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5/6... peregrinaciones

viernes 24 de enero de 2025, 08:56h

En la segunda y tercera jornada:

Doña Prouhèze está con Rodrigue en el castillo de Doña Honoria, pero se le prohíbe el acceso a la habitación del herido.

Don Pélage confía una misión a Doña Prouhèze : tomar el mando de Mogador donde se sospecha que Don Camille... Doña Prouhèze parte inmediatamente sin volver a ver a Rodrigue.

El ilusorio virrey de Nápoles ¡existe!; rodeado de sus amigos más íntimos, medita en la campiña romana sobre el arte y la Iglesia católica.

Doña Musique, superviviente de un naufragio, pasará su primera noche en el corazón de la selva-siciliana.

Aparece Santiago, cuya constelación consuela a los dos amantes que «huyen y se persiguen al mismo tiempo».

A su llegada a Mogador, Rodrigue no será recibido por doña Prouhèze. «Me quedo, vete».

En las murallas de Mogador, una mujer de repente le abraza en un abrazo que dura apenas un segundo.

En lo alto del cielo, la Luna contempla esta doble sombra que, por fugaz que sea su existencia, «forma parte para siempre de los archivos indestructibles».

Doña Musique siguió a su marido, el Virrey de Nápoles, a Praga con el futuro Juan de Austria, rodeada de cuatro santos, rezando por la paz en el corazón de Europa, en la iglesia de San Nicolás del barrio de Malá Strana.

Don Rodrigue, Virrey de las Indias Occidentales, lleva una vida amarga en su ruinoso palacio de Panamá.

Su amante, doña Isabel, conspira para desbancar a este amante que no la ama y ver cómo el poder pasa a manos de su marido, don Ramire.

Tardarán diez años, viajando de un continente a otro, antes de llegar a su destino.

Cuando sube a bordo de la carabela de Rodrigue, no es para partir con él, sino para confiar a Rodrigue María de las Siete-Éspadas, la hija que ha tenido con Camille.

Al morir , Prouhèze se convertirá en «una estrella eterna» para Rodrigue.

***

El Nobel Knud Pedersen, Knut Hansun,

nació en Lorn y se ocultó en Grimstand casi cien años después;

no solo me encantó a los 15 años con su prodigiosa Hambre

sino que dijo nonagenario este arrabalesco tan riguroso:

«la edad no da ninguna madurez y menos los años que tan solo dan la vejez»

***

Fernando Arrabal

Escritor, artista y cineasta

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