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TRIBUNA

Alicia en el país de las maravillas IV (una poética del absurdo)

lunes 27 de enero de 2025, 19:27h

Y quisiera mencionar ahora, la adaptación que hizo otro genio, esta vez al Cine, de este libro de Kafka: Orson Welles. Película igual de maldita, pues filmaba con el mínimo presupuesto, el de su dinero ganado en papeles del cine comercial, muy exitosos, para ser libre de estos productores de películas con el fin primordial de ganar dinero sólo, que le impedirían hacer su voluntad: un cine de autor; filmando así, con ese parco presupuesto, pero todo suyo, películas, auténticas joyas de Arte. Film genial, “El proceso”, como todos los suyos. Nunca he visto una fidelidad tan inconcebible, por ser tan grande en su plasticidad en imágenes como en su espíritu y contenido, de este film en toda la Historia del Cine. Amantes del Cine y de la Literatura: leed la novela y visionar el film. Ambos, un ejercicio para comprender nuestra sociedad contemporánea, y saber qué importantes son estas creaciones a fin de sobrevivir nuestro espíritu en este mundo fabricado por necios, según sentenció Macbeth:

“¿Qué es la vida sino una sombra, un histrión que pasa por el teatro y quien se olvida después, o la vana y ruidosa fábula de un necio?”.

Sólo hace falta ver en panorámica, los avatares de la sociedad nacional o de la internacional, para comprobar que Macbeth dio en la diana para definir nuestro mundo que, ahora más que nunca, habita en lo tétrico, obscuro y sin sentido, sin ningún progreso del corazón, de lo bello y de los valores positivos y que le ha dado la espalda a cualquier fenómeno religioso, en especial, al cristiano, forjador de nuestra Civilización Occidental a lo largo de los siglos y, hoy en día, en las catacumbas de una sociedad neopagana, con graves síntomas de decadencia, y también de vida más auténtica y sabia, en muchos estratos del conocimiento de la vida y con muchas deficiencias en otros, en la juventud actual. Urge, no obstante, un rearme moral, absolutamente necesario, a mi entender, para el futuro y la prosperidad auténtica de los pueblos que habitan el Planeta, que no puede ser sólo en el ámbito material y consumista. La Cultura y las Humanidades deben de tener mucha más presencia en la Educación para el presente y el futuro de las naciones y de las personas. Son las únicas herramientas para que no nos convirtamos en robots, haciendo competencia con la Inteligencia Artificial, teniendo los cerebros vacíos de valores humanos al gusto de los poderosos, recogiendo, para que esto no suceda, todo el legado que nuestros antepasados produjeron en la Cultura de todos los tiempos, para que brille la luz y no la oscuridad, en nuestras mentes y corazones, creando un mundo cada vez mejor.

Al final de nuestro cuento, respiramos profundo y tranquilos: toda esta historia de disparates, de burla, de risa hacia nuestras obras, era sólo un sueño de una encantadora niña. Nada era verdad, sino un simple juego con el que se divirtiese escuchándolo.

Lo que vio Alicia, lo que vio el Príncipe calderoniano en “La vida es sueño” : humo, levedad, niebla, que se difuminan en el aire. “Los experimentos con gaseosa, joven”. Bien por Eugenio D’Ors. Pero yo me quedo con la duda. No creo que Carroll le siguiese. Su creatividad, llena de fuste y audacia, rompe, como siempre ha sucedido en los mejores artistas, con los clichés y academicismos conservadores, como dije, y se lanza, en picado, a la aventura de crear un mundo nuevo, unos paisajes vírgenes, que es su obra de arte, la que luego perdurará a lo largo de los siglos siendo siempre joven, fresca. Esta revolución entre los papeles y una pluma afilada de inteligencia y sabiduría, quizás podría molestar a los poderosos, dándose por aludidos. Pongamos que todo sea un sueño. Pero escondido y revelado al final del cuento, porque durante todo él, estaba cayéndonos a nuestros espíritus una bomba de ingente potencia destructora utilizando como armas el sinsentido y el absurdo, lleno de ingenio e inteligencia deslumbrantes.

