Hace apenas un mes era Soledad Garaizábal, en estas mismas páginas, quien, tras la concesión del National Book Award 2024 en la categoría de Ficción para James, de Percival Everett, repasaba la vigencia de la mordacidad de Cancelado la obra en la que se burla del mundo editorial y que, convertida en película, ha obtenido el Óscar al mejor guion adaptado en ese mismo 2024.
Percival Everett es un profesor y escritor estadounidense (Georgia, 1956) de quien tenemos acceso ya a algunas obras de su importante producción (que ronda la treintena de novelas). ¿Suficiente? Sí, tenemos ejemplos de sobra para dar idea del interés y la variación temática de su obra. En 2023 obtuvo el premio PEN con Dr. No, la historia de un profesor de matemáticas autista; en 2022 fue finalista del Booker Prize con Los árboles, una novela en la que aborda el supremacismo blanco, a partir de un hecho real, la matanza de un adolescente negro ocurrida en Mississippi en 1955; Cuánto azul es la historia de un pintor que nos acabará desvelando su secreto. James es de nuevo una historia sobre la raza, aunque es mucho más, ahora lo desgranamos.
El caso es que ninguna de las obras presentadas se parece en nada una a la otra. Sí en el uso admirable de los diálogos, en eso es muy americana (en el buen sentido, creo que son los grandes incitadores al diálogo veraz). Cada una es una sorpresa, un planteamiento completamente diferente y una elección temática sorpresiva. Eso sí, siempre consigue captar la esencia de sus personajes e introducirnos en ellos.
James, además, es una propuesta arriesgada y novedosa. Utiliza la fórmula del apropiacionismo, un proceder creativo del que se ha hablado, sobre todo, en su vertiente plástica y fotográfica. En realidad, es algo que se ha venido haciendo toda la vida, eso de utilizar elementos de obras ajenas. La originalidad de esta novela radica en que es una segunda versión de Las aventuras de Huckleberry Finn, la obra de Mark Twain de finales del siglo XIX. Es la misma historia, en la que ocurre todo lo que conocemos (las muertes fingidas, el cerdo sangrante, las huidas, la canoa, las peripecias por el río, hasta el final feliz para el huérfano Huck y su abandono, ya que, dice «la civilización le impide ser libre»), solo que narrada, igualmente en primera persona, pero desde la visión de Jim, el esclavo que le acompaña en esas peripecias y que ahora es el protagonista.
Por supuesto, es una obra completamente nueva, autónoma y con vida propia, muy interesante como ejercicio literario y como propuesta temática, porque la perspectiva nueva da un vuelco a todo. James, el esclavo de la señora Watson a quien hacen bromas Tom Sawyer y su amigo Huckleberry Finn, huye de la granja al enterarse de que le van a vender, separándole de su familia. La huida coincide con la simulación de la muerte de Huck, y a partir de ahí empiezan sus peripecias juntos. Huck retorna a la civilización para alistarse en la Guerra de Sucesión, y Jim consigue liberar a su familia y a todos los esclavos de la granja que les somete.
Un final espléndido explica esa huida global: «Como pasa con toda la gente asustada y no preparada, nos dispersamos. A algunos nos atraparían. A otros nos matarían. Seguramente algunos volveríamos atrás con el rabo entre las piernas». Cuando la gente blanca da con ellos –son fugitivos–, preguntan por el cabecilla al que buscan, el negro Jim. «Soy James. James a secas» es la magnífica respuesta con la que se cierra la novela.
Porque si la perspectiva es otra, la visión también lo es: el esclavo James –negro Jim–, es culto, sabe leer, tiene formación suficiente como para reflexionar sobre la igualdad y la libertad citando a los filósofos que la trataron: Voltaire y su Cándido (por ahí aparecerá su personaje de Cunegunda), John Stuart Mill y su pensamiento liberal. James es un esclavo inteligente que adoctrina al grupo en cómo tratar a los blancos, en el uso del lenguaje, y con el que se hace un repaso al racismo, la violencia, la supremacía blanca, la religión como herramienta de control, la futilidad del capitalismo, el reparto equitativo de las cosas (o el comunismo), pero también la amistad y la fidelidad. La defensa que hace de Huckleberry cuando se le critica por salvaje sirve para explicar su visión del mundo: «No es mal chaval –dije–. Sólo está intentando entender las cosas. Como todo el mundo, supongo».
Y no quiero dejar de proponer una lectura muy divertida: yo la he hecho. He ido leyendo a la par la novela de Mark Twain y James de Percival Everett, y el resultado me ha encantado.