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TRIBUNA

La vieja historia y otra fábrica de pobres por si acaso

miércoles 15 de enero de 2025, 18:09h

En la política argentina el corsi e recorsi ya es una constante, que tiende a perfeccionarse, aunque cada vez se vuelve más complejo. Giambattista Vico (1668-1744) fue el primero en conjeturar que la historia no avanza de forma lineal empujada por el progreso, sino en forma de ciclos que se repiten; es decir, que implican avances y retrocesos. Vico fue también el que expuso el concepto de “verdad como resultado del hacer” (el famoso verum ipsum factum, tomado de la Antigüedad Clásica), siendo a su vez el precursor del pensamiento sistemático de la semiótica y las ciencias sociales, tan estudiadas en nuestro tiempo. Su obra más importante es la Scienza Nuova, que tiene por objetivo estructurar una organización sistemática de las humanidades en ciclos históricos por los cuáles las sociedades surgen, resurgen y decaen. Su teoría fue publicada por vez primera en 1725 y luego de ampliaciones y reestructuraciones, fue genuinamente valorada en el siglo xx por el historiador y político Benedetto Croce, que no demoró en tener continuadores como Isaiah Berlin, Harold Bloom, Ángel Faretta, Vicente Risco, ​Hayden White, María Zambrano, y entre nosotros en el sacerdote Leonardo Castellani​ y Jorge Luis Borges.

Desde el inicio de la década de 1930, cuando se produjo el primer golpe militar en la Argentina, encabezado por el general José Félix Uriburu, que derrocó al gobierno democrático del presidente Hipólito Yrigoyen, siendo la primera ruptura del orden constitucional de la Argentina, hasta el presente y pasando por otras rupturas no menos trágicas. A pesar de esto, no deja de asombrar que sigan habiendo personas que creen que la libertad económica y el equilibrio fiscal son suficientes para superar cualquier situación política. Tras la Segunda Guerra Mundial, nadie desconoce que el fascismo y el comunismo fueron los enemigos del liberalismo económico, y luego se autodefinieron como socialdemócratas, prometiendo construir un estado de bienestar con derechos económicos, reclamados por la gente, pero que aún están en veremos.

Algunos disidentes, como el economista austriaco Friedrich Hayek, ganador del Premio Nobel en 1974, el camino a la servidumbre tenía menos que ver tanto con los comunistas como con los socialdemócratas y, especialmente, desde la década de 1990, cuando se instaló el temor de que un nuevo comunismo (o un neoliberalismo) pasaran a ser el principal enemigo de los que intentan defender la libertad económica; es decir, las personas que luchan por los derechos de las mujeres, la igualdad racial y una economía equitativa destinada al bienestar de las mayoría. ¿Quién no sabe que si se deja de tener en cuenta esta premisa esencial, nada tiene sentido?

En la Argentina, país que se enfrenta a una decadencia que ya suma décadas y donde las estructuras sociales no ofrecen mayor espacio, se choca todo el tiempo con las mismas contradicciones. El Movimiento Peronista, que a pesar de algunas derrotas sigue vigente, sobre todo en las provincias, gobernadas en su mayoría con estructuras feudales, los ciclos se repiten.

Para algunos todo es culpa de la política, pero también de la dinámica propia de las modernísimas Redes Sociales, que interactúan cavando trincheras, superando a los medios audiovisuales y gráficos y generando tribus que desdeñan la verdad con matices corporativos. Casi todo es así en esta Argentina, contradictoria por dónde se la mire, donde la ex presidente Cristina Kirchner no baja el tono y nadie sabe cómo acabará esta guerra entre desaforados que de ahora más entran en las discursivas palabras electorales.

Los “Libertarios”, sabedores de que ciertas concreciones políticas solo se logran bajo un régimen dictatorial y sin dejar de soñar con un “emperador romano” y también con una hegemonía, que les permita controlar a cualquier precio la narrativa triunfalista. Los periodistas son, por lo tanto, peligrosos aguafiestas; aunque no basta con celebrar la muerte del insuperable Jorge Lanata, el gran destapador de ollas podridas.

Sin embargo, hay otros que sueñan con los años noventa; remotas épocas cuando con el gobierno de Carlos Menem brindó un paroxismo carnavalesco de la denuncia y el llamado “tome y traiga”. Fueron períodos en que hubo un falso Watergate y una verdadera hoguera de vanidades dentro del medio periodístico, y la prensa comenzó (tímidamente con el periodista Bernardo Neustadt mediante) a realizar una autocrítica, que se arrancó de raíz cuando llegaron los Kirchner y pusieron todo bajo fuego de artificio; otro destape de una olla podrida, que nunca viene mal para justifica un partidismo autoritario y corrupto). Por consiguiente, hoy es muy difícil hacer un autoexamen sincero cuando a cada argentino le están bombardeando la casa.

Pero veamos. Fue durante el patético “kirchnerato” que el diario “Clarín” y Lanata, enemigos inconciliables, llevaron el género de la pesquisa de los negocios sucios a la independiente televisión abierta, cumpliendo la profecía del ya nombrado Neustadt, y sobre todo de Lanata, sucesor de todos con probadas denuncias que ocuparon el centro del escenario político, dando vuelta la historia.

Mientras lo hacía, la principal batalla de las ideas se cifraba en una única mala praxis, la del gobierno kirchnerista, que a pesar de la gran fábrica de literatura de ficción empezó a lanzar día y noche bulos y fábulas, que el debilitado periodismo, con una valentía digna de ser admirada, se veía en la necesidad de refutarlos uno por uno. “Ellos mentían y nosotros corríamos a desmentirlos”, me confió el valiente Jorge Lanata en un almuerzo en su casa; y ahí se daba el juego esencial, que se enmarcaba en un drama mayor, ya que esa facción pretendía alcanzar una hegemonía y un régimen de partido único.

Resistir con la cultura, los argumentos y los hechos de ese malquistado cesarismo fue una misión primero valiente y luego civil y profesional. En tanto que ahora, con la llegada del libertario Javier Milei al Gobierno, se modificó radicalmente esa mecánica, puesto que lo contrario de una desmesura no resultó un proyecto mesurado sino otra desmesura de idéntico tamaño aunque de distinto signo. Y he aquí la complejidad del momento: refutar las falacias y desproporciones de unos y otros, desmalezar la verdad de la mentira y la justicia del exceso, y oponer la sensatez al sinsentido, para ver que no se pasen tres pueblos y una gasolinera, y hacerlo todo sin el respaldo de las audiencias más maniqueas y pueriles. Situación que se viene dando a ambos lados del muro, y requieren negación, cainismo (esa forma de autoafirmación y simplificación de historieta, con actitud de odio o enemistad, no solo ante el enemigo sino hacia allegados o afines con un comportamiento agresivo que se observa en algunos animales, como las aves rapaces o los primates).

Y así andamos y desandamos caminos ya transitados de penosas experiencias que pretende ser ejemplificadoras (una vez más) y son lo mismo de siempre con otro argumento. Pero, eso sí, con una baja de la inflación -por la caída del consumo, obviamente- y con un promedio de casi un millón de más pobres y no tanto de nuevos ricos (pero quizá por ahí andamos). En fin, renovado corsi e recorsi y, sin duda, para rato.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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