barro, piedras, botellas y hasta cubos. Pero Felipe VI, en lugar de escabullirse y huir como hizo el presidente del Gobierno, se acercó a escuchar, mostrar su comprensión e intentar calmar a los vecinos que gritaban su desesperación por la tragedia y por sentirse abandonados por las Instituciones. El Rey todavía tuvo tiempo de dar otra lección a Pedro Sánchez al declarar que “a esas personas hay que darles esperanza, atenderles, pero también garantizarles que el Estado en toda su plenitud está presente”. Porque ése ha sido el mayor error de la gestión de la tragedia: la ausencia del Estado. El presidente del Gobierno se ha escabullido de sus responsabilidades como se escabulló del estallido de ira de los vecinos.

Pero, además de la valiente y ejemplar actitud del Rey y su compromiso como jefe de Estado, hay que destacar la solidaridad de decenas o cientos de miles de voluntarios que, de todas las edades e ideologías y llegados de toda España viajaron a Valencia por sus propios medios para ayudar a los afectados por la tragedia. Esos voluntarios se comportaron como exigía una catástrofe humanitaria de estas proporciones. Trabajaron, y algunos todavía trabajan, sin descanso para limpiar las calles y las casas de barro. Contribuyeron a retirar toneladas de escombros, a rescatar a los damnificados y a todas las tareas imprescindibles para aliviar la desgracia de los ciudadanos.

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