Me complace consignar por escrito que acabo de recibir, hace aproximadamente una semana, lo que en castellano sería descriptible como una extraordinaria sorpresa bibliográfica. Ha consistido tal sorpresa en la recepción de una joya editorial que lleva por título Américo Castro y su tiempo, una merced muy valiosa procedente de la Universidad de Granada (UGR) y la Fundación Xavier Zubiri (FXZ). La mencionada joya bibliográfica es un soberano catálogo que recoge un arco tipográfico y fotográfico (textos inclusive) que nos traslada a la exposición Américo Castro y su tiempo, que se ha exhibido en Granada misma.
Recuerdo que, en el transcurso de mi licenciatura en la Universidad Complutense de Madrid, cuando corría la década de los años cincuenta-sesenta, el famoso debate sobre el tema de España “con/sin problema” comenzaba a penetrar con profusión en el arco iris historiológico de nuestro país.
Casi obvio resulta recordar ahora testimonios intelectuales de diferente inspiración (y métodos dispares) en los que intervinieron Claudio Sánchez Albornoz, Américo Castro y, algo más tarde, R. Calvo Serer, J. L. López Aranguren y P. Laín Entralgo, entre los más señalados copartícipes en torno al unamuniano epígrafe que proclamaba “contra esto y aquello”.
El puro azar quiso que unas décadas más tarde el autor de estas líneas fuera invitado por el ilustre profesor Bernard Lewis (1916-2018) a residir durante unas semanas en la Universidad de Princeton (New Jersey), con vistas a desarrollar en su seno un par de sesiones interpretativas bajo el rótulo de “¿Cómo y cuándo se han complicado las relaciones entre el Magreb y España a lo largo del siglo XX (1912-1999)?”.
Quedaban lejanas algunas de mis lecturas de los años sesenta, cuando vine a experimentar el desafío de releer y revisar la obra de Américo Castro en sus exilios a partir de 1936. Y, como creo que es sabido, el puesto de profesor emérito que desempeñó Castro fue fundacional para el establecimiento formal de los estudios de lengua y literatura hispánicas y portuguesas en la prestigiada Universidad de Princeton. De esta experiencia americana puede cotejarse alguna leve referencia en mi currículo.
A través de estas pinceladas redactadas con brocha gorda, creo que el lector se sentirá harto motivado por el fastuoso documento que constituye Américo Castro y su tiempo. Dejando aparte mi pleno reconocimiento al profesor José Antonio González Alcantud, de la Universidad de Granada, por el plausible esfuerzo hecho a favor de la coordinación de esta obra, no debo, en puridad, dejar de recordar que la Universidad de Granada, en ocasiones tenidas a bien por diversos departamentos de sus Facultades, me ha concedido el privilegio de haber sido invitado a participar en varias convocatorias académicas celebradas en el ámbito de aquella emérita sede andalusí de las tres culturas.