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Günter Grass: La estatua

lunes 03 de febrero de 2025, 12:59h
Actualizado el: 04 de febrero de 2025, 00:17h
Günter Grass: La estatua

Traducción de Carlos Fortea. Alfaguara. Barcelona, 2024. 80 páginas. 16,06 €. Libro electrónico: 7,59 €. Se publica una brillante “nouvelle” del Premio Nobel alemán hasta ahora inédita, con dibujos del propio autor

Por Adrián Sanmartín

Este año se cumple una década de la desaparición de Günter Grass (1927-2015). Muy oportunamente, acaba de ponerse al alcance de los lectores españoles, una novela hasta ahora inédita del Premio Nobel alemán. En una nota editorial, al final del volumen, Hilke Ohsoling y Jan Strümpel, sus editores de la obra original que apareció en Alemania en 2022, cuentan la génesis del manuscrito, del que Grass escribió una primera versión en 2003, que luego reelaboró, y enriqueció con ilustraciones propias -no olvidemos que tuvo una importante faceta como dibujante y escultor-, que se recogen también en la edición española, que nos llega de la mano de Alfaguara, el sello que cuenta en nuestro país con buena parte de su producción, incluyendo títulos capitales, como, la monumental novela El tambor de hojalata (1959) donde a través de la vida de su protagonista, Oscar Matzerath, se recorren años decisivos en la historia europea del siglo XX. Volker Schlöndorf la adaptó al cine en 1979, y cosechó numerosos galardones, entre otros la Palma de Oro del Festival de Cannes y el Oscar a la Mejor Película Extranjera.

La nouvelle La estatua es una joyita en la que su narrador en primera persona, presumiblemente alter ego del propio Grass, nos relata su descubrimiento y fascinación ante la estatua de una mujer del medievo, Uta de Naumburgo, casada con el violento marqués Ekkehard II, cuyas efigies están en la catedral de dicha ciudad germana, junto a las de otros fundadores de una de las capillas del templo. La estatua de Uta, fechada entre 1243 y 1249. presenta un gesto singular: con la mano derecha levanta el cuello de su túnica, como si quisiera ocultarse de algo o de alguien. ¿Quizá de su belicoso esposo?: “Como su mirada tiene una cualidad más bien hostil, se puede interpretar ese cuello protector como una actitud así hacia su marido”, comenta el narrador. Sea como fuere, Uta de Naumburgo fue considerada la mujer más hermosa de la Edad Media. A Umberto Eco le preguntaron con qué mujer de la historia del arte le gustaría cenar, y contestó sin ninguna duda que con Uta de Naumburgo. El misterio de la estatua llamó mucho la atención de distintos observadores que otorgaron a Uta diferentes significados: el nazismo la glorificó en su credo racista, mientras que la factoría Disney la tomó como modelo para crear a la cruel madrastra de Blancanieves.

La novela se enmarca en la serie de lecturas sobre una de sus obras, a la que en los años ochenta del pasado siglo fue invitado Günter Grass en la República Democrática alemana (RDA), a la que denomina con ironía el “Estado de Obreros y Campesinos”, cuando aún existía el Muro de Berlín: “Se me permitió leer en público en iglesias y casas parroquiales fragmentos de mi libro más reciente, que trata de ratas y de personas [Se refiere a La Ratesa]. Siempre me ha gustado leer en voz alta”. En este viaje, visita la catedral de Naumburgo, y se encuentra con la estatua de Uta. Al principio, se siente un poco decepcionado porque el pequeño tamaño del original, tanto de esta como de las otras estatuas, no tiene nada que ver con el que parecía insinuado en las guías. Pero pronto le cautiva esa Uta que, después, verá en otros lugares y viajes ganándose la vida como estatua viviente, a quien los turistas dejan dinero en un pequeño cuenco a sus pies. Con Uta llega a cenar en Frankfurt, donde toma Coca-Cola y le habla de Alí, un novio germano-ruso de credo musulmán, que “aprendió árabe y se politizó”. Aunque lo único “que me reveló fue que, si tenía ocasión, él quería regresar a la estepa kazaja y ello lo seguiría, pasara lo que pasase”.

La gran imaginación de Günter Grass baja a Uta de Naumburgo de su pedestal y la convierte en protagonista de un relato, que no deja de ser inquietante, con esa Uta quemiraba con grises ojos desde un rostro pétreo más allá de todo y de todos. Lo que estuviera viendo parecía dar miedo, si es que no era espantoso”, y que “seguirá teniendo motivos para ver, por encima del cuello subido del manto, todo el presente amenazador, los horrores pasados y el espantoso futuro”.

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