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Era Trump: proyecto geopolítico, más allá de Trump

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 15 de enero de 2025, 18:10h

WASHINGTON, D.C.- Como periodista que tiene en su agenda el tema central de relaciones actuales e históricas México-Estados Unidos, tuve la oportunidad de asistir a las elecciones de noviembre de 2007 que le dieron la victoria al afroamericano --por el color de piel-- Barack Obama, luego estar presente en su toma de posesión en enero de 2008 y a la toma de posesión de Donald Trump el 20 de enero de 2017.

Son experiencias únicas que hay que ver en vivo y en directo: cómo fue posible que el neoconservadurismo republicano-demócrata le abriera las puertas de la Casa Blanca --por el simbolismo hasta del color en cuanto a su construcción sobre los vestigios de la guerra civil contra la esclavitud negra-- a Obama y qué circunstancias se dieron para dar un espectacular giro pendular hacia la ultraderecha Trump y no hacia Hillary Clinton.

El próximo lunes 20 de enero --si todo permanece constante-- Trump consolidará un espectacular regreso al poder presidencial después de su fracaso del primer período y de la derrota electoral en noviembre de 2020 a manos del ya entonces anciano Joseph Biden, oscilando el péndulo social y político en los dos extremos del neoliberalismo y el neoconservadurismo histórico en modo puritano.

Desde 2015 en que irrumpió en la vida política estadounidense con ganas de ser candidato presidencial, Donald Trump se ha visto envuelto en un escándalo permanente que estuvo a punto de la destitución en 2020 por pedir la complicidad de Ucrania en la revelación de negocios del hijo del candidato demócrata Biden, violando las reglas de la soberanía.

Trump es un ejemplo clásico de las dos caras de Jano, una espalda con espalda de la otra: de un lado, el político nervioso que no puede estar ni un segundo fuera de los focos públicos y con expresiones y comportamientos que avergüenzan a sus propios seguidores, aunque al final, por ejemplo, sus críticos de la prensa terminaron por rendirse hacia el otro Trump con su otra cara de Jano: el político que representa un proyecto neoconservador en términos históricos.

Trump dio en el blanco con su propuesta propagandística de MAGA –make again great America, hagamos grande a Estados Unidos otra vez--, y ese solo planteamiento llevó a una reconstrucción y realineamiento del sector conservador que había llegado a un compromiso de alianza con el liberalismo deslavado para crear un neoconservadurismo que solo se expresaba en política exterior contra los enemigos históricos de EU y que internamente giraba en torno a políticas fiscales, subsidios sociales y sobre todo derechos de las minorías.

El último planteamiento central del Trump 2.0 sorprendió al mundo: comprar Groenlandia, convertir a Canadá en el estado 51 de EU, registrar a México como el estado 52 y recuperar el control del Canal de Panamá. Las reacciones --un poco superficiales y otro poco tomando esa línea pero como mecanismo de desautorización del proyecto-- fueron mal planteadas y se centraron solamente en pensamientos producto de la calentura del poder y de la definición de una agenda improvisada.

Sin embargo, hay elementos para tomar con seriedad cuando menos el planteamiento, aunque con enormes grados de dificultad en grado de imposibilidad para llevarlos a cabo: Estados Unidos inició su construcción imperial con las 13 colonias que se instalaron con migrantes ingleses en la costa este americana, cubriendo aproximadamente un 13% del total de lo que hoy es el territorio de EU.

Y ahí están los primeros datos: EU ocupa 9.1 millones de kilómetros cuadrados del continente americano, cuya totalidad es de 42.5 millones. Canadá es un poco más grande en territorio que Estados Unidos: 9.9 millones de kilómetros cuadrados. Y solo como comparativo referencial Rusia, China y la India --tres nuevos aliados estratégicos-- suman un territorio de casi 30 millones de kilómetros cuadrados, el triple del americano.

La suma del territorio de Groenlandia, Canadá, EU, México y Centroamérica hasta Panamá sumarían un territorio de 24.1 millones de kilómetros cuadrados y abarcarían prácticamente más de la mitad del territorio continental de América, dejando, por ahora, el archipiélago de países y culturas de Sudamérica, donde solo dos países tienen capacidad de gestión económica autónoma: Brasil --con 8.5 millones de kilómetros cuadrados-- y Argentina --con 2.8 millones--, aunque Brasil con mayor capacidad de producción industrial autónoma que Argentina.

En términos históricos, Trump solo está reactivando aquel modelo que en el continente americano se definió hacia 1845 como el Destino Manifiesto de Estados Unidos, decían que por mandato divino, de convertirse en el eje dinamizador del planeta Tierra y que en 1823 se consolidaría con la declaración del presidente James Monroe conocida como la doctrina Monroe ante el interés europeo de aterrizar en América. Esa doctrina se resumía en un dogma: “América, para los americanos”, asumiendo que América y americano se refería de manera exclusiva a Estados Unidos.

El expansionismo territorial imperial de las 13 colonias conquistó el territorio entre Canadá y México hasta el Pacífico, atropellando de manera criminal a los diez millones de indios que poseían la tierra como tribus nómadas, luego compraron territorio a Francia e Inglaterra y despojaron a México de la mitad de su territorio en 1847 --invasión militar de por medio-- para apropiarse de lo que hoy son los estados de Texas, Arizona, Nuevo México, California y porciones de Colorado.

El bloque Rusia-China-India tiene el control de la parte Este del planeta y resulta que Estados Unidos no tiene ningún dominio siquiera de los espacios territoriales de sus dos fronteras verticales: Canadá-Groenlandia Y México y Sudamérica. La presión migrante mostró que Estados Unidos puede reventar su coalición ideológica-racial dominante interna con las oleadas de extranjeros que llegaron no a consolidar un proyecto territorial o divino, sino solo a beneficiarse del empleo y el bienestar. Rusia invadió a Ucrania para definir su frontera como “línea roja”.

Así que la primera tarea analítica a partir del lunes 20 de enero será ubicar el proyecto Trump 2.0 de la doctrina Trump-Monroe –The Donroe Doctrine, la Doctrina Trump-Monroe, como tituló el New York Post el miércoles 8 de enero-- y el Destino Manifiesto del siglo XXI.

La clave estará en que Trump pueda construir un aparato político-ideológico que avance en este sentido y tendría que mantener para un candidato propio la presidencia en noviembre de 2028.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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