Cuando Pedro Sánchez pactó con los separatistas la soberanía fiscal de Cataluña, escondida tras el término de “financiación singular”, María Jesús Montero, como ministra de Hacienda y entonces ajena a la nueva cesión de su jefe, afirmó con sus aspavientos habituales que el Gobierno jamás permitiría que una región recaudara los impuestos unilateralmente. Pero poco tardó la vicepresidenta en hocicar ante la reprimenda de Moncloa. Y pasó a defender la medida. Pero, ahora, como candidata del PSOE en Andalucía ha vuelto a las andadas y en sus últimas declaraciones asegura que “ninguna comunidad autónoma tendrá más privilegios que otra”.
La vicepresidenta se afana por contentar al presidente, pero sabe que la maldita “singularidad” es el gran escollo para triunfar en Andalucía. En Andalucía y en toda España. Y, al son de una sevillana, se contonea y cambia de opinión en función del lugar donde baila. En Madrid, como ministra de Hacienda, está obligada a poner en marcha la inconstitucional medida que privilegia a los catalanes. Pero en Andalucía miente y reniega del pacto de su jefe so pena de ser arrollada en las urnas.
María Jesús Montero se contradice sin pestañear y, por tanto, miente. Pues pretende amarrar los escaños de los separatistas y, al tiempo, el voto de sus paisanos. Entretanto, se desquicia ella y desquicia a todos. Porque es probable que, al final, no consiga ni esos escaños ni esos votos.