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EDITORIAL

Pedro Sánchez debería pedir perdón si acaba sentado en el banquillo de los acusados

EL IMPARCIAL
martes 14 de enero de 2025, 08:04h
Cada día que pasa, Pedro Sánchez está más acorralado por la Justicia, más cerca de sentarse en el banquillo de los acusados. El Tribunal Supremo ya apunta al presidente del Gobierno por ser una suerte de cabecilla de la trama que organizó el envío y difusión de los correos de González Amador como arma arrojadiza contra Isabel Díaz Ayuso, la enemiga pública número 1 del Gobierno “progresista”.

El auto del magistrado narra con todo lujo de detalles el recorrido del email de los abogados del novio de la presidenta madrileña. Viajó desde la Fiscalía de García Ortiz, probablemente desde su móvil en paradero desconocido, a la Presidencia del Gobierno y desde ahí, quizás desde el ordenador del propio presidente, a un diario digital de la cuerda “progresista”. En concreto, el juez especifica que el correo “circuló "con salida" de la Fiscalía General del Estado "y destino Presidencia del Gobierno", "y de ahí al medio de comunicación El Plural.com". Una vez en Presidencia, dice el magistrado, "se puso a disposición" del ya exlíder del PSOE de Madrid Juan Lobato para que lo usase en la Asamblea de Madrid, "con una clara finalidad política". Y así, según el magistrado instructor, “desde la Presidencia se hicieron las gestiones para su publicación”, o lo que es lo mismo, se cometió el delito de revelación de secretos.

En efecto, ya es un hecho que Álvaro García Ortiz se encuentra a un paso de sentarse en el banquillo de los acusados; de ser el primer fiscal General del Estado imputado por cometer, siempre presuntamente, un delito para satisfacer los deseos del presidente que le ha nombrado. Por ser su más fiel lacayo. Pero no es menos cierto, que Pedro Sánchez, como decíamos en nuestro último editorial, con “la ley Begoña” sólo busca amnistiarse a sí mismo para evitar tener que sentarse en el banquillo de los acusados por ser responsable de todos los casos de corrupción que afectan al Gobierno y a su familia.

Y, en el caso de los correos reenviados compulsivamente por el fiscal general del Estado, el Tribunal Supremo ha descubierto que el propio presidente es el cabecilla, el que está al frente de la trama que, también presuntamente, cometió el delito de revelación de secretos. Si al final, la Justicia estrangula su carrera política, Pedro Sánchez, antes de dar la espantada como en Paiporta, antes de huir como Puigdemont, debería pedir perdón.

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