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Trump 2.0: muchos planes, poco tiempo y en solitario

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 22 de enero de 2025, 18:57h

WASHINGTON, D.C.- El empresario y político Donald Trump ha vivido los últimos nueve años tratando de dominar a un huracán nivel 5. Arribó de manera atropellada a la Casa Blanca en 2017, perdió las elecciones en 2020, en 2021 puso en marcha lo que pudo haber sido un golpe de Estado contra el Capitolio, utilizó la presidencia de Biden para reconstruir desde la adversidad su poderío y ganó las elecciones el pasado 5 de noviembre ante la peor candidatura demócrata que encabezó la vicepresidenta Kamala Harris.

La de Trump ha sido una hazaña personal, aunque para su segundo y último mandato podría estarse rodeando ya de figuras operativas del Partido Republicano que estarían en condiciones de construir un fuerte --aunque no sólido-- bloque de poder político: excongresistas, exsenadores, exgobernadores, empresarios prominentes, exdiplomáticos y operadores eficaces, a diferencia de los funcionarios que designó en 2017 y que en el camino se fueron desagregando con posicionamientos críticos y contra el jefe del grupo.

Pero el problema de Trump ya no es Trump, ni la desarticulación de los demócratas, ni una posible coalición internacional en su contra, sino que enfrenta el factor enemigo de todos los políticos: los tiempos democráticos. Trump tendrá solo cuatro años de gobierno, de los cuales los dos últimos estarán plagados de obstáculos porque el poder de los presidentes se basa en la posibilidad de la reelección y Trump sabe que tiene un mandato constitucional en contra porque no tendría la posibilidad de un tercer período, aunque desde ahora habrá que esperar todo un debate legal-constitucional para tratar de saltarse a la torera a la Constitución.

Sin embargo, las reglas son las reglas. Los dos últimos años de su mandato --2027 y 2028-- estarán determinados por la disputa que se dará en torno a la candidatura presidencial republicana en sus dos bloques dominantes: el trumpismo cohesionado y el viejo republicanismo del proyecto bipartidista tradicional de Estados Unidos. La facción ultraconservadora del Partido Republicano estaría a favor de recuperar la presidencia después de Trump.

En este contexto, Trump tendría prácticamente dos años de gobierno: el que comenzó antier miércoles 20 de enero y terminará en diciembre y en cuyo espacio tendrá que echar a andar una locomotora sin freno de decenas de actos de gobierno que pudieran sentar las bases del cumplimiento de sus promesas y el segundo año, 2026, apenas con tiempo para consolidar parte de sus avances y hacerlos irreversibles para la siguiente administración, tratando de imponer a algún candidato sucesor.

El ambiente social aquí en la capital de Estados Unidos es el mismo que ha existido en segundos periodos presidenciales de un mismo presidente: la falta de expectativas reales, aunque con la necesidad de mantener al titular otro periodo de cuatro años. La decisión adelantada de suspender la ceremonia en las escalinatas del capitolio sorprendió a todos los estrategas porque las razones de temperatura que se esgrimieron el viernes no daban en ese momento para esperar alguna helada extraordinaria; en la primera toma de posesión de Obama, me tocaron temperaturas en la calle de 20º bajo cero y con efecto térmico superior y aun así no se modificó la ceremonia.

En algunos círculos de poder sí se habló de los temores de un atentado, después de una agresión de julio de 2024 que le lastimó la oreja a Trump y luego dos o tres que las autoridades pudieron adelantar y bloquear. Pero el otro simbolismo está en el hecho de que el 6 de enero del 2021, las turbamultas de Trump reventaron la seguridad en el Capitolio, ingresaron a las instalaciones, causaron destrozos en las oficinas de los principales políticos y dejaron la impresión de que la orden final para destruir la posibilidad de institucional de calificar las elecciones presidenciales cuyos datos oficiales le dieron el triunfo al candidato demócrata Joseph Biden.

Pocos se acuerdan entonces de que la reina Nancy Pelosi, todopoderosa dirigente demócrata de la Cámara de Representantes, logró un acuerdo para condenar la agresión de Trump, abrir un expediente judicial aún como presidente y quitarle el control del botón nuclear que significaba el poderío militar del imperio. Durante catorce días habría la posibilidad de un presidente sin poder y sin fuerza militar, aunque ese decreto fue frenado en el Senado republicano.

Trump regresa triunfante a la Casa Blanca, con un bloque político más sólido e institucional, con un consenso popular del 48% y un desmoronamiento de la oposición demócrata. Llega con una agenda de reconstrucción del poderío imperial que responde a los intereses geopolíticos y de seguridad nacional que fueron debilitados desde la presidencia frívola de Bill Clinton, apenas medio reconstruyeron capacidades militares con George Bush Jr. después de los ataques del 9/11/01, volvieron a extraviarse por la falta de un proyecto verdaderamente de fortalecimiento militar, perdieron el rumbo con las contradicciones geopolíticas de Obama, no alcanzaron a reconsolidarse con la primera presidencia de Trump y padecieron un Gobierno de Biden con la falta de fuerza imperial.

Las primeras decisiones de Trump fijaron criterios de seguridad nacional geopolítica con México y Canadá, revertirán el desorden migratorio de Biden al abrir las fronteras sin control legal e impondrán nuevos criterios de regreso productivo de Estados Unidos con ajustes al tratado comercial con México y Canadá, además de que aprovechará su fuerza institucional para fijar nuevas reglas a los cárteles del narcotráfico que operan dentro de Estados Unidos como células delegadas de los cárteles en México.

Trump enfrentará las limitaciones del ejercicio real del poder, con circunstancias restrictivas que no tuvo como candidato ni como presidente electo. Aun así, demostró fuerza suficiente para dar cuenta de la figura progresista de Justin Trudeau y buscar la manera de subordinar a la presidenta mexicana que no difiere de los objetivos globales de Trump, sino que solo responderá con energía a las formas autoritarias de arresto y deportación --dicen los expertos-- de cuando menos 600,000 migrantes ilegales en un primer bloque.

Empieza el periodo de Trump 2.0, pero con el tiempo en contra.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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