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La bella durmiente

lunes 24 de noviembre de 2008, 22:25h
El domingo los venezolanos volvieron a tener un encuentro con las urnas electorales para elegir a los gobernadores y alcaldes que en los próximos cinco años, encabezaran la agenta política regional y municipal del país suramericano, en donde la sorpresa no fue la mayoría obtenida por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), al hacerse con un total de 17 de las 22 gobernaciones en disputa, sino que los partidos de oposición, integrados por la agrupación Unidad Opositora, conquistaron 5 gobernaciones estratégicas, de las cuales cuatro son en los estados más prósperos y poblados del país: el petrolero Zulia, los industriales Miranda y Carabobo, y por supuesto, el núcleo político de Venezuela, el Distrito Capital (Caracas).

Por primera vez en las casi dos décadas que los venezolanos llevan eligiendo a sus líderes regionales y municipales, el Consejo Nacional Electoral (CNE) registró una cifra histórica del 65,45 porciento de participación ciudadana, un hecho que no sólo ha servido para tomarle el pulso a la Administración Chávez; también demuestra que en Venezuela se está incubando un cambio de mentalidad, sobre todo, entre los jóvenes votantes que cada vez son más conscientes de las realidades objetivas que afectan al país.
Desde que Chávez asumió la presidencia por primera vez en 1998 muy poco ha cambiado el panorama político y social de Venezuela. Pese a ser uno de los países más ricos de Sur América con una renta petrolera que hasta hace escasos meses superaba la barrera de los 100 dólares (70 euros) el barril, en la nación de las “mises” y los “culebrones” no reina la belleza y los finales felices, si no el hampa y la pobreza más extrema.

Los Vientos de Cambio que auguraba Hugo Chávez a través de su Socialismo del Siglo XXI,-un concepto que hasta el día de hoy los más reconocidos académicos no son capaces de descifrar-, no ha hecho mucho por la igualdad social dentro del pueblo venezolano, que si bien no entiende mucho de IPC, PIB, acuerdos bilaterales, economías de mercado o debates parlamentarios, sí es buen conocedor del encarecimiento y desabastecimiento de los alimentos básicos, del marginal estado de la sanidad pública, del centenar de muertos que se cobra la delincuencia común los fines de semana, y que cada vez hay más pobres y menos clase media. Una frontera social que contrasta con esa élite económica emergente del chavismo conocida como los boliburgueses, quienes no se amainan a la hora de proferir insultos al “imperio”, pero no dudan en gastar cuantiosas cantidades de dólares en las principales avenidas comerciales de Nueva York y Miami.
Lo ocurrido en jornada electoral del domingo es el surgimiento de una sociedad venezolana más concienciada de su papel dentro del destino del país. Los venezolanos se están dando cuenta que la verdadera democracia, sin distinción de colores partidistas, radica en la participación de la ciudadanía en todos los espacios políticos y no en el presidencialismo. Asimismo, la oposición demostró que al fin aprendió la lección de unidad que tanta falta hacía en el pleno de la sociedad civil venezolana, al hacerse con un significativo número de alcaldías y con cinco estados claves para el desarrollo de Venezuela.

Al parecer el “hechizo Chávez” ya no surte tanto efecto como en sus primeros años, cuando logró convencer a millones de conciudadanos para cambiar la constitución, el nombre del país, la bandera e incluso la moneda. Venezuela después de este domingo es otra, es una especie de Bella Durmiente que sin la ayuda de hadas madrinas o príncipes azules despierta lentamente de un largo y prolongado sueño.
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