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TRIBUNA

Elías Díaz: un maestro al servicio de la justicia social

martes 11 de febrero de 2025, 20:15h

El pasado 3 de febrero despedimos, con tristeza, a uno de los faros que ha iluminado durante más de cuatro décadas el panorama de la filosofía del derecho española y del pensamiento español e iberoamericano. Me refiero a Elías Díaz. Para mí, además de todo ello, era mi amigo y, ante todo, mi maestro -director de la tesis doctoral que realicé sobre Aranguren-. Siempre estaré en deuda con él por haberme despertado esta llamada o vocación iusfilosófica gracias a un excelente y siempre provocador magisterio en las aulas universitarias.

Elías Díaz, nacido en Santiago de la Puebla (Salamanca) en 1934, fue catedrático de Filosofía del Derecho -en su últimos años, jubilado y emérito vitalicio- en la Universidad Autónoma de Madrid. Además, fue nombrado socio de Honor de la Asociación de Hispanismo Filosófico, ejerció como director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales en España y fue director de la Revista Sistema (desde su fundación en 1973), vinculada al Partido Socialista Obrero Español.

En realidad, fueron muchos los premios y reconocimientos que fue cosechando Elías Díaz a lo largo de su vida. Entre otros, se podría recordar que en 1986 recibió el Premio Castilla y León de Ciencias Sociales y Comunicación, y en 2009 obtuvo el Premio internacional de ensayo Caballero Bonald por su obra De la Institución a la Constitución. Política y cultura en la España del siglo XX. También fue doctor honoris causa por la Universidad Carlos III, la Universidad de Milán, la Universidad de Granada y la Universidad de Alicante. Sin embargo, creo que el mayor premio que se le concedió en vida fue el de crear una familia formada por Maite, su querida y admirada esposa, y sus dos hijos varones, Miguel y Pablo, los cuales siempre fueron el motor de su existencia.

Recordaba en estos días la reseña que escribí para la Revista de Hispanismo Filosófico. Historia del Pensamiento Iberoamericano del libro titulado Elías Diaz. Autobiografía en fragmentos. Conversación jurídico-política con Bejamín Rivaya, editado por Trotta en 2018, una obra que relata de una manera clara y bien documentada lo que fue su trayectoria de pensamiento y vital. Allí uno puede descubrir el ambiente familiar en el que creció Elías Díaz.

Sus primeros años de vida transcurrieron en Salamanca durante la década de los cuarenta dentro de un ambiente que él mismo recordaba “como algo sumamente estrecho, cerrado y opresivo desde casi todos los órdenes y puntos de vista social, político, religioso y cultural”. Sería ese profundo sentimiento de justicia el que precisamente provocaría que se matriculara en la Facultad de Derecho, convencido de que el Derecho formaba parte del universo de las Ciencias Sociales y, por tanto, no resultaba posible un estudio aislado de la disciplina jurídica, sentimiento que, por cierto, nunca abandonaría. De hecho, Elías Díaz asistiría durante esos años de formación jurídica también a cursos de Filosofía y a sesiones de literatura, cine, teatro, etc. Durante esta primera etapa intelectual, destaca la huella tan profunda que dejarían en él profesores como Enrique Tierno Galván (Derecho Político) o Joaquín Ruiz-Giménez quien se incorporó a la cátedra de Filosofía del Derecho de la Universidad de Salamanca tras haber sido destituido por Franco como ministro a causa de los sucesos protagonizados por estudiantes y personas del mundo de la cultura, los cuales culminaron de una forma simbólica en la crisis de febrero de 1956.

La relación entre ambos se tradujo pronto en una colaboración estrecha en el ámbito académico y en la continuada participación en el tiempo de Elías Díaz en la Revista Cuadernos para el Diálogo desde su inicio, en 1963, hasta su desaparición, en 1976. De la mano de Ruiz-Giménez pudo adentrarse Elías Díaz desde muy pronto en el iusnaturalismo ontológico desde Aristóteles, pasando por Santo Tomás de Aquino hasta llegar a la escuela de Salamanca de los siglos XVI y XVII.

Sin embargo, esta inmersión en el iusnaturalismo ortodoxo le hizo casi más consciente de su distanciamiento intelectual hacia estas posiciones y, en consecuencia, contribuyó a que se mostrara proclive y con muchas más simpatías y empatías hacia el periodo de la Ilustración del siglo XVIII en donde el iusnaturalismo cobraba, sin lugar a duda, un carácter diferente de tipo deontológico.

Elías Díaz recordaba con nostalgia y siempre con una sonrisa en los labios sus años en el Colegio Mayor “César Carlos”, que transcurrió desde 1958 hasta 1965, donde pudo coincidir con muchos jóvenes que luego serían personalidades de la vida pública conformándose –añadía con agudeza e ironía- más que una “minoría dirigente”, una “minoría disidente”. Durante este periodo en Madrid tomo contactó personal también con el profesor José Luis L. Aranguren, gracias al cual conoció doctrinas novedosas para la época como el neopositivismo anglosajón y la filosofía ética, así como le permitió tener acceso a personajes tan destacados como Javier Muguerza, Luis García San Miguel, Jesús Aguirre o Pedro Cerezo, con los que vería nacer una sólida relación de amistad y fructífera colaboración intelectual.

