Con qué entusiasmo asistí en el prodigioso y diminuto teatro de Josefina Sánchez Pedreño, con 19 años, a la obra de Eugene O’Neill (16 de octubre de 1888 / 27 de noviembre de 1953) Más allá del horizonte, Beyond the horizon.
Después de tantos años de silencio, cuando la obra fue reestrenada por el Royal & Derngate. Fui a verla en Northampton en noviembre de 2009. Más tarde presencié la representación del National Theatre de Londres en marzo de 2010.
La primera representación de una de sus obras se hizo en Broadway en 1920. Fue aclamada, y recompensada por el Premio Pulitzer y 16 años después por el Premio Nobel.
Sus obras se llamaron El luto le sienta bien a Electra, Impetuosa juventud, El mono peludo, Todos los hijos de Dios tienen alas, El deseo bajo los olmos (1924), Lázaro reía, Extraño interludio. Largo viaje hacia la noche, Una luna para el bastardo, El vendedor de helados pasó, Una luna para los desheredados...
Fue un católico de ascendencia irlandesa que nació en la habitación de un hotel de Broadway; pues con su padre, actor, pasó sus primeros años «entre bastidores y trenes».
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Paul, el hermano de Camille Claudel,
repitiendo sus intenciones sobre Le soulier du satin
a Jean Louis Barrault:
«...sí, soy un poeta macarrónico».
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