www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Tres lecciones que aprendió Putin y fascinan a Trump

viernes 21 de febrero de 2025, 20:14h

La expresión “realismo” entendida desde una actitud geoestratégica depende de la perspectiva y del plazo en que se pueda mantener la actitud. Se es realista respecto de una situación temporal. La perspectiva histórica es geoestratégica. En la circunstancia de la sociedad global se refiere a la disputa sobre quién manda en el mundo. Es realista entender que el que manda, impone y el que no manda, obedece de grado o por fuerza. Es realista porque traduce la estructura de casi toda relación humana. Quien nace desvalido obedece a la madre que le amamanta. Quien retrasa la vejez obedece al médico. Embriagado Trump por los efluvios dionisíacos de un poder político limitado al corto plazo, está convencido de que su política es realista. Es corto de miras y le falta profundidad para ver más allá de sus narices. Su realismo tendría más horizonte si se mirara con anteojos de largo alcance y no con gafas sobre los ojos.

En toda situación geoestratégica el que busca la preponderancia tiene una historia, un pasado, un compromiso consigo mismo y con los demás. No es realista quebrantarlo porque, al hacerlo, se pudre pronto el criterio que respalda el ejercicio de la autoridad. Esta perspectiva es la que no ven o pierden de vista quienes se creen realistas por el mero hecho de disponer de fuerza para mandar. El matonismo personal o social, no es realista. Sopesa la fuerza bruta, pero la condición humana no es la del bruto y la fuerza está ligada a la intelección. Imponer el mando a la fuerza no es consistente a largo plazo con las condiciones que llevan a que los mandados aprecien o deprecien el ejercicio del mando. El padre de familia no es el matón de la familia, es el que asegura la estabilidad familiar, es su baluarte. Y nada indica que tenga que ser predicado en femenino, masculino o en ambos géneros gramaticales a la vez.

Europa y Estados Unidos no han estado a la altura de la circunstancia durante mucho tiempo. Se abonaron al progresismo. Fascinados por la quejumbre ecologista y el neofeminismo, adoptaron la alegre y vaporosa condición de las cigarras que Platón cuenta en el diálogo Fedro: se olvidaron de comer y beber hasta morir desfallecidas por su propio canto. Hay motivos para comprender la alianza de un realista cortoplacista como Trump con un realista de trazo más largo como Putin. Se comprende mejor lo que les une cuando se asume que Putin no es comunista, es realista. Quien arguya que es comunista y no otra cosa, se engaña a sí mismo o busca engañar a los demás, lo cual tampoco es provechoso para el engañabobos ni impide que el realismo de Putin no haya aprovechado muchas cosas del comunismo. Las practica para reconstruir un imperio pasado, no un espejismo futuro.

La primera aprendida por Putin es que la lucha de clases fue una quimera evanescente como el progresismo, el neofeminismo y el woke. Como Putin sabe que nunca hubo una clase proletaria universal digna de ese nombre, se apresuró a sustituirla por una economía de mercado productiva pero controlada por el partido único putiniano, como hicieron las dictaduras franquista y chilena antes que él y como China, obviamente más capitalista que comunista, a la par que él. Esto muestra que, cuando se tiene talante de dictador, los extremistas de la derecha y de la izquierda se las apañan bien para abrazarse estrechando el semicírculo hasta que los extremos puedan besarse.

La segunda cosa que aprendió del comunismo es que, si la historia no es predecible como creyó Marx al confiar al futuro la victoria de un proletariado imaginario, la historia es gobernable por el que tiene el mando del timón. Dejar de ser comunista no invalida los métodos repugnantes para retener el poder que inventó el comunismo. Si Putin los usa sin escrúpulo, tampoco hay que sorprenderse de que un corto de miras como Trump recurra a los de Putin. ¿Por qué hay que sorprenderse ahora cuando no nos hemos sorprendido antes de que Biden fomentase el ideologismo nihilista que debilitaba a ojos vistas la moral y la capacidad de autodefensa norteamericana? Lo mismo hizo la cigarra europea. Debieron haber parado la sangría progresista al menos para poder reforzar la democracia ante los nuevos pretendientes a dominar el mundo. En lugar de hacerlo, debilitaron su fortaleza moral, su capacidad defensiva y su producción intelectual.

Trump sufre la ebriedad que desasosiega el alma cuando se deja deslumbrar por el poder que almacena. No puede extrañar que se empache de un Putin contagiado por la misma pasión. Trump parece ignorar que pertenece a una cultura democrática y que su borrachera dionisíaca es efímera. O tal vez porque sepa que es pasajera marcha tan aceleradamente que no puede entender el sinsentido de su aventura a medio plazo. Cabe suponer que la estructura de poder democrático de frenos y contra frenos, de jueces independientes y calendarios electorales acabará con él antes que los rusos con Putin. Y, entonces ¿qué? El qué es el porvenir de la democracia en el mundo, no la ebriedad patriótica de Trump, sino los valores democráticos occidentales.

Y aquí la tercera lección que la era soviética suministró a Putin: la capacidad para infiltrarse y clonar sus intereses dentro del recinto enemigo. Los soviéticos tenían su caballo de Troya que mermaba a las democracias liberales. Partidos comunistas e intelectuales marxistas ayudaban a desarmarse ante el rival soviético en la guerra fría como hacen ahora el progresismo y el patriotismo unidos. Contra ese desarme reaccionan Trump y Putin, lo que también les une. Al ser tirado el muro de Berlín–¡por favor, no se cayó, lo derrumbaron!– fue sustituido por el progresismo, esa palabra que no se cae de la boca a Sánchez y a sus contertulios del gobierno. Es lo que liga a la extrema izquierda, que mira a Putin, con la extrema derecha que lo imita. Es el realismo patriótico que busca el poder por el señuelo del poder sin disimular en España que los extremos se abrazan para evitar que pueda producirse un recambio democrático si antes no se aseguran de que el timón sigue o queda en sus manos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios