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ESCRITO AL RASO

Una polarización verdaderamente polar

David Felipe Arranz
martes 14 de enero de 2025, 19:28h

El momento, la hora de España, es decisivo en este paso al año nuevo: sociólogos, expertos y estadísticos coinciden en que el país está polarizado. Luis Miller, investigador del CSIC y autor de Polarizados (Deusto, 2023) habla de “polarización cotidiana”, una división que trasciende la arena política y asegura que en ninguna parte mejor que aquí puede notarse lo polar, que algunos siempre hemos identificado con el frío y la bajada de temperaturas, que algo de eso tiene. Y añade Miller que convertimos en objeto de discordia “todo un cajón de sastre de asuntos relacionados con los estilos de vida, los gustos, cualquier creencia o idea”. Los Álvarez Quintero ya lo contaron hace cien años en el entremés Ganas de reñir (1923), cuando dijeron que lo que nos iba a nosotros era la discordia, que nos iba la marcha.

Algunos, para sobrevivir entre los análisis de tanto sociólogo, nos complacemos en pensar que, desde las lejanías de la historia patria, subsistimos gracias a nuestra cultura, porque en el presente se abren los armarios con los atadijos de las palabras más hostiles, en la cola del supermercado y al abrirnos paso por la calle más comercial. Dicen también los expertos que hay incluso indicios de “micropolarización”, que se busca pendencia en lo cotidiano, en el color de las paredes o en a quién le toca bajar la basura hoy. Vamos, que hay una irritación en el ambiente que exacerba divisiones. ¿Acaso al término de esta involución social, preguntamos, encontraremos un océano que nos separa? Se abre la tierra bajo nuestros pies y la polarización, empero, lo es todo; a la polarización ha de ir aneja la crispación y según los últimos datos de 2024 del proyecto Norpol, financiado por la Agencia Estatal de Investigación, las diferencias que existen entre derechas e izquierdas se contagian a la vida misma. Vamos, que estamos reescribiendo la historia reciente, la de la Transición española, que hubo una lejana ya civilización española. La paradoja de España, el país más hermoso y envidiado de la vieja Europa, retiro anhelado de los prohombres de sus respectivos países y último paraíso de Occidente, con el patrimonio cultural más fascinante que conocemos. Corre vertiginosamente la polarización por las arterias de España (dicen), y la pregunta es hacia dónde y para qué. ¿La impulsan los políticos o la impele el leviatán de los amos del orden digital?

Frente a la indignación y la disputa apelamos a la calma, a la amistad, al amor, en definitiva, en todas sus formas infinitas, para detener la expansión de tanta polarización en temas cotidianos y su peligrosa porosidad en las relaciones entre las personas. El Ministerio de Ciencia e Innovación impulsa un proyecto de investigación, “Polarización social e interculturalidad”, que señala ya un destacado impacto en las relaciones familiares y de amistad. El paisaje español es sobrio y noble, la noche es serena si se sabe buscar y en ciertos campos góticos hay una reminiscencia de los caballeros de otro tiempo. Se impone recuperar la aspiración eterna y universal a la paz y a la serenidad de espíritu, a la calma y a la más sanadora de todas las aspiraciones: a buscar como el oro de la humanidad a la parte más selecta, en todos los tiempos y en todo lugar. Se impone, en definitiva, vivir cabalmente, haciendo más visible nuestro anhelo de infinito, procurando escamochar toda esta adherencia polar que algunos, los que viven mejor a costa de la felicidad del prójimo, se han inventado en esta España que se empeña una y otra vez en trastornar, en congelar lo cotidiano.

Twitter: @dfarranz

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