Cuatro hermanos están jugando al escondite y, al introducirse en un armario ven una puerta que osan abrir. Y entonces, se encuentran en el país de Narnia, una tierra llena de fantasía y magia, poblada de animales que hablan, duendes, faunos …, de la mano del genial escritor C. S. Lewis, que, seguro, bebió del manantial potente de la creatividad de Carroll; aunque diverge de él en la apologética del Cristianismo, que es toda la saga de “Las crónicas de Narnia”, basada en mitos irlandeses y en la Biblia. Los niños se encuentran en un país congelado en un invierno eterno. Junto con el león Aslan, Rey de la jungla, símbolo del Rey de Reyes, liberan el reino del invierno eterno mandado por una bruja. Tras una lucha llena de dificultades recuperan el verano, la luz y la alegría.

Esta saga, de 7 libros, fue escrita en la década de los 50 del pasado siglo y ha sido enormemente popular, habiéndose vendido millones de ejemplares, traducida a más de 30 idiomas, adaptada al cine, la tv., etc. y que ya pertenece al grupo de los clásicos de la Literatura Universal. Fue muy influenciado por su amigo y compañero de docencia universitaria J. R. R. Tolkien, con su “El señor de los anillos” y toda su obra, así como del otro gran escritor inglés converso G. K. Chesterton, esta vez al Catolicismo.

También me viene a la mente, desovillando la bola de lana, ese otro gran poemario narrado en prosa, pues es pura Poesía, llena de hondo calado, válido para todo saber y quehacer, que nos transporta, como en “Alicia…”, a un mundo al revés del que vivimos a plena luz, que se vislumbra más bello, más correspondido a nuestro corazón todo lo que dice y hace este niño que nunca comprende a los habitantes de la Tierra. Me refiero a “El Principito”. Otra vez la condición humana se pone a prueba en nuestras personas, fabricando un universo que salta por los aires, donde todo se pone en cuestión bajo la mirada inocente y atónita de un niño, un Principito, que duda de todas las cosas que los adultos decimos que son “importantes”. Aquí entra la Política, la Filosofía, la Literatura, la Poesía, etc., que nos revela, también como en “Alicia…”, la idiosincrasia humana, en un nuevo descubrimiento de ella, profundo y humanístico, debido a la pluma de Saint-Exupéry. Otra vez el aparente absurdo y el juego para niños, que resulta ser más para mayores que para ellos, al igual que todas las películas de dibujos animados del sello “Pixar”, la grandísima productora que estaba llena de talentos grandísimos y que nos dio a los mayores, narraciones, en principio para niños, y que, luego, desarrollaban una fina, gran psicología e imaginación en la trama narrativa y creación de personajes: “Toy Story”, “Buscando a Nemo”, “Los Increíbles”, etc.

A todos los lectores les animo a sacar del estante lleno de telas de araña, esta maravillosa obra que comento, basada en el sueño de una niña, que bien podría declararse Patrimonio Histórico Artístico de la Humanidad. Pero el más famoso crítico literario del siglo XX, Harold Bloom, no lo incluye en su “Canon Occidental”: los mejores libros de todos los géneros literarios que ha producido nuestra Civilización Occidental, desde los griegos hasta nuestros días, según su opinión. Elocuente silencio. ¿Un libro maldito, quizás por esa revolución con letras, metidas en un cañón de ancho calibre, que puede destruir muchas de nuestras convenciones de lo correcto, y convertir nuestra vida en vivir la Poesía dentro de nuestros quehaceres, con profundidad, libertad y, por qué no, jugando como los niños en medio de nuestras cosas “importantes”?

“La belleza salvará al mundo”. Una frase de un personaje de “El idiota”, novela de F. Dostoievski. Busquemos, escudriñemos, rastreemos esa belleza salvadora, la externa, pero, sobre todo, la interna, esté donde esté y, de seguro, la encontrarán en este precioso cuento para los niños mayores que somos y que es pura Poesía, de la grande, la que nos pone los pelos de punta y nos incita a viajar a un mundo onírico, maravilloso, vivo en todo adulto, enriqueciéndole el espíritu y madurándolo en sus aspectos estéticos e intelectivos, como toda obra de Arte auténtica requiere, y que, como tal, perdurará para siempre.

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