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TRIBUNA

Complejo de Antifausto

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
viernes 28 de febrero de 2025, 19:31h

Cuando San Agustín estaba ya considerado como el mejor orador del Imperio Romano, y pronunciaba los elogios fúnebres de los emperadores que fallecían, se inscribió en la catequesis de los maniqueos. Iba buscando la Verdad allí donde sospechase que pudiera encontrarla. No tuvo empacho en sentarse con los niños como alumno, aunque hacía de vez en cuando alguna pregunta al catequista. Este respondía siempre lo mismo. No soy capaz de responderte. Cuando venga a Milán nuestro Obispo itinerante Fausto, él te aclarará todo.

Cuando por fin llegó Fausto, San Agustín le presentó su lista de dudas. Pero Fausto reconoció con total sinceridad y honradez intelectual que tampoco él se las podía aclarar. En vez de sentirse defraudado, San Agustín admiró y alabó esta respuesta de Fausto. Le dedicó el mejor elogio que quizá pueda hacerse de la inteligencia de alguien: No era tan ignorante que ignorase su propia ignorancia.

Antifausto podría ser la palabra adecuada para caracterizar a muchos intelectuales o científicos de nuestra época. Antifausto ignora su propia ignorancia. A mi juicio, la gran paradoja de nuestra época consiste en disponer de la inteligencia artificial IA, que ha sido posible gracias al cálculo lógico descubierto por Frege y Peano, y al mismo tiempo ignorar que ese mismo cálculo ha rehabilitado el argumento ontológico o directo sobre la existencia de Dios.

En efecto. Nada más espectacular que los recientes avances de la IA. Un pariente mío, que maneja muy bien el mundo mal llamado digital, me insistía en usar IA para traducir al inglés mi “Curso Completo sobre Valores Humanos”. Son 529 páginas con bastantes fórmulas lógicas. Su insistencia acabó por prevalecer sobre mi inicial desconfianza. Hemos hecho conjuntamente el trabajo y el libro ya está disponible en Amazon, en español y en inglés. Se ahorra mucho dinero. Un traductor profesional pedía diez veces más de lo que ha costado la traducción por IA, Sólo eso ya promete un róseo porvenir para esta formidable y nueva herramienta intelectual.

Pero al mismo tiempo saltan a la vista las carencias de IA. Siempre será tonta. Nunca resolverá problemas imprevistos. Nunca tomará decisiones por sí misma. Y además carece de sentido del humor. Una expresión que sale con frecuencia en el texto español es espíritu pensante v volente. IA lo ha traducido por thinking and flying spirit.

La palabra volente no figura en el Diccionario de la RAE, que es probablemente el que se ha vertido en el programa IA. Yo la utilizo en vez de volición, término que sí está en el Diccionario RAE. Volente forma un discutible pero mnemotécnico pareado con pensante. Con todo, lo más que ha conseguido IA ha sido encontrar la palabra más parecida fonéticamente, y ha dado con volante.

Queda claro que IA es incapaz de distinguir entre volente y volante, a menos que haya sido programada para ello. Si IA hubiera sido de verdad inteligente, se habría dado cuenta de que el adjetivo inglés volitional aparece en Diccionario de la Oxford University, que probablemente también ha sido volcado en el programa IA. Jamás IA será capaz de percibir la relación entre volente en español y volitional en inglés, a menos que haya sido programada para ello.

No dudo de que este detalle, y otros muchos que sin duda aportarán los usuarios de traducciones por IA, hará que en el futuro los programas sean más poderosos y no incurran es estos risibles errores. Pero sólo podrán ser detectados y corregidos por los programadores. Nunca por la IA como tal.

Así pues, las traducciones por IA nunca serán fiables al 100%. Siempre habrá que revisarlas. Pero indiscutiblemente ahorran lo más grueso y antipático del trabajo de traducción. En mi experiencia, diría que IA hizo el 90% de la tarea. Quizá en el futuro se llegue al 95% o más. Pero no por eso la IA dejará de ser tonta y pensará por sí misma. Nunca dará de sí más de lo que previamente hayan metido en ella sus programadores.

