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TRIBUNA

Dios qué buen vasallo si hubiera buen señor

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
jueves 23 de enero de 2025, 19:58h

Las ideas que expongo, en este artículo, no son nuevas, pero me parece oportuno reunirlas en este pequeño escrito.

En contra de apariencias superficiales y como excepción entre los países europeos, el pueblo español, los españoles, somos poco aficionados al mando. Si miramos nuestra historia, vemos que casi siempre hemos estado gobernados por gente de fuera, a la que hemos aceptado sin mucha resistencia: Iberos, celtas, celtíberos, fenicios, cartagineses, romanos, visigodos, musulmanes, Austrias, Borbones.

Y ahora, la Unión Europea, cuya autoridad, yo creo, que no hay país miembro, que acate con más docilidad.

Fijaos cómo será nuestra indiferencia ante el mando que, en un momento, en que nos quedamos sin rey, fuimos a buscar, fuera, a Amadeo de Saboya, que era un señorín, que pasaba por allí y que nos soportó dos años.

Y el desprecio de los españoles, por el mando, va en dos sentidos; uno, que dejamos, con demasiada facilidad, que cualquiera, de fuera, nos mande y otra que, cuando podemos elegir nosotros o elegimos mal o no dejamos gobernar o no tenemos a quien elegir. Y despreciamos al que gobierna, de tal manera, que lo arrojamos por la ventana, en cuanto podemos. A todos. A los buenos y a los malos.

El Quijote está escrito para enseñarnos como es, siempre, el mando en España y la mansedumbre con que el mandado se comporta con él. Porque, El Quijote, no es una novelita para que nos riamos de los caballeros andantes, es una novelaza para descubrirnos como son, casi siempre, en España, el que manda y el que obedece.

En el capítulo de la Insula de Barataria, donde se revela la verdadera intención del libro de Cervantes, vemos cómo se comporta el mandado cuando tiene ocasión de mandar. Cuando Sancho, el pueblo, tiene la iniciativa, el mando y la libertad para ejercerlo.

Quizá no lo quereis ver o Cervantes, harto de sufrir cautiverio y prisiones injustas, no lo dice con la suficiente claridad. O quizá no tenía mala leche suficiente, como Quevedo, que ese sí la tenía en abundancia y fue a la cárcel por derramar varios litros.

El pueblo español es como el mago, encerrado en una botella, en la fábula de “Simbad el marino”, que liberado hacía portentos.

Cuando se quita el tapón, del mando, que encierra a los españoles, pueden conquistar y colonizar medio mundo, pasar de la miseria más absoluta, a ser la octava potencia económica del mundo, edificar una democracia desde la tiranía y……. enseñar a jugar al fútbol a los ingleses, a cocinar y a hacer vino, a los franceses, a jugar al tenis a los americanos y a invitar a medio mundo a que venga a visitarnos o…,,,a quedarse.

Y no me vengáis con nuestras “glorias” y “hazañas”. Hasta en los momentos de “máximo esplendor”, las puertas de las infinitas iglesias, estaban repletas de mendigos y tullidos, paganos de la ruina por conseguirlas.

Y bien sabían esos mendigos, que si estaban allí, no era por su voluntad, sino por el abandono de aquellos “fieles” beneficiados, a los que obligaban a quitarse el sombrero, cuando les daban la limosna.

Amigos. Fue un español el que dijo: “Dios qué buen vasallo, si hubiera buen señor”. Y lo dijera de quien lo dijese, ninguno lo ha merecido tanto, a lo largo de la historia, como el doliente y paciente pueblo español.

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