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Las razones de nuestro combate en Afganistán

martes 25 de noviembre de 2008, 22:59h
Hace pocos días un grupo de niñas era atacado en Kandahar -Afganistán- por unos energúmenos que arrojaron sobre ellas ácido sulfúrico. Su delito, ir a la escuela. Ayer mismo se supo que dos de los atacantes habían sido detenidos, y estaban ya bajo custodia de las autoridades. Probablemente, gracias a eso reciban un trato más humanitario del que el régimen al que ellos defienden les hubiera dispensado. En efecto, los dos agresores son talibanes y es conocido el “ponderado” sentido de la justicia que aplicaban en sus días de terror. Durante la etapa de gobierno talibán, la “sharia” era de aplicación en todo el territorio afgano. Lapidaciones de mujeres adúlteras, mutilaciones a quienes se hallase culpables de robo, castigos corporales por nimiedades, y fundamentalmente, la alienación de la mujer como ser humano. Por prohibir, prohibieron hasta la música y el “pecaminoso” acto de volar cometas, amen de dinamitar las incomparables estatuas de Buda en Vagrant, perdidas para siempre.

Se siguen viendo mujeres vestidas con “burka”, pero afortunadamente, hoy en Afganistán la democracia intenta abrirse paso con la ayuda de la comunidad internacional, y ello hace posible cosas que hace años eran impensables. Como que una niña pudiese asistir a la escuela. O que una joven descubriese su rostro sin temor a ser lapidada. O incluso que una mujer, por el hecho de serlo, tenga derecho a asistencia médica. La opinión pública occidental ya sabe ahora -si es que hubiera dudas- porqué luchan sus tropas, soldados españoles incluidos: por la libertad y los derechos humanos más elementales. Por la libertad y los derechos de los afganos pero también de nuestros ciudadanos porque en Afganistán se están defendiendo nuestros derechos y libertades.

Por otra parte, los talibanes siempre han gozado de una cierta comprensión dentro del mundo islámico, ese que supuestamente abomina de la violencia. Y es en sus manos precisamente donde está la esperanza de buena parte del mundo. En el mismo momento que los musulmanes acomoden sus creencias a la sociedad moderna y renieguen abiertamente de comportamientos como los protagonizados por los talibanes, se habrá dado un paso de gigante en pro de la convivencia mundial. Y eso si que sería una alianza. Pero la alianza de los civilizados.
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