En cambio, en el lado positivo hay que resaltar el excelente inglés del programa IA que hemos usado. Por ejemplo, la castiza expresión española por las buenas o por las malas es traducida por la no menos castiza versión inglesa by hook or by crook. Sólo un consumado bilingüe llega a ese nivel.

Ignorar las limitaciones de la IA es sin duda un buen motivo para volver al hecho de la gran paradoja de nuestro tiempo. En el ambiente no se observa más que entusiasmo alocado por las posibilidades de la IA y desconocimiento supino de sus obvias carencias. Sin embargo, y como antes dicho, mi atención se centra sobre todo en la incapacidad de nuestra actual clase intelectual para reconocer y admitir que formalización de la lógica por Frege y Peano ha rehabilitado el argumento de San Anselmo sobre la existencia de Dios, lo mismo que ha hecho posibles las hazañas de la IA. Ambas realidades debieran suscitar el mismo interés de los intelectuales..

Por supuesto, esta rehabilitación no puede hacerse en la rudimentaria manera en que expuso San Anselmo su argumento. Ni siquiera en las más elaboradas formulaciones de Descartes o Leibniz. Hay que enunciarlo mediante el moderno cálculo lógico. He tratado de exponer este tema en tres artículos en El Imparcial: “Iter del argumento ontológico” (17/09/24), “Deber-ser y poder-ser” (06/01/25) y “Lógica modal” (28/01/25).

Comprendo la instintiva alergia de ateos y agnósticos a la lógica formalizada moderna. Es muy peligrosa para ellos. Los medievales hablaban de ignorantia affectata. Una apresurada interpretación nos llevaría a pensar en alguien, que sabe algo pero simula no saberlo, porque así le conviene por alguna ventaja que espera obtener. No se trata de eso, sino de no querer en absoluto estudiar algo. Es una ignorancia deliberadamente querida y deseada. Me niego a estudiar determinado tema, porque me huelo que ello implicaría poner en peligro mis más amadas y arraigadas convicciones, a las que jamás estaré dispuesto a renunciar. Repito, se comprende que ateos y gnósticos sean alérgicos a la lógica moderna y formalizada. Más que de complejo de Antifausto se trata de ignorantia affectata.

Más difícil de entender es que tantos intelectuales creyentes caigan de lleno en el complejo de Antifausto, por llamarlo así. No estudian lógica formalizada moderna por mera pereza intelectual. O quizá por simple inercia mental. Lo mismo que alguien torpe para las matemáticas cierra con horror un libro titulado “Ecuaciones diferenciales” o “Teoría de campos”. En todo caso, no parecen ser conscientes del grave vacío intelectual que padecen.

No citaré nombres ni títulos. Pero hay multitud de libros y artículos, escritos por personas cuya fe sincera y competencia profesional no ofrece dudas, y sin embargo jamás mencionan la formalización de la lógica, a pesar de que tratan asuntos del mayor calado filosófico. Sólo puedo explicarlo por el complejo de Antifausto. Incapacidad para medir el formidable impacto en el pensamiento y el lenguaje de la actual revolución digital. Quizá sea por falta de perspectiva para apreciar el tamaño de tan capital acontecimiento. Lo están viviendo, pero no ven bien lo que tienen demasiado cerca.

Lo que cabría esperar de esos intelectuales y científicos creyentes es un mínimo de interés por valorar las posibilidades de reconstruir el pensamiento filosófico con la ayuda del cálculo descubierto por Frege y Peano. Igual que se han interesado por las asombrosas conquistas de la IA, la misma curiosidad al menos sería esperable para el crucial argumento a priori de la existencia de Dios.

En conclusión, el ideal sería que intelectuales y científicos creyentes imitasen la ejemplar conducta de San Agustín, que buscaba la Verdad sentado con los niños que asistían a la catequesis de los maniqueos. O por lo menos tomasen nota de la honestidad intelectual de Fausto, que no ignoraba su propia ignorancia.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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