También gozan de interés estancias investigadoras que realizó fuera de España. En el ámbito europeo, destacan sus periodos de realización de la tesis doctoral en la Universidad de Bolonia (1959-1960) –donde descubrió la “libertad europea”-, los fructíferos y provechosos semestres en las Universidades de Friburgo de Brisgovia y Múnich en 1961-1962, Berlín, etc. Poco a poco, se puede decir que Elías Díaz fue construyendo un pensamiento trabado, profundo, desligado del iusnaturalismo teológico y del positivismo formalista-cientifista, configurando en su lugar una singular y casi diría “personal” Filosofía del Derecho y del Estado.

Su primera obra publicada marcaría un antes y un después en el ámbito jurídico, social y político: Estado de Derecho y sociedad democrática (1966). Como bien ha exclamado Rivaya, ¡Todo un clásico! Esta obra fue secuestrada por el gobierno del régimen franquista y después autorizada por el Tribunal de Orden Público. Como el propio Elías Díaz reconocería: “podría decirse que el Estado de Derecho es –pretende ser- la institucionalización jurídica de la democracia política (y ética), la conversión y concreción de la legitimidad democrática en sistema de legalidad”.

Unos años después publicaría otra gran obra Sociología y Filosofía del Derecho (1971) que tuvo también enorme reconocimiento y eco hasta el punto de convertirse en un libro de texto habitual en la mayoría de las Facultades de Derecho. Verdaderamente, en este libro Elías Díaz no puede disimular la influencia que en su Filosofía del Derecho tuvieron autores extranjeros como Hans Kelsen y Norberto Bobbio además de Herbert L.A. Hart. Por no hablar también de la indudable importancia que cobraría para él la perspectiva sociológica, y con ello la influencia de autores como Renato Treves y Vincenzo Ferrari, así como de la trascendencia que tuvo en este ámbito su estancia norteamericana en la Universidad de Pittsburgh (1969-1970) de la que guardaba tan buenos recuerdos.

Y dentro del panorama español, no se puede pasar por alto tampoco el influjo de Legaz y, en especial, de González Vicén y Recasens, al ser considerados como los tres filósofos del derecho más importantes del siglo XX, desde los años treinta, sin olvidar antes, por supuesto, en su primera mitad, a juristas como Rafael Altamira, Luis Jiménez de Asúa, Adolfo Posada o Fernando de los Ríos en discipulado de Francisco Giner de los Ríos o Gumersindo de Azcárate.

En 1974 Elías Díaz obtuvo, no sin grandes dificultades, la plaza de catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Oviedo, en una oposición que, a su modo de ver, anticipaba el fin de la dictadura dentro de un clima de oposición política al régimen franquista pero también de intensas y duras oposiciones académicas. Esta complicada etapa va unida a la figura temible y temida de Francisco Elías de Tejada y Spínola de la que daba siempre buena cuenta Elías Díaz cuando se le preguntaba sobre ello.

También fueron para él importantes los dos años que este ilustre salmantino pasó en la Facultad de Derecho de Oviedo, periodo que le posibilitó convertir en excelentes amigos a insignes colegas como Gustavo Bueno, Julio González Campos, Gerardo Turiel, José María Laso o Manuel Atienza, entre otros. Como él mismo reconocería abiertamente, es durante estos años cuando tomó contacto y conoció mejor el socialismo obrero puesto que hasta esa fecha había tenido relación sobre todo con socialistas universitarios, intelectuales, profesionales públicos o privados.

Su última etapa de pensamiento se encontró vinculada al periodo que le gustaba denominar “de la reconstrucción de la razón en el Estado social y democrático de Derecho”. Son los años que transcurren, tras el periodo de dos años en la Universidad de Oviedo (1974-1976), ejerciendo de catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. Elías Díaz vivió de una forma intensa, con grandes expectativas, el periodo de la transición a la democracia y la aprobación de la Constitución de 1978, años en los que Gregorio Peces-Barba, uno de los padres de nuestro texto constitucional, se convirtió en un referente en el plano personal y estrecho colega en el ámbito académico e intelectual.

Durante la etapa de la transición a la democracia, Elías Díaz publicaría gran número de ensayos y monografías sobre cuestiones relacionadas con el pensamiento jurídico-político en los que abordó sin disimulos una crítica de las teorías de la maldad (democrática) estatal, una afirmación de la soberanía popular y de las relaciones de fondo entre la ética y la política. De hecho, de este periodo son ineludibles dos obras, si es que queremos entender de una forma integral su pensamiento: De la maldad estatal y la soberanía popular (1984) y Ética contra política. Los intelectuales y el poder (1990), caracterizado ahora por la estrecha conexión existente entre la ética, la política y el derecho.

Tanto de estas obras como de otros tantos trabajos publicados, junto a una manera ejemplar de vivir, siempre en coherencia consigo mismo, sin duda, se deduce, siguiendo la terminología de su admirado Max Weber, que Elías Díaz logró esculpir en vida su figura de insigne pensador “ético de principios consecuentemente responsable”.

Cristina Hermida

Catedrática de Filosofía del Derecho

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