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TRIBUNA

La roca

Juan José Vijuesca
miércoles 12 de febrero de 2025, 19:56h

Hoy toca una de misterio y supervivencia. A decir de los que controlan el espacio sideral, una de esas rocas que campan a sus anchas puede que nos caiga encima. Recuerdo la última vez que ocurrió algo parecido. La cosa resultó decepcionante. Al parecer, el supuesto meteorito no encontró aparcamiento y cambió de idea.

El planeta Tierra se ha puesto imposible y no lo digo por ir de sobrado, pero es que hay días que los de arriba parecen gozar con lo de tirarnos piedras para ponernos nerviosos a los de abajo. El caso es mandarnos al carajo y tener al personal bajo el miedo permanente. Un pueblo asustado es fácil de manejar. Como digo, los expertos en cosas del más allá han detectado un asteroide dispuesto a visitar la Tierra con el propósito de darnos matarile. Algo similar a lo sucedido con los dinosaurios de aquel entonces y que a día de hoy ningún animalista ha rendido cuentas por ello.

Se barajan lugares donde podría impactar el susodicho pedrusco. Da igual que lo haga en Villasandez de las Coníferas que en la Polinesia profunda; de ser ese nuestro destino, lo será para bien y para mal, pues estas rocas viajan sin miramiento alguno. Pero no se preocupen en exceso, la parte buena es que la clase política de baja tempura también está incluida en el lote.

Nosotros, los actuales Homo sapiens, estamos en permanente riesgo de extinción, a diferencia del lobo disfrazado de bueno, por cierto, gran matarife de ovejas churras, o el mismísimo puerco jabalí. Curiosamente, ambas especies con más derechos a la vida que los seres humanos a los que no permiten nacer. A resultas de ello se han convertido en los reyes del mambo de nuestros bosques e incluso de las playas, gracias a los ecologistas coñazo dedicados a dar el ídem. De todas formas, las playas tampoco son lo que eran. Puedes sentarte en la orilla con los pies al remojo y, con suerte, te muerde la tibia un jabalí que surfea sobre aguas costeras como si tal cosa.

El mamífero montañés de hoy en día nada y practica el bodyboard mejor que el agente 007. Según me cuentan, uno de estos puercos hembras fue visto saliendo del agua al estilo de la espectacular Halle Berry en aquella película de James Bond “Muere otro día”, ya saben, chica con bikini naranja y en estado de perla cultivada en playa jamaicana. Raro comportamiento el de este bicho que, a pesar de su baño mediterráneo, sigue siendo un marrano.

Llegado a estas alturas del artículo, tengo la impresión de haber perdido el control del asteroide, que es la pieza angular de nuestro porvenir. Continúo con ello. Cada determinado tiempo, los títeres que velan por nuestro bienestar sacan algún fin del mundo o similar para tener entretenido al personal mediante hipnosis colectiva. Bien sea creando pánico coyuntural o subiendo los precios de la cesta de la compra, que es otra de las fórmulas para crear alarma social.

La amenaza del 2024 YR4, que así han bautizado a este cuerpo espacial, impactaría en nuestro planeta el día 22 de diciembre de 2032. Lo que no han precisado es la hora exacta, cosa que sería de agradecer por aquello de cancelar alguna cita con la Seguridad Social que, como ya sabemos, las demoras para ciertas atenciones médicas son de larga espera. Y si de infortunio hablamos, el colmo de la desdicha para aquellos agraciados con el gordo de la lotería de Navidad, que ya es de traca para una vez que toca cuando el asteroide choca. Para que luego digan que la suerte, para encontrarla, hay que buscarla. Memeces y ganas de enturbiar mentes con histriónicas jaculatorias.

Tengo en mi haber varios fines del mundo. Ninguno de ellos ha colmado mis expectativas; ahora bien, no conviene desdeñar lo verosímil de alguna de estas perturbadoras visiones de la ciencia astronómica. Toda civilización siempre se creyó inmortal. Y estoy convencido de que los romanos de los años 200 a 250 d. C. no podían imaginar, exceptuando a sus profetas, que, algunos siglos más tarde, se visitarían las ruinas de lo que fue su inmenso y brillante imperio.

A lo mejor, todo esto y en el fondo, resulta un mensaje de esperanza. Salgamos de la osada costumbre de creernos inmortales y huyamos de la conspiración del mal. Tal vez por añadidura al destino me debo, ¿pero quién soy yo para inventar futuro, cuando ni del presente soy dueño?

Por si acaso, el día 22 de diciembre del 2032 un servidor se lo tomará de asuntos propios. Ustedes verán, porque esto de la supervivencia es algo muy personal.

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